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Miquel Bibiloni, secretario de Relaciones Internacionales del sindicato Otras: "Las plataformas digitales han dado independencia a las trabajadoras sexuales"

Nacido en Lloseta en 1995, el secretario de Relaciones Internacionales del sindicato Organización de Trabajadores y Trabajadoras Sexuales (Otras) defiende con ahínco un modelo de regulación del trabajo sexual basado en el consentimiento que otorgue derechos laborales plenos

Es crítico con el abolicionismo, que dice «ha demostrado aumentar la precarización, la violencia y la clandestinidad», y duro con entidades como Médicos del Mundo, Casal Petit y Cruz Roja, a las que acusa de «utilizar» al colectivo

Miquel Bibiloni posa con un ejemplar de ‘En nombre propio. Ejercer el trabajo sexual con derechos’.

Miquel Bibiloni posa con un ejemplar de ‘En nombre propio. Ejercer el trabajo sexual con derechos’. / B. Ramon

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Presentan En nombre propio. Ejercer el trabajo sexual con derechos. Es el título del libro y el espíritu de la lucha por la regulación. ¿Cuáles son los puntos clave de la propuesta de ley que plantean?

El eje central de la ley es el consentimiento de las trabajadoras y trabajadores sexuales. Buscamos reducir el poder del empresariado en clubes y pisos, garantizar medidas básicas de protección en los lugares de trabajo y, fundamentalmente, extender los derechos laborales a nuestro colectivo, que actualmente se encuentra en un vacío legal. El espíritu de la ley es lograr la plena equiparación de derechos. Nuestra propuesta toma como base el modelo de regulación neozelandés, y también miramos a Australia y Bélgica. Descartamos los modelos de regulación de Alemania y Países Bajos por ser demasiado restrictivos. Igualmente, nos oponemos al abolicionismo, como el implementado en Suecia o Francia, porque ha demostrado aumentar la precarización, la violencia y la clandestinidad, modelos que han sido denunciados por entidades como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

¿Cuál es el cambio más urgente que necesita la actividad hoy para ser más segura y digna?

Lo más urgente es revertir la criminalización que impone la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza, sobre la prostitución de calle. Esto fuerza a las trabajadoras a meterse en los coches rápidamente y sin medidas de seguridad, aumentando su peligro. En los clubes de alterne, la explotación es habitual, vemos jornadas maratonianas de 16 horas. Las trabajadoras están registradas como falsas autónomas y, por el trabajo sexual, no pueden hacer contratos. Pagan su propia Seguridad Social, y los dueños no les proporcionan elementos básicos como condones o lubricantes. Hay una ausencia total de reconocimiento laboral y de derechos como la baja por maternidad o por regla dolorosa, a pesar de que la OIT [Organización Internacional del Trabajo] reconoce el trabajo sexual desde 1998. También luchamos por una bonificación en la edad de jubilación, similar a la que tienen los mineros, por la dificultad física del trabajo. Nuestra Secretaria General, con 64 años y cuarenta años de trabajo, es un ejemplo de la imposibilidad de jubilarse. Nuestra propuesta de ley aborda todas estas cuestiones urgentes.

Si se consiguiera la regulación, ¿qué derechos laborales concretos obtendrían de inmediato las trabajadoras y trabajadores sexuales?

