En contra
Joan Lluís Ferrer, autor de 'Ibiza Masificada': «Mallorca sigue estable dentro de la gravedad, Ibiza está en paliativos»

Joan Lluís Ferrer, autor de 'Ibiza Masificada': «Mallorca sigue estable dentro de la gravedad, Ibiza está en paliativos » / Toni Escobar
Joan Lluís Ferrer (Ibiza, 1967) es el autor de la «novela de terror» canónica Ibiza: la destrucción del paraíso, que ahora redondea con Ibiza masificada. ‘Así nos expropian la isla y nos expulsan de ella’. Licenciado en Ciencias de la Información en el País Vasco, ha trabajado su asignatura durante treinta años en el Diario de Ibiza,
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Se puede ser ibicenco?»
Cada día es más difícil. Hablar en catalán es una odisea en grupos restringidos, escasean los platos ibicencos, estamos en progresiva extinción.
El mallorquín también está al borde del exterminio.
Vamos a ver, me gustaría que fuera al revés, pero por desgracia os llevamos ventaja. En primer lugar por una cuestión numérica. En segundo, porque Ibiza tiene un apego mucho menor a su cultura. En Mallorca subsiste una conciencia de identidad y tradición, aunque sea de lo nostro.
Y en Ibiza no preocupan mucho los mallorquines.
Es recíproco, porque a vosotros nunca os ha interesado Ibiza. Tenemos por un lado la Comunidad Autónoma de Mallorca e islas adyacentes, y por la otra Ibiza/Formentera, que van siempre por su cuenta.
Defina de una vez las dos islas más pobladas del archipiélago.
Mallorca preserva cierta racionalidad, porque sois romanos y nosotros, fenicios. Parece una extravagancia, pero esta diferencia en origen nos hace caóticos, codiciosos, pasados de rosca. Un espabilado vendía aire de Ibiza envasado, cualquier día comercializarán la sombra de los pinos ibicencos.
Nunca pensé que Ibiza saltaría de marca mundial a símbolo negativo.
No entiendo cómo logran engañar masivamente a millones de turistas. Mallorca tiene un cierto equilibrio, se halla en situación estable dentro de la gravedad, Ibiza está en cuidados paliativos. La bomba ha estallado, solo queda el recuerdo de lo que fue.
Se quejan de Arran, pero son peores los Instagramers.
Son una pesadilla, por no hablar de Google Maps. Rincones que en 27 siglos solo habían sido pisados por un centenar de personas, ahora reciben a miles en un verano. Es la ‘marabuntización’ de la isla, ves un pino solitario por la noche y debajo hay una chabola.
No me iría de vacaciones a Ibiza o a Mallorca, ni loco.
Por supuesto, pero se les sigue engañando con la publicidad de «Playas de Ibiza» desiertas, con una gaviota en el cielo. Después te piden doscientos euros por una hamaca.
¿Está más saturada Ibiza que Mallorca?
Sin duda. Tenéis 17,4 turistas por habitante, una burrada, pero nosotros llegamos a 27,6. Somos el segundo destino más masificado del planeta después de Andorra, que no es una isla. Nosotros no podemos escapar, el paraíso se ha convertido en una cárcel.
Hasta al hablar de destrucción aparece el dichoso «paraíso».
Me pregunto cuándo lo fue. Mis padres nacieron en el que era el lugar más pobre de España en el momento más pobre de la isla. A mi padre le prometieron que «serás pastor de cabras», un planazo que te cagas. Hemos saltado del primitivismo al tremendismo masificado, sin solución intermedia.
Los hijos burgueses de los hippies no pueden pagarse Ibiza.
Ni los de aquí tampoco, te piden barbaridades. El alquiler y la compra quedan reservados a los superricos. Desde la residencia de Cáritas con lista de espera se ven los macroyates, y no es una metáfora. El reflejo de los faros del Ushuaia ilumina un asentamiento chabolista.
En otro libro superpuso Magaluf y San Antonio.
Tenía mucha curiosidad por conocer Magaluf. ¿Es peor que San Antonio? Sí, aquí ganáis, aunque nosotros llevemos cuatro precipitados en la zona este año. No hay ningún destello de esperanza, son dos lacras de difícil solución.
En mi primera noche en San Antonio, los padres le daban alcohol a su bebé en el cochecito.
Hay que irlos preparando. Se siguen viviendo escenas así, piensa en el hotel del estruendo permanente en San Antonio.
También nos han adelantado ustedes en ‘balconing’.
Se vende que los chicos que mueren son borrachos profesionales, y no. La biografía de estos chavales demuestra que la mayoría son majos, estudiosos, deportistas sin alcohol en manos de agencias de ‘pub crawling’ que les han metido un embudo en la boca para emborracharlos.
Nadie alegará que ibicencos y mallorquines no nos quejamos.
En el libro recuerdo que el ibicenco es bastante hipócrita. Me felicitan con un «cuánta razón tienes», y a continuación se van a pedir una licencia urbanística. El enemigo no ha venido de fuera, los autores de este estropicio somos los ibicencos. Cuántos han vendido la mitad de su finca a una urbanizadora, para quejarse después de la falta de agua y del exceso de ruido de los vecinos.
Nuestras islas no nos pertenecen, pero todavía les pertenecemos.
Ya solo aspiramos a que no nos echen de Ibiza. Recuerdo el eslogan naïf de «no sobra ningún turista». Pues sí, sobran la mitad.
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