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Opinión

Faltan casas para extranjeros

Una familia observa los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria de Palma

Una familia observa los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria de Palma / EP

Matías Vallés

Matías Vallés

La alarma de los promotores inmobiliarios ante la ralentización de sus opíparos negocios es indiferente para los mallorquines, pero seguro que causará honda preocupación en Suecia y Alemania. No se trata de un arranque demagógico, porque la protesta coincide con los datos del Consejo General del Notariado, donde se establece que el 43 de las compraventas de viviendas registradas en Balears corresponden a extranjeros. Más de dos de cada cinco, y el estudio no procede de la mafia de las plataformas.

Escasea el producto para extranjeros dispuestos a robar las casas a los mallorquines. El Govern deberá facilitar la llegada de suecoalemanes, para consolidar a Balears como la capital española de la gentrificación. Aunque ninguna comunidad le aventaja en penetración foránea, se destacará que Alicante la supera por sus precios racionales y que Málaga empata en atracción de europeos. Con la pequeña diferencia de que ambos territorios peninsulares no están cercados por el mar, y disponen de un vasto arrière-pays donde colocar a los residuos nativos. En Mallorca solo cabría arrojarlos al mar, y mejor no dar ideas.

Adentrados en el tercer año de PP/Vox, los logros del Govern en la materia de Vivienda bajo su competencia tienden a cero. Por desgracia, Prohens ya ha cumplido con el 120 por ciento del programa electoral según sus cálculos, así que los compradores extranjeros deberán presionar para que se agilice la aniquilación de Mallorca en su beneficio. Contemplar la construcción como la solución para la isla equivale a utilizar la droga como remedio para la adicción.

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