Obtendrían inmediatamente derechos como el paro, baja por maternidad y baja por regla dolorosa. El poder cotizar y tener una nómina les permitiría acceder a una vivienda independiente, rompiendo la dependencia de vivir en el club de alterne. Además, se establece un mecanismo para que puedan extinguir su contrato con el club de alterne tras un mínimo de cotización y acceder al paro de forma automática. Nos parece un mecanismo muy interesante para que tengan alternativas laborales y puedan tener ese dinero para buscar otro trabajo sin tener que aceptar las migajas de las organizaciones como Médicos del Mundo, Casal Petit y Cruz Roja, que ahora mismo no están ayudando a las trabajadoras sexuales a salir. Porque todo el mundo nos dice que las ofertas laborales que les están ofreciendo desde estas organizaciones son trabajos de los que ya vienen. Camarera, limpiadora, cuidadora de ancianos... Ninguno de los afiliados y afiliadas que tenemos en el sindicato se levantó un día a decir ‘¡ay, me encantaría ser puta!’ Las alternativas que se les da para salir de la prostitución son trabajos precarizados de los que ya han salido, porque ahora ganan más, tienen más flexibilidad, mayor capacidad para cuidar a sus hijos... Y ese es el problema, que ahora mismo las alternativas que se dan son insuficientes, y es porque no se está hablando con las trabajadoras sexuales ni los trabajadores sexuales. No hay un interés por las necesidades reales del colectivo, hay un interés en utilizar a esas personas como carne de cañón o como cabeza de turco para después ofrecer unos servicios. Porque Médicos del Mundo, por ejemplo, destina un 90% de las subvenciones a sueldos, a alquileres de locales, y destina una pequeña cantidad al trato y a la atención a la persona. Y después tenemos lo que pasó en Médicos del Mundo Menorca, que hubo un caso muy famoso hace un año de un delegado de la entidad que presuntamente violó a cuatro trabajadoras sexuales y se encubrió, presuntamente, desde l asociación, y eso lo que hace es minar la confianza de los colectivos hacia estas organizaciones abolicionistas. Y hay que decir que no se puso el grito en el cielo desde las organizaciones feministas como el Moviment Feminista de Mallorca cuando esto sucedió. No hubo comunicado. Pero sí que hubo un comunicado cuando las trabajadoras sexuales se fueron a la UIB a hablar sobre su trabajo. Y eso a mí me choca mucho. Que cuando hay una violación a trabajadoras sexuales, no haya una condena por parte de los movimientos abolicionistas, y sí haya una condena cuando las trabajadoras sexuales van a la UIB a hablar de su vida.

El problema del abolicionismo es que no diferencia proxenetismo del lucro de la prostitución

Todo lo que cuenta sobre la propuesta de ley suena muy bien, ¿por qué cree que a una parte de la sociedad le resulta complicado entender esta postura?

Es muy interesante, porque no es la sociedad el problema. Porque si se miran diferentes encuestas de medios de comunicación de distinta ideología, el apoyo por la regulación o por la despenalización ronda el 70%. Y el apoyo al abolicionismo, con la propuesta abolicionista del PSOE, es de un 16 o 14%. Es decir, la sociedad en sí está a favor de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales, pero hay una cúpula elitista de personas como las feministas del PSOE que dictan la línea del partido, que no son trabajadoras sexuales, nunca han ejercido, no tienen idea de lo que están hablando, y lo que hacen es feminismo burgués, a mí me gusta llamarle desputismo ilustrado. Todo para las putas, pero sin las putas. En las charlas donde se habla de prostitución y ley abolicionista, no hay ninguna trabajadora sexual, y es importante que se escuchen las voces de las personas que lo viven.

¿Cómo diferenciará esta norma entre el trabajo sexual consentido y la explotación sexual?

En primer lugar, hay que decir que explotación sexual es un término abolicionista muy vago. Nosotros lo que vamos a hacer es diferenciar explotación laboral de trabajo consentido. Es decir, para el abolicionismo toda la prostitución, ya sea consentida o no consentida, es explotación sexual. Entonces eso es lo que crea esa inseguridad jurídica. Nuestra propuesta es muy clara, no despenaliza la trata de personas, el proxenetismo, la coacción ni la prostitución de menores. La piedra angular es el consentimiento de una persona adulta con plena capacidad para ofrecer un servicio sexual a cambio de dinero. Rechazamos el enfoque abolicionista que infantiliza, considera estúpidas a las trabajadoras y alega que el consentimiento está viciado por la necesidad económica. Todos trabajamos por necesidad económica; esta postura paternalista no puede negar derechos laborales al colectivo.

Hace dos semanas se publicó un estudio que hablaba del fenómeno de la prostitución deslocalizada, ¿la ley aborda de algún modo este hecho, propiciado por las plataformas digitales?

