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Sanitarios que aprenden catalán en Baleares aunque no sea obligatorio: «Quiero entender a mis pacientes»

Aunque ya no es obligatorio en Baleares, algunos sanitarios deciden aprender la lengua por voluntad propia con los cursos del Ib-Salut, ya sea por integración, respeto, empatía con los usuarios o incluso para lograr más puntos en las oposiciones

Imagen de archivo de uno de los cursos voluntarios para sanitarios que se impartieron el invierno pasado.

Imagen de archivo de uno de los cursos voluntarios para sanitarios que se impartieron el invierno pasado. / Ib-Salut

Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

En Baleares ya no es obligatorio saber catalán para trabajar en la sanidad pública, pero hay profesionales que lo estudian igual. Por vocación, por integración, por empatía con sus pacientes o incluso para conseguir más puntos en las oposiciones. Hace dos años que este Govern eliminó el requisito de un determinado nivel de catalán, hasta entonces obligatorio, y lo permutó por una serie de cursos que los sanitarios pueden hacer de forma voluntaria. «Quiero aprender catalán para entender a mis pacientes», explica Francesca Lama, matrona italiana que trabaja en Atención Primaria. Como ella, más de 400 profesionales de la sanidad han pasado ya por los cursos que ha puesto en marcha el Ib-Salut.

Se imparten desde el curso 2024/2025 y su inscripción es voluntaria. Están pensados específicamente para personal sanitario, con clases adaptadas al léxico del ámbito de la salud. De momento, se han ofrecido dos niveles: uno inicial (A2) y uno de nivel intermedio (B1), y se mantendrán activos, según el Govern, hasta 2027. Las clases pueden realizarse de forma presencial o en línea, aunque no hay grabaciones disponibles para quienes no puedan asistir en directo.

El libro de catalán B1 incluye vocabulario específico y simulaciones para atender a los pacientes en diferentes contextos, como urgencias o por teléfono.

El libro de catalán B1 incluye vocabulario específico y simulaciones para atender a los pacientes en diferentes contextos, como urgencias o por teléfono. / DM

Desde saludar hasta conversar sobre síntomas

Para las formaciones, el Ib-Salut ha desarrollado dos manuales específicos: ‘Salut! Català per a professionals de la salut’, en ambos niveles. El primero está orientado a quien aprende la lengua desde cero. Contiene unidades temáticas que abordan desde el saludo básico hasta conversaciones relacionadas con síntomas comunes o el entorno hospitalario. El segundo, de nivel B1, amplía contenidos con más terminología específica, prácticas sobre atención telefónica, explicaciones sobre intervenciones o cómo guiar una visita domiciliaria.

El libro del nivel inicial imparte un catalán básico con ejercicios para situaciones comunes en el mundo sanitario.

El libro del nivel inicial imparte un catalán básico con ejercicios para situaciones comunes en el mundo sanitario. / DM

Ambos libros incluyen audios, fichas de vocabulario, ejercicios de comprensión lectora y propuestas orales para practicar en grupo. Están pensados para que el profesional pueda desenvolverse en situaciones habituales del entorno sanitario, con frases y expresiones útiles que reproducen situaciones reales.

La matrona Francesca Lama, de 37 años, se apuntó al curso del nivel inicial el pasado invierno. Llegó a Mallorca hace dos años y trabaja en el centro de salud de Santa Ponça. Aunque su contacto con pacientes catalanohablantes es limitado («cuando ven que soy extranjera me hablan directamente en castellano», asegura), cree que conocer la lengua de la región en la que vive es «una muestra de respeto» y una forma de acercarse a la realidad de las islas. «Fue una muy buena experiencia. El curso me ayudó mucho. Nuestra profesora lo impartió con mucha entrega y consiguió motivarnos, pese a que todos los alumnos veníamos cansados de trabajar», recuerda.

Francesca Lama, matrona en Santa Ponça.

Francesca Lama, matrona en Santa Ponça. / DM

Junto a unos 15 compañeros, Francesca se preparó y aprobó el examen oficial de nivel A2, pese a que no era obligatorio. «Me interesa seguir aprendiendo. No porque me lo exijan, sino porque me gustaría hablarlo con más soltura. Todavía me da vergüenza, pero quiero superarlo», reconoce: «Me gustaría apuntarme al próximo curso y seguir aprendiendo».

Christian di Giorgi, médico digestivo en Son Llàtzer, también se inscribió al curso inicial y ya está apuntado al B1. Nacido en Venezuela y criado en Galicia, llegó a Mallorca en 2020. «No lo hice por puntos ni por méritos. Me apetecía. Quiero integrarme, en mi círculo de amigos se habla mucho catalán, y conocer el idioma ayuda a acortar distancias», explica. Cree que, aunque muchos pacientes se adaptan y cambian al castellano, entenderlos en catalán «es un plus». «Sobre todo las personas mayores. A algunos pacientes les cuesta el castellano. Saber que pueden expresarse en su lengua les da tranquilidad», añade.

Christian di Giorgi, médico digestivo en Son Llàtzer.

Christian di Giorgi, médico digestivo en Son Llàtzer. / DM

Reconoce que todavía le cuesta soltarse en catalán «por vergüenza», pero valora positivamente el curso que hizo (no por menos está apuntado al siguiente) y el material que le facilitió el Ib-Salut: «Está bien organizado, es visual y útil», dice. Y añade: «Si vives aquí y compartes vida con gente que habla catalán, aprenderlo es una forma de sentirte parte».

Sanitaris per la Llengua lo ve «insuficiente»

Los cursos, en general, han tenido buena acogida por parte de los participantes. Sin embargo, desde la plataforma Sanitaris per la Llengua, impulsada por profesionales del sector con el apoyo de la OCB, consideran que esta iniciativa, aunque positiva, no compensa la supresión del catalán como requisito.

El secretario de la plataforma, Tomeu Ramis, reconoce que el material elaborado por el Ib-Salut y el Institut d’Estudis Baleàrics es adecuado, pero advierte: «Son cursos muy básicos, con horarios muy restringidos, y sin garantías de acreditación oficial. No basta, es insuficiente». Critican también que solo se ofrezcan en horario de tarde (de 16 a 18 h) y que no se integren dentro del horario laboral. «Se deja toda la responsabilidad en manos de los profesionales, cuando en realidad es una necesidad asistencial del sistema», apunta.

La plataforma ya denunció en su momento que el Ib-Salut ni siquiera tiene registrado qué profesionales acreditan algún nivel de catalán, y que en las últimas oposiciones se admitieron candidatos sin título, que luego accedieron a plazas fijas sin haber demostrado ese conocimiento.

Para Ramis, el problema no es solo normativo, sino estructural: «No se puede garantizar una atención sanitaria de calidad si los profesionales no entienden la lengua de los pacientes. No es una cuestión de ideología, es un derecho». Por eso, considera que los cursos básicos no sustituyen al requisito de la lengua. «Es un lavado de cara», zanja.

Con todo, los cursos son útiles para mejorar las competencias lingüísticas, y hay profesionales que se apuntan con una actitud proactiva. Pero también hay voces que reclaman más ambición y compromiso con la lengua por parte del Govern. Mientras tanto, algunos profesionales, por iniciativa propia, siguen aprendiendo catalán porque creen que hablar el idioma de sus pacientes es, también, una forma de cuidar.

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