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El tóxico dragón azul, avistado por segunda vez en Mallorca

La presencia del rarísimo Glaucus atlanticus en aguas baleares vuelve a sorprender a científicos y bañistas por igual

El dragón azul en Cala Molins, en Pollença, en una fotografía cedida por un lector a Diario de Mallorca.

El dragón azul en Cala Molins, en Pollença, en una fotografía cedida por un lector a Diario de Mallorca.

Palma

Cala Molins, en el municipio mallorquín de Pollença, ha sido escenario de un fenómeno natural excepcional. Un ejemplar de dragón azul (Glaucus atlanticus), una de las criaturas más singulares y escasas del océano, ha sido avistado de nuevo este jueves después de que, hace apenas unos días, la bióloga marina Gádor Muntaner documentara por primera vez su presencia en Baleares tras más de tres siglos sin registros.

El nuevo hallazgo ha generado un gran revuelo en redes sociales y entre la comunidad científica, ya que no se descarta que se trate de un segundo ejemplar que haya llegado a la isla arrastrado por las corrientes marinas, o bien del mismo individuo detectado anteriormente. De momento, no se ha podido confirmar si el avistamiento corresponde al mismo animal, dado el reducido tamaño de esta especie —entre 3 y 4 centímetros— y la imposibilidad de marcarlo o identificarlo visualmente con precisión.

¿Qué es el dragón azul?

El Glaucus atlanticus es un nudibranquio pelágico, sin concha, que flota boca abajo y se desplaza a merced de las corrientes. Su aspecto recuerda a una criatura mitológica: su cuerpo presenta vivos tonos azules, plateados y grises, con apéndices ramificados que asemejan alas, lo que le ha valido el nombre común de “dragón azul”.

Aunque se encuentra habitualmente en aguas tropicales y subtropicales del Atlántico, es extremadamente raro en el Mediterráneo. Hasta ahora, los registros más cercanos se habían producido en la costa levantina —como el de Alicante en 2023— y en las Islas Canarias. La aparición reiterada de este molusco en Mallorca abre nuevas preguntas sobre su distribución y posible desplazamiento con el cambio climático y las alteraciones de las corrientes oceánicas.

Más allá de su belleza, el dragón azul esconde una poderosa defensa química. Se alimenta de organismos urticantes como la carabela portuguesa y es capaz de almacenar sus toxinas, concentrándolas en su propio cuerpo. Aunque su picadura no es mortal para el ser humano, puede causar dolores intensos, irritaciones, náuseas y vómitos. Por ello, los expertos insisten: “Observar, pero no tocar”. El dragón azul continúa cautivando por su apariencia casi irreal, pero también sirve de recordatorio sobre la fragilidad de los ecosistemas y el impacto del cambio climático en la biodiversidad marina.

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