Las plataformas digitales han sido una herramienta clave para la independencia de muchas trabajadoras sexuales. Yo creo que hay mucho pánico moral y también mucho desconocimiento sobre el tema de las plataformas, porque, como he dicho, por ejemplo la ley del ‘solo sí es sí’ incluyó la ilicitud de la publicidad de prostitución haciendo que las páginas web donde se ofrecían servicios sexuales pasasen a ser ilegales. ¿Y qué pasó? Las páginas web se fueron fuera. Los servidores se fueron a Bélgica, a Alemania, incrementaron los precios y muchas trabajadoras sexuales que ofertaban sus servicios online se tuvieron que ir al club y a la calle. Mientras que las plataformas, por ejemplo, te cobran a lo mejor 40 euros al mes pero no se quedan un porcentaje de tu trabajo, no te dicen con quién tienes que quedar, ni hay una coacción. Pero según el abolicionismo, como hay un lucro, ya es proxenetismo. Este es el problema del abolicionismo, que no diferencia proxenetismo del lucro de la prostitución. Es decir, si hay un taxista y yo me monto y soy trabajadora sexual y le pago con el dinero de mi prostitución, esto también es un lucro. Si voy al forn y pago la panada con el dinero de mi prostitución, se está lucrando de mi prostitución. Por eso hay que delimitar muy claramente lo que es proxenetismo de lo que es otra cosa. Y el problema del abolicionismo es que lo amplía todo, y esa es la propuesta del PSOE también.

Ningún afiliado se levantó un día y dijo ‘me encantaría ser puta’, las alternativas son trabajos precarios

¿Qué tipo de control se exigiría a las páginas web y redes sociales que publicitan el trabajo sexual en un marco regulado?

Como cualquier otra página web. Hay una, cuyo nombre no voy a decir, en la que para acceder u ofertarse hay que subir una foto del DNI, hay que pagar la tasa con la propia tarjeta... Es decir, hay controles ya en páginas web para que no puedas ofertar el anuncio de otra persona y que la persona que esté allí no sea menor. Tiene que haber un control como en cualquier otra página web y cualquier otro acceso a contenido explícito. Pero eso ya existe hoy en día en la regulación.

«La preocupación por el consentimiento real solo aparece con el trabajo sexual, ¿lo hay para las ‘kellys’?".

«La preocupación por el consentimiento real solo aparece con el trabajo sexual, ¿lo hay para las ‘kellys’?". / B. Ramon

Las investigaciones apuntan a la vulnerabilidad de las mujeres sin papeles. ¿La propuesta de ley incluye mecanismos de regularización administrativa para trabajadoras migrantes?

Como sindicato, apoyamos la ILP de regularización ya y recogimos firmas para ello. Es fundamental una reforma de la Ley de Extranjería para garantizar una migración segura. Nuestra propuesta contempla que el reconocimiento de la relación laboral entre el club y la trabajadora sexual pueda servir directamente como vía de regularización administrativa para las personas sin papeles. Apoyamos plenamente esta regularización e incluimos mecanismos para que se produzca en la ley.

¿Es posible hablar de consentimiento real en un contexto de pobreza y vulnerabilidad?

Es una reflexión sesgada, ¿acaso hay consentimiento real para las camareras de piso, las kellys o las jornaleras de Huelva? La preocupación por el consentimiento real solo aparece con el trabajo sexual. La mayoría de las trabajadoras sexuales comienzan a ejercer tras salir de trabajos precarizados por motivos económicos. Nadie utiliza la pobreza o vulnerabilidad de las kellys o las limpiadoras para negarles derechos laborales. El problema aquí es el componente sexual, que revela que somos una sociedad profundamente moralista y católica con respecto al sexo, a pesar de lo que se diga.

El feminismo del PSOE practica el ‘desputismo’ ilustrado. Todo para las putas, pero sin las putas

¿Cuál es la mayor dificultad a la que se enfrentan al defender la regulación en el actual clima de debate político?

La mayor dificultad es la desinformación, los bulos y los ataques personales. Constantemente se nos acusa de ser el lobby proxeneta. Es irónico, porque desde el abolicionismo se ha llegado a blanquear a proxenetas convictos, como ocurrió con el caso de ‘El Músico’, que fue promocionado por figuras como Mabel Lozano y Amelia Tiganus, y que después reincidió en el tráfico de mujeres y ellas no comentaron nada sobre ello. Es muy violento que a nosotros se nos acuse de ser proxenetas.

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