Entrevista | MATEO VALERO Director del Barcleona Supercomputing Center
"Cinco niños tontos de empresas tecnológicas gobiernan el mundo: nos han hecho esclavos sin ninguna guerra"
El ingeniero que ha situado a España en la vanguardia mundial de la supercomputación será investido hoy doctor honoris causa en la Universitat

Manu Mielniezuk

El ingeniero y catedrático Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center, será investido hoy doctor honoris causa por la Universitat de les Illes Balears en reconocimiento a una trayectoria que lo ha convertido en una referencia mundial en el campo de la arquitectura de computadores y la supercomputación.
Doctor ingeniero de Telecomunicación y profesor emérito de la Universitat Politècnica de Catalunya, Valero ha publicado más de setecientos artículos e impartido quinientas conferencias internacionales. Entre sus numerosos reconocimientos figuran los más prestigiosos del mundo en el ámbito de los supercomputadores como el Eckert-Mauchly o el Seymour Cray. Con todo, la modestia y sencillez de este aragonés es abrumadora. Compensa sus maratonianas sesiones de trabajo en el mundo de la computación con la literatura y "la humanidad": no perdona su caña diaria con la gente de su barrio
PREGUNTA: Su lista de reconocimientos y premios es inmensa. Le han definido como una 'rockstar' de la computación. ¿Cómo se siente con ese apelativo?
RESPUESTA: Yo soy un hombre discreto. Si he conseguido algo es porque me he rodeado de buena gente. En ciencia una persona no es nada. Tengo 73 años y desde que me fui a Barcelona a los 21, he trabajado 4.000 horas cada año. No tengo vacaciones, ni sábado, ni domingo, trabajo mañana y tarde... Es mi vida. He dirigido la tesis de investigación a 58 doctorandos, y esos se han dirigido a otros, y otros a otros más. Somos más de mil. Cada semana nace un miembro de la familia en cualquier parte del mundo. Los premios que he recibido se los debo a la gente que realmente ha hecho la investigación, sobre todo a los doctorandos, que son los que realmente tienen las ideas buenas, los jóvenes.
¿Cómo nació el Barcelona Supercomputing Center (BSC)?
En el año 85 vi que la universidad no era sostenible, que nunca el Estado te va a dar recursos suficientes para investigar. Decidí crear un instrumento para conectar con la sociedad, con las empresas. Creé el primer centro de investigación en computadores paralelos, el CEPBA, Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona, dentro de la Universidad, el germen del BSC. Fuimos creciendo poco a poco. Lo más importante es que convencí al Gobierno de España, al Gobierno de Cataluña y a la UPC de que colaboraran. Las tres instituciones llevan 40 años colaborando en el tema de Supercomputación. Eso es fundamental para que un centro pueda sobrevivir.
En España no estamos muy acostumbrados a esa colaboración institucional...
En plan jocoso, te digo que muchas veces me daba pena porque hubo un momento en que casi el único tema de diálogo entre Cataluña y el resto de España era el Barcelona Supercomputing Center. La segunda cosa importante del centro es que nuestro lema es que la investigación debe ser excelente, pero sobre todo debe ser relevante. El único objetivo de la investigación es resolver problemas de la sociedad. Si haces eso, vas a contribuir a crear riqueza, puestos de trabajo, a que empresas hagan proyectos contigo. Europa nos dejó entrar como miembros el 1 de enero de 1986 y eso nos permitió jugar en la Champions. Ahora ganamos muchas Champions en Europa, somos el centro de referencia europeo en supercomputación.
¿A qué nivel está el BSC en el ranking mundial?
El BSC está al nivel de los tres mejores del mundo: Argonne en Estados Unidos, Riken en Japón, en la ciudad de Kobe, y el Barcelona Supercomputing Center. Somos 1.400 personas. Empezamos siendo 20, y el objetivo era ser 60.
Ese dato me da cierta tranquilidad, que la máquina necesite tanta gente para funcionar...
A mí me produce un nerviosismo de la vida, porque tienes que gestionar a esa gente... La mayoría, unas 1.200 personas, son investigadores. El Barcelona Supercomputing Center no es solo el computador, no es un centro de servicios, es un centro de servicios más investigación. Los investigadores del BSC lo utilizan un 20%; el 80% restante lo utiliza cualquier investigador español o europeo que tenga un proyecto que se presenta a evaluación.
¿Qué tiene que tener un ordenador para que sea un supercomputador?
