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ENTREVISTA

Reyes Rigo, la integrante mallorquina de la Flotilla que fue retenida durante diez días en Israel: "Necesitaban fabricar un enemigo y convertirme en un ejemplo"

Fue la última española deportada tras la intercepción de la Global Sumud Flotilla. Semanas después de regresar a casa, responde por escrito a Diario de Mallorca —sin posibilidad de repregunta— para relatar cómo vivió la detención, el juicio y su regreso tras una experiencia extrema.

La mallorquina Reyes Rigo tras aterrizar en el aeropuerto de Madrid.

La mallorquina Reyes Rigo tras aterrizar en el aeropuerto de Madrid. / EP/EFE

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

PREGUNTA: ¿Cómo se encuentra después de todo lo vivido en estas semanas tan intensas?

RESPUESTA: Estoy recuperándome, pero con la convicción de que valió la pena. Lo mío ha sido una anécdota comparada con lo que sufren miles de palestinas y palestinos que siguen encarcelados, torturados, sin juicio ni garantías.

¿Qué le llevó a embarcarse en la Flotilla? ¿Qué le movía por dentro cuando decidió participar?

En junio ya estuve en el Cairo con la Global March to Gaza. Como no pudimos llegar por tierra el paso de Rafah, donde se encuentra toda la ayuda humanitaria bloqueada. Lo intentamos por mar con la Global Sumud Flotilla. Lo hice hace motivada por la defensa de la libertad, por justicia, por dignidad y en rechazo al genocidio al que está sometido el pueblo palestino.

Cuando zarpó, ¿qué esperaban encontrar? ¿Era más una travesía simbólica, humanitaria o ambas cosas?

Ambas. No solo era la entrega de ayuda humanitaria; era un acto de resistencia y dignidad. La flotilla amplificaba esa fuerza: eran barcos de conciencia que desafiaban el silencio, el apartheid, el capitalismo opresor, y el encubrimiento global del genocidio palestino.

¿Cómo fueron esos días en el mar antes de ser interceptados? ¿Qué ambiente había a bordo?

Yo iba en el Adara, un velero de 24 metros. Estábamos siempre ocupadas. Había turnos de cocina, limpieza, mantenimiento, y cada día hacíamos una pequeña reunión o briefing para ponernos al día de la situación y de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Yo formaba parte del turno de cocina y, además, daba tratamientos de acupuntura a las compañeras y compañeros. Había un ambiente muy humano, de cooperación, compromiso, serenidad y propósito.

En algunos medios se dijo que la Flotilla “no llevaba nada”, o que no era realmente una misión humanitaria. ¿Cómo respondería a estas afirmaciones?

Es falso. Llevábamos ayuda humanitaria: alimentos y medicinas, pero sobre todo llevábamos dignidad y esperanza.

¿Qué imagen le gustaría que quedara en la memoria colectiva sobre lo que fue realmente esa travesía?

Que fue un acto de humanidad y de resistencia civil pacífica. Nuestra travesía no solo desafió el bloqueo: rompió el silencio internacional, puso a Palestina en el centro del debate global y demostró que la solidaridad puede mover al mundo.

¿Cómo fue el momento en que fueron interceptados por la Armada israelí?

Fue una operación violenta y completamente ilegal: estábamos en aguas internacionales a 70 millas náuticas de la costa de Gaza cuando nos rodearon varias embarcaciones militares, tiraban cañones de agua para desestabilizar las embarcaciones y asustarnos. Subieron armados, gritando, apuntándonos a la cabeza: tomaron mando de los barcos y nos llevaron al puerto de Ashdod.

¿Qué recuerda de las primeras horas de detención?

Desorientación, gritos, empujones. Nos desnudaron, nos registraron, nos robaron todas las pertenecías y nos metieron una cárcel de alta seguridad para terroristas. A las personas con enfermedades serias y crónicas les negaron la medicación. Decían que no había medicinas para los animales.

Fue víctima de una detención ilegal. Desde su experiencia, ¿cómo describiría el trato recibido y la sensación de no saber cuándo iba a poder salir?

Sí, fue una detención completamente ilegal. Todo lo que se me imputó fue falso. Me acusaron de haber mordido a una funcionaria, algo que nunca ocurrió. Necesitaban a alguien para demostrar que podían tratar como “terrorista” a una integrante de la flotilla. Durante la detención estuve tranquila. Sabía que en algún momento saldría y que lo mío no era nada comparado con lo que viven a diario miles de palestinos y palestinas encarcelados, sin juicio, torturados y sin ningún tipo de garantías.

¿Qué ocurrió realmente?

