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Prohens va más lejos que Bauzá

La presidenta no se atreve a defender en público el documento impuesto por Vox que tampoco firma

Archivo - La portavoz del grupo parlamentario VOX, Manuela Cañadas (i), y la presidenta del Govern, Marga Prohens (d).

Archivo - La portavoz del grupo parlamentario VOX, Manuela Cañadas (i), y la presidenta del Govern, Marga Prohens (d). / EP

Matías Vallés

Matías Vallés

Marga Prohens ha ido mucho más lejos que José Ramón Bauzá. La sumisión del PP a Vox, en un documento que la presidenta de Balears acata vergonzantemente sin atreverse a darle su nombre, conlleva el mayor ataque contra el catalán formulado jamás desde un Govern. Los 17 puntos al respecto destilan un menosprecio manifiesto a la «lengua propia» del Estatut, bombardeada desde todos los flancos. Madrid vuelve a gobernar Mallorca. No desde Génova ni Ferraz, sino desde Santiago Abascal.

Con los 43 puntos que Vox le embucha al PP, ya son 153 los apartados suscritos en esta legislatura, a razón de dos imposiciones semanales de la ultraderecha moderada. El «Acuerdo entre el Grupo Parlamentario Vox y el Grupo Parlamentario Popular» nombra a los partidos que suscriben por orden jerárquico. Mejor dicho, solo nombra a uno de ellos. El Govern está tan avergonzado de sus cesiones que se enmascara de «Grupo Popular», a diferencia del orgulloso «Acuerdo de PP y Vox para el Gobierno de las Islas Baleares», donde se explicitaban las siglas y se citaban de acuerdo con su representación parlamentaria. El contenido actual se ciñe a las obsesiones de la extrema derecha. A saber, Viva Franco, Inmigrantes (Pobres) Fuera y Muerte al Catalán.

Por si el orden Vox/PP reafirmado en las rúbricas no fuera suficiente, el Acuerdo que debe facilitar los presupuestos al Govern no está firmado por ningún miembro del ejecutivo. Solo el sacrificado Sebastià Sagreras estampa su rúbrica, por detrás de la dominante Manuela Cañadas de Vox. Ninguno de ellos es sospechoso de haber redactado ni una línea del texto, por fortuna dadas sus limitadas capacidades en este terreno. Prohens no solo se niega a firmar, para abrir la puerta a desmarcarse en el futuro. Convocó además a la prensa antes de que se conociera el contenido anticatalán del documento, para evitar preguntas insidiosas sobre su decapitación lingüística.

Bauzá no se hubiera atrevido a decretar con su mayoría absoluta que el castellano está discriminado en Balears, como acaba de hacer el PP (perdón, el Grupo Popular). La humillación es de tal calibre que la presidenta no se atreve a defender en público el documento impuesto por Vox, que tampoco firma. Como bien dice Cañadas, leyendo aplicada la valoración remitida desde Madrid, «el PP reconoce que las políticas de Vox son las correctas».

Después de haber denigrado al catalán en beneficio de la perseguida lengua del Imperio, todos los políticos citados en este texto pueden aprovechar su repentina pasión cervantina para estudiar el castellano con cierta aplicación. Buena falta les hace, a la vista de sus deplorables intervenciones en el idioma que desean proteger de la contaminación catalana. Si la legislatura cumple con este objetivo pedagógico, estará bien empleada. El Govern quiere dar la espalda sin dar la cara, maniobra política especialmente arriesgada incluso en ausencia de una izquierda digna de tal nombre. Por eso puede traicionarla miserablemente, derogando la Ley de Memoria.

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