Es una cosa muy difusa. Pasan una prueba que es resolver un problema, un sistema de ecuaciones, una cosa matemática muy sencilla, y según la velocidad a la que la ejecutan, se clasifican. A los 500 más rápidos se les denomina supercomputadores. Vas a la lista Top 500 y se clasifican dos veces al año. Ahora, dentro de dos semanas, vamos a Sant Louis, en EEUU, y saldrá una nueva lista. Pero tengo que decir que los computadores más rápidos del mundo no son los supercomputadores, son los 'data centers' de Amazon, Microsoft. Pueden tener hasta 50 veces el número de procesadores de un supercomputador, pero no se dedican a hacer ciencia. Los supercomputadores son los computadores más rápidos del mundo cuyo objetivo es hacer ciencia.
¿Qué cree que pensaría Alan Turing si viera un supercomputador?
Estaría contento porque vería que todavía su test no se ha superado: se habla de que la inteligencia artificial es como las personas y tal, pero eso no se ha superado. Aunque era un genio, te tengo que decir que me parece más importante Claude Shannon.
Déjeme algún dato del Barcelona Supercomputing Center para impresionar...
A nuestros computadores los denominamos MareNostrum. Ahora vamos por el quinto. El quinto es 10.000 veces más potente que el uno, que se compró hace 20 años. Nosotros no gastamos el dinero en un computador, el MareNostrum 5 son cuatro. Cuando se inauguró, que vino Pedro Sánchez en diciembre de 2023, uno de los computadores estaba el número ocho del mundo y el otro, el 19. El número ocho, en aquella época era la mejor máquina para ejecutar inteligencia artificial y ahora es una de las mejores. Pero lo más importante del BSC es la gente. Tenemos gente de 32 carreras. El 35% son de más de 60 países. Somos como una ONU y eso para mí es un valor muy grande, con computadores muy potentes y gente brillante que hace cosas dignas de mérito.
¿Qué ha supuesto para la ciencia de este país contar con esta herramienta?
Mucho, para la ciencia y para la ingeniería. Una de las primeras cosas que hicimos en 2006 fue hacer un software para Repsol para decirle dónde tenía que pinchar en ambientes hostiles para buscar petróleo, en el Golfo de México. Cada pinchazo vale 100 millones de dólares. Pasaron de uno sobre diez a uno cada siete. Se han hecho cosas muy importantes, todo el tema de medicina personalizada, de ver la influencia de los genes en los cánceres, cambio climático. Para simular el cambio climático la única herramienta que hay es un supercomputador. Ahora estamos simulando un futuro avión de combate y si no tienes supercomputadores e inteligencia artificial, no lo haces.
¿Cómo se ha combinado la supercomputación con la inteligencia artificial?
Datos y supercomputación hicieron que la inteligencia artificial empezara a brillar. La gente normal nos dimos cuenta cuando Deep Blue le ganó a Kasparov en 1997. La primera partida la organizamos nosotros en Barcelona en en 1995 y Deep Blue perdió contra Miguel Illescas, que era el campeón de España. Pero realmente la inteligencia artificial ha llegado de manera masiva con el ChatGPT. Sin datos y sin computación no habría inteligencia artificial, pero ahora es al revés. La inteligencia artificial nos está ayudando muchísimo a hacer mejor ciencia utilizando supercomputadores. No sé si tengo un centro de supercomputación o un centro de inteligencia artificial.
Ahora cada vez más comunidades autónomas tienen supercomputadores. Baleares está en ello: ¿Qué consejos nos da?
Yo les animo siempre a que entren en la red española de supercomputación, que es un concepto que salió de nosotros en el año 2006. Hay muchos nodos, y era una pena que las Islas Baleares no tuvieran su centro. Todos estos computadores están conectados a través de la red CIRIS, que es la red académica, y nos juntamos tres o cuatro veces al año, compartimos conocimientos, hacemos proyectos conjuntos. Mi consejo es que no hay que gastar mucho dinero, que hay que empezar a tener grupos potentes. El primer objetivo debe ser formar a los alumnos, porque cuanto más alumnos formados haya, más usuarios. Lo fácil es comprar un computador, lo difícil es utilizarlo correctamente. Y esto puede beneficiar a alumnos de todas las ramas. Ahora hemos hecho un nuevo grupo que es de ciencias sociales computacionales, con una profesora catalana que estaba en Harvard, que tiene un grupo de 30 personas haciendo proyectos sociales estudiando, por ejemplo, la influencia de las redes sociales en la calidad de la democracia.
¿Dónde cree que está el límite de la inteligencia artificial?
