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Vox pierde el voto de Idoia Ribas

La portavoz de Vox en el Parlament, Idoia Ribas

La portavoz de Vox en el Parlament, Idoia Ribas / B. Ramon

Matías Vallés

Matías Vallés

No importa cuántas veces se le reitere a un tránsfuga que su único día de gloria coincide con el abandono de la manada. Confunden el estallido de la supernova, regado por la adrenalina de la emancipación, con el comienzo de una carrera rutilante. En realidad, el tránsito solo conduce a un agujero negro, ya se trate de Montse Seijas (¿quién?) o de Idoia Ribas (camino del ¿quién?).

La ley inamovible del eclipse de los tránsfugas no resta valor electoral a las acusaciones formuladas ayer en Palma contra el bastión de la ultraderecha. En concreto, Vox pierde el voto de Idoia Ribas, de valor incalculable en la estima de su propietaria, pero diluido en el anonimato al sumergirlo en la urna. Basta pronunciar otro nombre propio, Macarena Olona. O Iván Espinosa de los Monteros.

Por ponerlo en boca de Stalin, un favorito de la ultraderecha al igual que su imitador Putin, «¿El Papa cuántas divisiones tiene?» Con su dilatada transición de portavoz a no adscrita, la diputada ahora denunciante divide sin obtener beneficio alguno. El despecho diluye sus acusaciones, por no hablar de que los desvíos anómalos de fondos son característicos de todos los partidos. ¿Alguien para investigar cómo se financian las lujosas sedes de las formaciones?

Adorna a Idoia Ribas un elevado concepto de sí misma, cebado por una claridad expositiva superior a la media de su gremio. Sus confesiones algo tardías son oro para los historiadores, pues documentan por ejemplo la sumisión del PP balear al Vox español. El talón de Aquiles de la diputada ahora indignada es su ambición. Si se nos permite atraer de nuevo a Olona, dadas las notorias similitudes, la lista electoral de la andaluza tras una promoción mediática impagable recogió cinco mil votos en toda España. En cuanto a su presentación personal en Granada, atrapó a 432 votantes.

Se acabó. El error de Ribas no consiste en la sana decisión de largarse de Vox, sino en la pretensión calenturienta de que va a afectar desde el exterior al partido que todavía la define. Contribuye en cambio a la convicción de que, entre el PP y Vox, apetece quedarse con el de en medio.

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