María José Guerrero, delegada de la Aemet en Baleares: "Ahora estamos con temperaturas un 0,4 % por encima de lo normal"
Accedió al cuerpo de Meteorólogos del Estado tras estudiar Físicas y desde 1991 está vinculada a la delegación de las islas, que en los días críticos de esta última DANA participó en «hasta tres reuniones diarias del comité técnico para programar las actuaciones»

Guillem Bosch

Seguimos con las lluvias. Hoy mismo [por el jueves] hay alerta amarilla en Mallorca, ¿cuál es la previsión de la Aemet para los próximos días?
Hay aviso amarillo para el interior y sur de Mallorca por una vaguada con núcleo frío en niveles altos y vientos de levante, con previsión de hasta 20 litros por metro cuadrado. El viernes el núcleo frío será más intenso, por lo que se mantiene el aviso en esas zonas, pudiendo ir acompañado de tormenta y granizo pequeño. Serán chubascos localmente fuertes y muy localizados, de «evolución diurna», que se forman y desaparecerán en la isla por la tarde. Y la semana que viene puede que haya un veranillo de San Miguel.
Las inundaciones en Eivissa registraron acumulados históricos. ¿Qué factor meteorológico principal hizo que esta DANA fuera tan devastadora?
Las inundaciones de Ibiza se debieron a dos episodios. El primero, ocurrido el 30 de septiembre, fue causado por los restos del huracán Gabriel, ya como «ex-Gabriel» y una borrasca, que, al llegar al Mediterráneo muy cálido, provocó precipitaciones históricas. Nunca antes había llovido con tanta intensidad en Ibiza y en Formentera. En 72 años nunca había llovido en 24 horas tanta cantidad. Era algo totalmente fuera de lo normal, con registros en Vila de 256 litros el metro cuadrado. Son 100 litros el metro cuadrado en una hora, lluvias torrenciales, que decimos. El aeropuerto de Ibiza registró en 24 horas lo que llueve en tres meses de otoño. Si bien un solo evento no prueba el cambio climático, la intensidad es inusual. Hay que decir que este primer episodio ayudó a paliar una sequía previa y el segundo, el del 9 o 10 de octubre, fue la DANA Alice, que afectó a Ibiza y Formentera con intensidad al llover sobre terreno ya saturado. En general, octubre ha sido muy lluvioso en Ibiza, donde lo ha hecho casi el triple de lo normal, y Formentera, donde lo ha hecho el doble. En Mallorca y Menorca la lluvia está dentro de lo normal para mitad de mes. Se esperan lluvias localizadas hasta el sábado, con una pausa la próxima semana y un probable retorno más adelante.
Trabajamos con cerca de 70 modelos numéricos diferentes para emitir una predicción
¿Cómo ha sido la coordinación entre la Aemet, el Govern y los servicios de emergencia durante los momentos más críticos de esta gota fría?
La Aemet mantiene una colaboración estrecha y rutinaria con los servicios de emergencia. El predictor se comunica siempre con el supervisor. Cuando se emite un aviso se coordina la información y se explica el motivo. Si se decreta aviso naranja, que implica riesgo importante, Emergencias activa el plan meteorológico y se reúne el comité técnico, donde la Aemet expone la situación, predicciones y avisos, incluyendo franja horaria y lugar probable. Esta información sirve a Emergencias para tomar decisiones, adoptando un índice de gravedad. En el caso de Ibiza, aunque el aviso meteorológico pudo ser amarillo o naranja, mantuvieron un índice superior porque ‘llovía sobre mojado’, y es que la tierra ya estaba saturada. Hay que decir que la correlación entre aviso meteorológico e índice de gravedad no es estricta, ya que se considera el estado del terreno. Durante los días críticos, por ejemplo, se realizaron entre dos y tres reuniones diarias del comité técnico para programar las actuaciones.
¿Confirman los datos un aumento en la frecuencia de las DANAS en el Mediterráneo en los últimos años?