Yo creo que no debemos tenerle miedo. Nunca llegará a hacer cosas que los hombres hacemos. El sentido común, el ingenio... hay cosas que serán muy difícil meterlas en un ordenador. El ChatGPT lo único que hace es predecir la siguiente palabra de una frase. Ha leído toda la información de internet, la relaciona, y cuando le preguntas, te sorprende con las respuestas. Son sistemas predictivos que dicen, pero que no son conscientes de lo que están haciendo. A mí lo que más me ha gustado, la contribución más fuerte de la IA que he visto, es en el plegado de las proteínas, un problema que en supercomputación no se hubiera acabado nunca y que gracias a la IA ha sido Nobel de Química.
¿Veremos un HAL, una rebelión de las máquinas?
Yo lo veo difícil. Hay gente que habla de la superinteligencia artifical, que va a llegar y marcará un antes y un después, yo no lo veo.
¿Europa deberia trabajar para dejar de ser 'chipdependiente'?
Si miras los supercomputadores europeos, no hay ningún chip europeo, es que ni diseñamos ni fabricamos. Si quieres hacer coches autónomos se necesitan chips de muy alta potencia para ejecutar inteligencia artificial... y si no te venden los chips no tendrás coches autónomos.Yo llevo 15 años predicando en Europa sobre esto. Hemos empezado pero con poca fuerza. Hemos hecho cosas bonitas en Barcelona y alguna empresa en España y en Europa, pero las empresas americanas llevan muchísimos años.
¿El principal obstáculo es económico?
Hay un tema económico y de organización, porque Europa no es Europa, es una aglomeración de países que cada uno va a lo suyo. Para hacer chips, tiene que haber un proyecto como el Airbus o como el Galileo o como el CERN, porque se necesita mucho dinero. Claro que se puede hacer, pero se necesita poner dinero y apoyar que cuando los primeros chips sean mucho peores que los americanos, tú los compres. Lo hacen los americanos, y lo hace todo el mundo: proteger sus productos.
Se habla mucho del consumo energético de la supercomputación y de la inteligencia artificial, ¿le preocupa?
Consumen muchísimo. OpenAI, la empresa de ChatGPT, está pidiendo hacer un 'data center' que tendrá la extensión de Manhattan y tendrá un millón de GPUs de NVIDIA. El MareNostrum, en la parte de GPUs tiene 4.500, para que veas si es grande lo que prevé OpenAI, que necestiará 10 gigavatios de energía: la energía de 10 centrales nucleares, el 30% de la energía que gasta toda España.
¿Se están buscando soluciones?
Consumen, pero a la vez estos computadores sirven para buscar energías cada vez más eficientes. Si ayudaran a hacer una cosa de fusión, como ITER, se resolvería el problema. Si logramos crear energía de fusión, como el sol, se acaba el problema de la energía en el mundo. Pero bueno, ahora mismo es un problema grande. Se gasta también muchísima agua porque los circuitos se calientan y hay que enfriarlos. Yo nací en Aragón y cuando me preguntan sobre meter tanto 'data center' ahí, digo: bueno, cuidado, hay que pensar en el agua. Ya están haciendo pruebas de 'data centers' en el espacio.
¿Le preocupa vivir en una sociedad tecnocrática, donde sean los algoritmos (y las empresas que los diseñan) los que condicionen el funcionamiento del mundo?
Me preocupa muchísimo. Yo digo que cinco niños tontos están dominando el mundo. Nos han hecho esclavos sin ninguna guerra y la culpa la tenemos nosotros, porque hemos decidido vivir alegres en lugar de vivir libres. Yo me cabreé mucho en la época del COVID, cuando la gente decía: "Yo no doy mis datos para intentar curar el COVID", mientras que con estos firmas sin leer un contrato de 100 páginas que no lees: lo aceptas y les estás dando todo. Y utilizan esos datos para machacarnos, no para guiar las compras, sino para guiar nuestra mente, que es lo preocupante. Te pueden llevar a que pienses lo que ellos quieren que pienses. Es mi gran preocupación. Los que tengan los datos y el cálculo dominarán el mundo. Y eso da miedo.
¿Se están estudiando nuevos sustratos para ejecutar la computación: nuevos materiales de origen químico, fluido...?
Se están estudiando nuevos materiales para hacer los transistores, arseniuro de galio, etcétera. También se está intentando hacer nuevas formas de computar con los computadores cuánticos, que tienen otra filosofía de cálculo en vez de la binaria. Están en el invierno polar todavía, pero hay mucha gente muy inteligente trabajando y quién sabe si algún día pasará como pasó con la inteligencia artificial y de repente explota. Siempre serán computadores que ejecutarán solamente una serie de cosas, no cualquier cosa, pero serán problemas que a los computadores normales les cuestan mucho tiempo.
Y esto será otra revolución.
Sí, hay mucho dinero que va ahí.
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