Son Llàtzer abre una Unidad de Ictus con cuatro camas monitorizadas y una sala de rehabilitación
El hospital inaugura este espacio después de más de 15 años de reivindicaciones de los sanitarios y duplica su capacidad de atención a pacientes neurológicos
El Migjorn concentra cerca de 550 pacientes potenciales de ictus al año, que serán atendidos en esta nueva unidad especializada

La sala de rehabilitación de la nueva Unidad de Ictus de Son Llàtzer. / CAIB

Son Llàtzer cuenta por fin con una Unidad de Ictus después de más de 15 años de reivindicaciones por parte del personal sanitario. Este nuevo espacio, que duplica la capacidad asistencial del centro en este tipo de patologías, incorpora cuatro camas monitorizadas y una sala de rehabilitación diseñada para que los pacientes empiecen a recuperar funciones desde las primeras horas del ingreso.
La consellera de Salud, Manuela García, visitó ayer las instalaciones, que han supuesto una inversión de más de 80.000 euros. La responsable recordó que hasta ahora el hospital atendía los casos en espacios compartidos con otras patologías neurológicas, y que con las cuatro nuevas camas de Son Llàtzer y las ocho de Son Espases, Baleares alcanza por primera vez la ratio recomendada por la Sociedad Española de Neurología, con una cama de ictus por cada 100.000 habitantes.

Las camas monitorizadas de la Unidad de Ictus en Son Llàtzer. / CAIB
Unos 550 pacientes potenciales al año
El ictus (o accidente cerebrovascular) es la segunda causa de muerte en España y la primera de discapacidad en Europa. Desde la Conselleria calculan que el sector sanitario de Migjorn concentra cerca de 550 pacientes potenciales de ictus al año, que serán atendidos en esta nueva unidad especializada.
«Vivimos más años y eso implica más enfermedades vasculares, pero también vemos ictus en gente cada vez más joven», explicó el neurólogo Antoni Figuerola, uno de los responsables de la unidad. Entre los factores de riesgo, señaló el consumo de drogas como la cocaína, los hábitos de alimentación o los ultraprocesados: «La forma de vida ha cambiado mucho: comemos más sal, más azúcar, más productos procesados. Todo eso pasa factura a las arterias».
La nueva unidad de Son Llàtzer está ubicada en la planta H4B y cuenta con monitorización multiparámetro (se vigila la frecuencia cardiaca, presión arterial, saturación de oxígeno o escalas neurológicas), además de la vigilancia continua de las enfermeras. La idea es que los pacientes permanezcan en observación intensiva unas 48 horas, el periodo más crítico tras un ictus. El neurólogo explicó que el objetivo es detectar de forma precoz cualquier complicación: «Si un paciente tiene fiebre, sube la glucosa o la tensión se dispara, empeora el pronóstico. Con esta monitorización constante podemos reaccionar antes», detalló Figuerola.
El equipo lo forman neurólogos, enfermería especializada, fisioterapeutas, logopedas, terapeutas ocupacionales, psicólogos y trabajadores sociales, además del apoyo de radiología, urgencias y medicina interna. La doctora Carmen Buen, jefa de servicio de Rehabilitación, subrayó que «la clave es la coordinación» entre todos los profesionales para atender al paciente: «Hemos integrado el trabajo del equipo de neurorrehabilitación en la propia unidad de ictus, que es como debe hacerse en la fase aguda».

El equipo de la nueva Unidad de Ictus de Son Llàtzer ayer en la inauguración, con los responsables de la conselleria de Salud. / CAIB
Rehabilitación temprana
Una de las novedades es precisamente el espacio contiguo de rehabilitación temprana, una sala equipada con material terapéutico y zonas adaptadas para el trabajo motor y funcional. Allí, los pacientes comienzan los ejercicios de recuperación casi de inmediato, en cuanto la situación clínica lo permite. «Cuanto antes se empiece, mejor se recupera», resume Buen: «Este gimnasio sirve para trabajar la movilidad o la coordinación». Después del alta hospitalaria pueden seguir el tratamiento de manera ambulatoria en la misma sala.
Según la Conselleria, más de dos tercios de los pacientes recuperan su independencia funcional a los tres meses gracias a la rapidez del tratamiento. En Son Llàtzer, el tiempo medio desde el inicio de los síntomas hasta la atención es de 91 minutos, y el inicio del tratamiento se sitúa en torno a los 28 minutos tras la llegada al centro.
También recuerdan que la presencia de neurólogos de guardia las 24 horas del día, los 365 días del año, ha permitido reducir los tiempos de diagnóstico y aumentar los tratamientos de reperfusión, como la trombólisis o la terapia endovascular. La consellera subrayó que el ictus es una enfermedad tiempo-dependiente, y por tanto cuanto antes se actúe, más probabilidades hay de salvar tejido cerebral y evitar secuelas. Hasta hace pocos años, la «ventana terapéutica», explicó García, era de tres horas; ahora los nuevos protocolos la han ampliado hasta 24, pero cada minuto cuenta.
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