Lo que observamos en el contexto del cambio climático es un claro ascenso de las temperaturas, con un aumento en el número de olas de calor y la habitualidad de alcanzar los 40 grados cada año. Respecto a la precipitación, si bien hay una ligera disminución poco significativa, el cambio principal se da en la forma de precipitar, con un notable incremento de la intensidad y la torrencialidad. Para que se produzcan lluvias fuertes o torrenciales, no siempre es necesaria una DANA. Estas lluvias pueden ser generadas por una DANA, una vaguada o cualquier otra perturbación, pero es esencial que haya conexión entre los niveles altos y los niveles bajos de la atmósfera. Esta conexión se facilita al final del verano, cuando el mar está muy cálido y hay vientos de levante, que son cálidos y húmedos. Estos vientos, al interceptar con un mecanismo de ascenso -como una borrasca, ejemplificada por ex-Gabriel, o un relieve como la Serra de Tramuntana-, generan las nubes y las precipitaciones intensas. Si la misma situación de ex-Gabriel se hubiera presentado en primavera, cuando el mar está más frío, las lluvias no habrían alcanzado probablemente los registros históricos.
¿Cuál es la ‘lección meteorológica’ que se extrae del comportamiento de este último episodio en las islas?
Nuestra lección es estar siempre muy pendientes del tiempo, porque muchas veces te aparecen estructuras que tienes que ir vigilando. Por eso utilizamos el radar y las estaciones automáticas, y le sumamos la colaboración con los aficionados, que transportan también valores, y con los colaboradores de la meteorología, que son un grupo bastante importante. Y así estamos pendientes de todo, sobre todo en otoño. Bueno, estamos pendientes todo el año, porque en verano hay que vigilar las temperaturas, pero luego llega otoño y estamos siempre muy pendientes, porque tenemos ya también mucha experiencia de que en esta estación aquí, en cualquier momento se puede disparar. Y es que no hay prácticamente otoños en los que en algún momento esto no pase, bueno, o a final de verano. Porque el año pasado fue bastante significativa también la tormenta que afectó a Menorca a mediados de agosto. Este año, bueno, ha habido algunas en septiembre, pero la mayor, la más significativa, es la de Ibiza. Esa ha pasado a la historia.
Nunca antes había llovido con tanta intensidad en Ibiza y en Formentera
¿Cómo evalúa el funcionamiento del sistema de avisos?
Evalúo bien el funcionamiento de los sistemas de alerta, pero es importante destacar el gran trabajo que hay detrás para emitir cada predicción o aviso, más allá de la fiabilidad del resultado final. Para periodos de horas a días, los meteorólogos trabajamos con cerca de 70 modelos numéricos diferentes. Cuando la atmósfera es estable, los modelos son más fiables y el meteorólogo está más seguro de la predicción. Sin embargo, en situaciones inestables, los modelos reflejan esa incertidumbre dando soluciones muy dispares. En estos casos, el meteorólogo transmite la predicción utilizando términos de probabilidad, sin descartar escenarios de no ocurrencia o de mayor gravedad. En el corto plazo, se complementa la vigilancia con modelos numéricos usando el radar, fundamental para chubascos y lluvias, también con la red de detectores de rayos para tormentas, y herramientas de extrapolación de células. También se cotejan los datos recibidos de las estaciones automáticas de Aemet, a las que damos más peso por su control de calidad, y la información aportada por aficionados. Es un proceso continuo de diagnóstico y predicción.
Saber el lugar y sobre todo el momento en el que se van a dar fenómenos así debe ser clave, ¿cuál es el mayor desafío al que se enfrentan para ello?
La mejora en la física de los modelos es continua. Se trabaja para ejecutar un modelo cada hora y obtener predicciones más recientes. También se aplican técnicas al radar para prever evoluciones de células de tormenta a corto plazo, la dirección e intensidad. Después de estudiar todas las salidas de los modelos, el meteorólogo debe apostar por una zona y un margen de probabilidad. Ante modelos que señalan diferentes zonas de máxima precipitación, se informa que, aunque la probabilidad sea baja, la lluvia es posible en toda la isla, y se designa el color de aviso. Si los modelos coinciden en una zona y horario, se asigna ahí el margen de probabilidad más alto. Es necesario integrar toda la información y transmitirla a través de boletines y avisos usando términos de probabilidad.
