Historia militar de Mallorca: búnkeres, cañones y fortificaciones con las que se preparó la isla para invasiones y guerras
Hasta bien entrada la década de 1990, las baterías de artillería protegían la isla ante un posible ataque. Un legado que aún permanece

Historia militar de Mallorca: estos son los búnkeres, cañones y fortificaciones con las que se preparó la isla para invasiones y guerras / Archiv Juan Bernardi Alberti
Frank Feldmeier
«En las condiciones actuales, una defensa eficaz es imposible». La frase, escrita en mayúsculas y subrayada en rojo, no proviene de los debates actuales sobre crisis geopolíticas, sino de un informe de 1935.
El documento concluía que Mallorca se encontraba en un “estado de completa indefensión”, expuesta a cualquier potencia extranjera que decidiera atacarla. El análisis evaluaba cómo se habían aplicado en las Baleares las directrices del Plan de Defensa de 1933, destinado a reforzar la artillería costera.
El contexto era alarmante: el conflicto de Abisinia acababa de estallar, con la Italia fascista invadiendo el reino africano, y dejaba claro lo vulnerable que resultaba el archipiélago en el corazón estratégico del Mediterráneo.
Según el historiador militar Juan Bernardo Albertí Dumas, esta situación se repitió durante décadas: cada crisis reactivaba los planes de defensa, pero al disiparse el miedo, los presupuestos se recortaban y las obras quedaban inconclusas. Cuando finalmente se terminaba una instalación, ya estaba obsoleta.
De piratas a cañones
La defensa costera no era nueva en Mallorca. Durante siglos, la isla se protegió de piratas y conquistadores con torres de vigilancia, murallas y poblaciones alejadas del mar. Pero con la llegada de la artillería moderna en el siglo XIX, esas medidas resultaron insuficientes: había que modernizar la infraestructura militar.
De hecho, en 1529 se creó en Mallorca la primera unidad de artillería de toda España.
El plan de Franco
Entre 1894 y 1933 se elaboraron casi una docena de planes de defensa para la isla. El último destacaba por dos razones: su autor era Francisco Franco, entonces comandante militar en Baleares, y porque se trataba del proyecto más ambicioso, un plan maestro de tierra, mar y aire que buscaba garantizar la defensa autónoma de cada isla.
Las zonas más expuestas eran las bahías de Palma, Alcúdia y Pollença. En Palma, a la fortaleza de San Carlos se sumaron después Ciutat Jardí, Illetes, Cap Blanc y El Toro, creando un sistema de posiciones cruzadas para frenar a los enemigos desde lejos.
Tres ejemplos de fortificaciones
- San Carlos (Porto Pi): fortaleza del siglo XVII reforzada en 1889 con artillería pesada y, más tarde, con focos y defensas antiaéreas.
- Torre d’en Pau (Ciutat Jardí): levantada en 1898, con ocho cañones apuntando al mar y almacenes subterráneos de munición.
- Rafeubetx (El Toro): un complejo de túneles, búnkeres y una sala de mando subterránea, equipado con tres cañones Vickers de 30,5 cm provenientes de buques de guerra, capaces de alcanzar 30 km.
Rafeubetx formaba parte de las cuatro grandes posiciones defensivas previstas, junto con Cap Blanc, Cap Formentor y Cap Farrutx.

Historia militar de Mallorca: estos son los búnkeres, cañones y fortificaciones con las que se preparó la isla para invasiones y guerras / Archiv Juan Bernardi Alberti
Búnkeres frente al mar
La Guerra Civil Española evidenció otra debilidad: la facilidad con la que las milicias republicanas desembarcaron en 1936 en la costa este. Aunque fueron repelidas semanas después con ayuda fascista italiana, quedó claro que la costa debía blindarse más allá de los puertos.
Nació entonces la línea Tamarit, una red de nidos de ametralladoras y búnkeres de hormigón camuflados con piedra local. Para 1943, un informe contabilizaba 196 proyectos en Mallorca; finalmente se construyeron 173, operativos hasta los años 60.
Con la Segunda Guerra Mundial, también se temieron ataques aéreos. El Plan Kindelán de 1940 modernizó la artillería y añadió piezas de tiro parabólico. Ejemplos como la invasión alemana de Noruega y Dinamarca o la Operación Torch en el norte de África reforzaban esa sensación de vulnerabilidad.
El posterior Plan 43 priorizó las baterías costeras existentes, pero la escasez de materiales dejó muchas obras a medias.
El final de una era
Al no producirse ataques reales, las carencias nunca pasaron factura. Durante décadas solo se realizaron maniobras militares, hasta que en 1994 se disparó el último proyectil desde Cap Blanc.
Desde 1964 había comenzado el desmantelamiento de los búnkeres, aunque muchos aún siguen en pie, especialmente en playas como Es Trenc, cubiertos de grafitis o versos.
Algunas instalaciones se han reconvertido:
- Cap Enderrocat es hoy un hotel de lujo.
- Torre d’en Pau, un parque urbano frecuentado por deportistas y gatos.
- San Carlos, un museo militar que conserva restos de las antiguas baterías.
El resto han quedado como ruinas o lugares abandonados.
Un legado visible
Según Albertí, todavía es fácil reconocer estas antiguas defensas: «Son los pocos espacios naturales que quedan en una costa mayoritariamente urbanizada». Una especie de homenaje involuntario a los defensores de Mallorca.
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