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La realidad del alumnado marroquí en Baleares: vidas escolares muy cortas por el peso de la discriminación y la necesidad económica

Un estudio pionero en España insta a tomar medidas para atajar una realidad que afecta a unas de las comunidades extranjeras con mayor presencia en las islas y que por tanto repercute en el desarrollo del archipiélago

Imagen de la presentación del estudio esta mañana en Palma.

Imagen de la presentación del estudio esta mañana en Palma. / B.RAMON

Mar Ferragut Rámiz

Mar Ferragut Rámiz

Palma

La población marroquí en Baleares no para de crecer, y la población escolar de origen marroquí crece a un ritmo aún mayor. En doce años los estudiantes marroquís (incluyendo los de segunda generación, ya nacidos aquí) ha aumentando un 165% y ya supera los 6.700 alumnos, un crecimiento que se atribuye a los reagrupamientos familiares, el arraigo y una alta tasa de natalidad (una media de tres hijos por matrimonio, que casi triplica la tasa de la población autóctona). En Infantil y Primaria su presencia es notable, pero al llegar a ESO se empiezan a notar los primeros abandonos y el peso de estos estudiantes respecto al total de alumnado empieza a diluirse. Más allá de la etapa obligatoria, la caída es "contundente": la presencia marroquí en las aulas va desapareciendo.

Menos del 10% de los jóvenes de origen marroquí en Baleares siguen estudiando más allá de la etapa obligatoria. Y de cada cien alumnos marroquíes que finalizan ESO, apenas tres consiguen estudiar y finalizar un grado universitario. En general, la Formación Profesional acaba siendo señalada (por las inercias del sistema o prejuicios) como la vía más adecuada para estos estudiantes. Eso, para los que concluyen la formación obligatoria. ¿Por qué se dan estos itinerarios formativos tan cortos entre un grupo de alumnado cada vez mayor? Hay motivos educativos, de problemas del sistema que no sabe dar respuesta a la diversidad; sociales, por una cuestión de discriminación, pero sobre todo el principal motivo es económico: por la necesidad de trabajar cuanto antes y la mentalidad de las familias de que deben trabajar.

Así se refleja en el estudio “Escolarización y abandono escolar en la población marroquí residente en Baleares”, presentado hoy por sus autores, los investigadores José Luis Reina Segura, Alejandro Miquel Novajra y Mustafa Boulharrak El Idrissi, presidente de la Asociación de Inmigrantes Marroquíes en Baleares Al Maghreb. El acto, celebrado esta mañana en Palma, ha contado con la presencia de Driss El Yazami, presidente del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero (CCME), quien ha valorado este trabajo como “un estudio pionero que muestra la discriminación que sufren muchos niños y niñas de origen marroquí, que en muchos casos ya son españoles y tienen derecho a la misma igualdad que cualquier otro estudiante”.

El Yazami ha insistido en que “las recomendaciones están muy claras: necesitamos una verdadera movilización para responder a este problema, una movilización de todos los implicados: padres, escuelas, países de origen, países de acogida e instituciones”. Según ha señalado, los menores marroquíes “sufren una doble discriminación: por pertenecer a las capas populares y por su origen”, lo que se traduce en mayores obstáculos en el sistema educativo.

El estudio, elaborado a partir de datos oficiales y entrevistas en profundidad, confirma que la desigualdad se amplía a medida que avanza la edad escolar. “Es en la ESO donde se detectan los primeros casos de abandono”, se recoge en el documento, que también constata una fuerte segregación territorial: la mayoría del alumnado marroquí se concentra en determinados centros públicos de Palma, Inca o Manacor, una "guetización" que hay que combatir al reducir "las oportunidades de integración". Reclaman por ello políticas activas de distribución equitativa de plazas escolares y refuerzo lingüístico y comunitario en las zonas con mayor concentración de población migrante.

José Luis Reina Segura ha subrayado que “el abandono escolar entre este grupo no es un problema cultural, sino de clase”. Según explicó, “son familias que vienen a trabajar y ganar dinero", razona, y esa mentalidad perdura en las sucesivas generaciones. El antropólogo Alex Miquel Novajra ha reseñado que hay que tener en cuenta que hablamos de familias que provienen de ambientes rurales. El estudio vincula el abandono educativo con patrones familiares heredados: “El abandono específico de los estudiantes marroquíes está vinculado a la ‘tendencia de los padres’, heredada”. Por ello, los investigadores insisten en la necesidad de políticas que involucren a las familias en el proceso educativo, fomenten la mentoría entre iguales y ofrezcan apoyo continuado desde la etapa infantil.

Además de la precariedad laboral de las familias, los autores mencionan otras causas como la inestabilidad residencial, las barreras lingüísticas y la falta de referentes educativos. Las chicas presentan una mayor persistencia en los estudios, han detectado, pero a menudo soportan una doble carga social por las responsabilidades domésticas. Entre las causas del propio sistema educativo, Alex Miquel ha señalado falta de formación docente para atender a la diversidad y cierta dinámica y tendencia a desviar al alumnado marroquí hacia la Formación Profesional, “una vía que sigue siendo percibida como de menor prestigio en nuestro país".

Los autores reflejan en su investigación que “hace falta una política educativa que reconozca la diversidad como un valor y no como un problema y piden “que las familias participen más activamente y que los mediadores interculturales sean una figura estable en las escuelas”. Entre las propuestas, el informe plantea reforzar la figura del mediador intercultural, formar al profesorado en diversidad cultural y estrategias antirracistas, y fomentar un acompañamiento integral entre escuela y comunidad

El Yazami ha cerrado el acto insistiendo en la necesidad de una movilización de todos los actores sociales para frenar un fenómeno que, a su juicio, no solo afecta a la comunidad marroquí sino al futuro de la cohesión social en Baleares.

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