Más allá de la fiabilidad del resultado, hay que saber que detrás de cada predicción hay un gran trabajo
¿Qué es lo más importante ante una alerta de la Aemet?
Nosotros tenemos una gama de colores que tratan de transmitir el riesgo de la variable meteorológica considerada. Esto está integrado dentro de un plan europeo que se llama Meteoalerta. Todos los países de Europa emplean la misma gama de colores. El nivel amarillo indica que no existe riesgo meteorológico para la población en general, aunque sí para alguna actividad concreta. El naranja, quiere decir que existe riesgo meteorológico importante. Y el rojo, es el de riesgo extremo. No obstante, tratamos de transmitir que incluso cuando ponemos un nivel amarillo, tenemos en cuenta los términos de probabilidad. Es decir, lo más probable es que esté amarillo, pero hay un margen de verde y de naranja que se pueden dar. Es decir, lo más probable es que te ocurra esto, pero sin descartar esto otro.
Estamos a mediados de octubre y a más de 20 grados, ¿llegaremos algún día a tomar las uvas en la playa?
Bueno, con abrigo sí [ríe]. Hay investigaciones que van en esta dirección, es decir, vamos cada vez a temperaturas más cálidas. Esto es una realidad, pero de momento la tendencia suele ir bajando, tanto las temperaturas máximas como las mínimas. Estamos ahora con temperaturas en Baleares un 0,4% por encima de lo normal. Estamos por encima, pero tampoco es mucho.
Cada vez hay más olas de calor en verano en las islas, ¿podría convertirse en lo normal y que dejemos de llamarlo así?
Sí, porque ola de calor le llamamos a un periodo con unas temperaturas anormalmente altas. Nosotros lo consideramos así cuando son más de tres días. Pero claro, si las temperaturas anormalmente altas duran entre 15 y 20 días, como ha pasado este año en la península, pues ahí está la respuesta. A lo mejor si sigue así, tendremos que adoptar la terminología para caracterizar el mar, por ejemplo y decir que es una ola de calor de fuerte marejada, una ola de calor de gruesa marejada... Esto es totalmente metafórico, pero igual tenemos que hacerlo así. Este año en Baleares tuvimos una pequeña ola de calor a final de junio, principio de julio. Luego, a final de julio tuvimos un alivio térmico, que aquello era una maravilla. Pero eso sí, a mitad de agosto hubo una ola de calor que alcanzó los 40 grados. Pero mientras el mes de julio en la península fue muy cálido, para nosotros fue relativamente llevadero.
Llegar a los cuarenta grados de temperatura cada año se ha convertido ya en todo un clásico en las islas
Aparte de las lluvias, ¿hay una tendencia al aumento de otros fenómenos extremos en Balears, como vientos fuertes o caps de fibló?
Este año todavía no hemos tenido, pero todavía queda otoño, eh. Pero bueno, los caps de fibló, trombas marinas, suelen ir asociadas también a grandes sistemas convectivos, con tormentas. Y si estamos pensando en que las predicciones de cambio climático apuntan al aumento de los fenómenos extremos, pues no se descarta que pudieran también aumentar.
¿Se están implementando nuevos modelos de predicción para afrontar el cambio climático?
Para afrontar el cambio climático, que ya sabemos que es una realidad, estamos trabajando en modelos para ir mejorando nuestras predicciones en muy corto plazo. En todo eso sí que estamos trabajando de forma continua.
¿Qué es lo más importante que debe saber la población sobre la realidad del cambio climático en las islas?
Simplemente que el cambio climático es una realidad y que el efecto principal es el aumento de los fenómenos meteorológicos adversos.
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