Nada de lo que alegaron. No hubo agresión: todo fue una construcción política. Necesitaban fabricar un enemigo y convertirme en ejemplo. En el tercer juicio, la fiscalía me propuso que, si me declaraba culpable de haber agredido y mordido a una funcionaria, me dejarían en libertad de inmediato. No acepté. Después de varias negociaciones entre mis abogados y la fiscalía, tuve que decir que, en defensa propia, pude haberle hecho un pequeño arañazo. Aun así, la multa que me impusieron no fue por eso, sino por los días que pasé en prisión. ¡¡Se cobraron mi encarcelamiento como si hubiera estado en un hotel de lujo!!. La Global Sumud Flotilla pagó la multa ese mismo día.

¿Qué pasó en aquella suerte de juicio al que fue sometida?

Fue una farsa judicial. Hubo 3 juicios, el primero sin representación legal y bajo amenazas de muerte. Los siguientes tuve a mis abogados. Cuando el juez pidió ver las pruebas, no había nada: el vídeo estaba recortado y no mostraba ninguna agresión, porque no la hubo. Con el tiempo he comprendido que aquel juicio no fue realmente por una supuesta agresión —porque nunca la hubo, ni pudieron demostrarla—, sino por una necesidad política. Desde el primer momento, cuando Ben Gvir -Ministro de Seguridad de Israel- anunció que nos tratarían como terroristas, ya estaba decidida la narrativa: necesitaban un ejemplo, una pieza que mostrar a su electorado para justificar la represión y reforzar su discurso de fuerza.

Fue la última española en ser liberada. ¿Cómo vivió esa espera final?

Con serenidad. Intuía que mucha gente fuera estaba moviéndose, y presionando para que me liberaran.

¿Qué sintió al saber que tanta gente se movilizaba por tu causa, incluso sin conocerte personalmente?

Gratitud y emoción. Miles de personas en todo el mundo se levantaron, presionaron, escribieron, salieron a las calles. En Mallorca las compañeras salieron a la calle y no pararon de movilizarse. Esa ola de solidaridad nos trajo de vuelta a mí y a los demás compañeros de la flotilla.

¿Ha sentido respaldo institucional, o cree que ha faltado una postura más clara por parte de las autoridades españolas?

Hubo gestiones consulares, pero no ha habido una postura política a la altura de lo ocurrido. El gobierno de España tendría que dar ejemplo y romper de verdad las relaciones con el estado genocida de Israel, aplicar sanciones efectivas y un embargo en toda regla no solo declaraciones por escrito. Además, debería denunciar ante la Corte Internacional de Justicia al gobierno israelí por haber secuestrado en aguas internacionales y encarcelado a 49 personas del estado español que participábamos en una misión civil y humanitaria.

Reyes Rigo y otros cinco activistas de la Flotilla regresan a España tras ser liberados en Israel

Lucía Feijoo Viera

¿Qué le gustaría que se entendiera sobre la causa de la Flotilla, más allá de los titulares o los prejuicios?

Que no somos aventureros ni una panda de hippies como nos han llamado. Somos personas que creemos en la justicia y en la libertad. La Global Sumud Flotilla fue una acción internacional sin precedentes, con personas de más de 80 países, cerca de 500 participantes y más de 80 barcos navegando con un mismo propósito: romper el bloqueo y denunciar el genocidio y la complicidad institucional. No fue la primera flotilla, ni será la última. Mientras exista el bloqueo, seguiremos navegando hasta que Palestina sea libre y soberana. La causa de Palestina es una causa universal.

¿Piensa seguir implicada en este tipo de acciones o ahora necesita un tiempo para procesar todo lo vivido?

Sí, naturalmente aún estoy integrando y procesando todo lo vivido, pero eso no significa pararse ni desmovilizarse. La lucha continúa, y seguiré denunciando y trabajando por la causa palestina. El proceso personal no detiene la lucha colectiva: al contrario, la fortalece.

¿Qué mensaje le gustaría dirigir a quienes sienten que 'no pueden hacer nada' ante lo que ocurre en Gaza?

Que siempre se puede hacer algo: informar, hablar, presionar, boicotear, movilizarse. La indiferencia también mata. Cada gesto cuenta, y la solidaridad internacional es un acto de resistencia. Que nadie se deje engañar por el llamado “plan de paz”: es una mentira que desde el primer día se ha roto. No hay paz cuando se bombardea, se ocupa y se encarcela a todo un pueblo. Me siento profundamente agradecida por haber compartido este viaje con tantas compañeras y compañeros comprometidos con la justicia y la dignidad del pueblo palestino. También con los miles, quizá millones de personas en todo el mundo que se movilizaron tras nuestra detención: familiares, amistades, colectivos y voces anónimas que pusieron presión, exigieron nuestra liberación y no dejaron que el silencio nos cubriera. Agradezco igualmente a las compañeras y compañeros de la flotilla, que tras regresar siguieron presionando para que me liberaran y me esperaron para regresar juntas a casa. En todas ellas y ellos reconozco la fuerza de la solidaridad que atraviesa fronteras y mantiene viva la esperanza de una Palestina Libre.

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