Extraoficial
Taltavull tienta a la exconsellera Cirer con un cargo en el Obispado
La exconsellera de Asuntos sociales, que salió rebotada del Govern y está en el paro, negocia su posible fichaje en la diócesis de Mallorca

El obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, y la exconsellera Catalina Cirer / B. Ramon/M. Mielniezuk
El desconsuelo de Catalina Cirer tras su salida forzosa del Govern de Marga Prohens -«no me esperaba que los míos me hicieran esto», continúa esparciendo a los que quieren escucharla- puede que tenga pronto un final feliz. La exconsellera de Asuntos Sociales negocia su fichaje en el Obispado. Fuentes próximas a Cirer y otras eclesiásticas admiten el tanteo, aunque no sueltan prenda sobre el puesto concreto que podría ocupar la veterana del PP balear. Hay quien habla de un cargo de responsabilidad en Càritas diocesana; otras voces apuntan a una plaza en el organigrama de la curia más de índole relaciones públicas.
A Sebastià Taltavull le gusta y encaja el perfil de Cirer, y no solo por su catolicismo practicante. La exconsellera divulga que no aceptó que el Consolat le impusiera a un polícia nacional como director general de Inmigración para endurecer el discurso, lo cual casa con la cruzada del obispo de Mallorca a favor del respeto por los inmigrantes y los más vulnerables. Con postulados tan coincidentes, Taltavull y Cirer podrían cruzar pronto sus caminos. «El obispo no es ningún tonto, Catalina sería un buen fichaje», profundiza una allegada de la expolítica popular al tanto de los contactos. Aunque no desconfiemos que la idea provenga de una cabeza amueblada de sacristía, que alguna queda.
Tras ser también destituida del Govern, la ex directora general de Cooperación e Inmigración, Cati Albertí, ya fue recolocada por Taltavull en su anterior trabajo como responsable de las misiones. En la posible contratación ahora de Cirer, Albertí juega un papel destacado; el ecónomo de la diócesis, Miquel Noguera, está haciendo cuentas. Por supuesto, Gabriel Cañellas ha dado su nihil obstat.
Después de 32 años de una vasta carrera política, a Cirer le ha dolido mucho que los suyos la retiraran con 63 años. Parece que ha llegado a un acuerdo con la entidad bancaria en la que trabajó en algún momento pero no ha llegado a tener la prejubilación deseada, por lo que la también exalcaldesa de Palma anda día sí y día también probando los sinsabores del SEPE, las engorrosas solicitudes de cita previa y demás trámites del paro.
En el otro lado no ven las cosas igual, claro está. El «desbarajuste» que ha encontrado Sandra Fernández en la Conselleria es mayúsculo, por lo que se ve. En su fuero interno la nueva consellera asentía el otro día cuando el socialista Iago Negueruela aseveró que su plan de choque para las listas de Dependencia es «una enmienda a los dos años» de gestión de Cirer. Y eso que a Negueruela le cae bien «porque es la única democristiana del PP».
Catalina Cirer quedó sentenciada el pasado enero. La entonces consellera suspendió el primer examen del año ante Prohens. «Así no vamos», coincidieron la presidenta y el resto de consolateros tras cerrar la puerta. A Cirer se le dio un toque para que espabilara a su equipo, pero la posterior falta de resultados desembocó en julio en su cese vestido de diplomacia. Si finalmente Taltavull la repesca, otra puya del obispo a Prohens. Estos dos no hay modo de que congenien; en el Consolat solo se preguntan a qué espera el Vaticano para finiquitarle.
Hablando de esas pruebas a las que somete Prohens a sus altos cargos periódicamente, en la última evaluación tampoco aprobaron a la primera Juan Manuel Lafuente ni José Luis Mateo. La presidenta les suspendió los días 3 y 8 de septiembre, respectivamente. «¿Esto cómo está? Necesito más detalles» o «me lo tenéis que dar más mascado» tuvieron que escuchar por boca de Prohens ambos consellers , tragando saliva. Unos días más tarde les hizo volver, a ellos y a sus directores generales. De momento Mateo y Lafuente siguen, pero que no se despisten.
En este último cuatrimestre, la alumna aventajada se llama Cati Cabrer. La nueva consellera de Trabajo encandila en el Passeig Sagrera, donde se la define como «muy curranta». La caída ayer de su director general del SOIB, Ismael Alonso, estaba más que cantada. Tras salir escaldado de Educación, y como ya le ocurrió al ex director general de Función Pública, Antoni Mesquida, algunos no están hechos para seguir los ritmos de trabajo que impone Cabrer. Esta es la realidad resumida sobre las últimas dimisiones, que el vicepresidente Antoni Costa enmascara oficialmente con el cansino «motivos personales». Al final, sin ensuciarse las manos, la consellera Cabrer ha terminado por decidir su team.
Por cierto, ayer se retiró Pep Aloy de Turismo -el único que de verdad se va por motivos personales y comprensibles-, y vuelven las voces en el PP que susurran que el siguiente portazo lo dará Marcial Rodríguez. El conseller de Turismo de Mallorca anda repitiendo que está harto y quiere dejarlo. Solo que esta vez, más enfurruñado y con mayor vehemencia que de costumbre.
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