Escasez de vivienda en Mallorca: Un correo electrónico cambió la vida de Raúl
Raúl Garí ha comprado un piso de precio limitado en Palma

Raúl Garí, posa junto al plano de su vivienda. / Nele Bendgens
Sarah López
Un correo electrónico cambió la vida de Raúl Garí: “Buenos días, señor Garí. Nos quedan dos viviendas disponibles en una nueva promoción en Son Ferriol”. 68 metros cuadrados, dos habitaciones, obra nueva, 266.000 euros y en las afueras de Palma. Dos horas después de recibir ese mensaje, el mallorquín de 30 años ya había tomado una decisión: no dejar escapar la oportunidad.
Como muchos jóvenes de Mallorca, Garí llevaba años buscando una vivienda que pudiera permitirse. Cuando su hermana le habló de un nuevo modelo inmobiliario llamado 'Vivienda de Precio Limitado' (VPL), vio una posibilidad real de acceder a una propiedad asequible. Entonces empezó a buscar todas las promotoras en Palma que ofrecían este tipo de pisos, se informó sobre los proyectos en marcha y se apuntó a varias listas de espera.
Cuando meses más tarde le llegó ese correo, tuvo que actuar rápido. Fue con su madre a las oficinas de la promotora, donde una agente inmobiliaria le mostró los planos de la vivienda y unas imágenes generadas por inteligencia artificial. Por ahora, la visita solo es posible en papel o en pantalla: las obras comenzarán en noviembre de 2025. Aun así, ese mismo día dio el sí. “Hay que decidirse rápido, porque hay mucha más gente en la lista”, explica Garí.
El boca a boca es suficiente
El Govern lleva aproximadamente un año promocionando este nuevo modelo de vivienda, dirigido a residentes en las islas que apenas tienen opciones de acceder a una propiedad en el mercado libre. Solo en Palma está previsto que se construyan unas 10.000 viviendas de este tipo. Aun así, la competencia sigue siendo alta, como bien sabe Mar Real, agente inmobiliario en una promotora de Palma que vende VPL. Las viviendas se venden en tiempo récord. No necesitan publicidad —ni siquiera las publica en los portales inmobiliarios—. “La demanda es tan grande que con el boca a boca basta”, asegura Real.
Como muchos otros buscadores de vivienda en Baleares, Garí cumplía todos los requisitos: ser mayor de edad, llevar al menos cinco años residiendo de forma ininterrumpida en las islas y no tener otra propiedad a su nombre. Solo se permite tener hasta un 50 % de otra vivienda en régimen de copropiedad. También es necesario tener intención de residir en la propiedad a largo plazo: no puede destinarse a segunda residencia ni a vivienda vacacional.
Un buen colchón financiero
Aunque no está escrito en ningún sitio, también se da por hecho que quien accede a estas viviendas cuenta con un buen colchón financiero. Pocas semanas después de la visita a la promotora, Garí firmó el contrato de arras y realizó el primer pago de unos 40.000 euros. En unos meses tendrá que abonar una cantidad similar. Dice que los casi 80.000 euros los ha ahorrado a lo largo de los años. “Llevo casi diez años trabajando y aún vivo con mis padres”, explica este administrativo que trabaja para el Govern.
Los ahorros son prácticamente una condición indispensable, ya que quien paga primero, se queda con la vivienda. La entrada no puede financiarse, al tratarse de obra nueva, y además resulta difícil conseguir crédito para ello. Para Garí, esta fue la mejor opción en el mercado actual. “Un piso parecido al mío costaría bastante más en el mercado libre —unos 400.000 euros”, señala.
Según la ubicación y el certificado energético, las VPL tienen un precio máximo fijado por metro cuadrado. En Palma, ese tope ronda los 3.000 euros por metro cuadrado para viviendas con la mejor calificación energética. En comparación, el precio medio del metro cuadrado en septiembre de 2025 superaba los 5.000 euros, según el portal Idealista.
Muchos incentivos para las promotoras
Las promotoras también reciben incentivos por construir viviendas de precio limitado: a cambio, se flexibilizan ciertas exigencias urbanísticas. Por ejemplo, se les permite dividir viviendas más grandes, aumentar la altura de los edificios o convertir locales comerciales en viviendas. Además, cuando se construye en suelo público, una parte del proyecto debe destinarse obligatoriamente a VPL.
Estas viviendas no pueden superar los 90 metros cuadrados, y la mayoría son de nueva construcción. “Para mí era importante comprar algo en buen estado”, afirma Garí. Con los precios tan elevados que hay, no quería tener que gastar decenas de miles de euros en reformas. Su piso en Son Ferriol cumple exactamente con lo que buscaba. Tiene claro que quiere vivir allí a largo plazo. Y si dentro de unos años cambia de opinión, no podrá hacer negocio con la venta: tendría que venderla por el mismo precio de compra ajustado a la inflación. Si decide alquilarla, el precio por metro cuadrado estaría regulado y actualizado anualmente por el Govern. Esta limitación es permanente. Estas viviendas están pensadas para facilitar el acceso a la propiedad a la población local, no para la especulación.
Todavía falta un tiempo hasta que Garí pueda disfrutar de su vivienda en propiedad. La entrega está prevista, como pronto, dentro de unos dos años. Ya ha visitado el solar en Son Ferriol, entre el hospital de Son Llàtzer y el aeropuerto. Por ahora, el terreno está cubierto de escombros y malas hierbas. “Me gusta mucho la zona, yo crecí aquí”, comenta. Y ya se imagina cómo será su vida allí: “Con un perro salchicha que se llamará Tumbet y con mi pareja”.
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