En contra
Natalia Bueno, expresidenta de los APIS: «No puedo más, Mallorca es muy cara y me voy a Galicia»

Natalia Bueno, expresidenta de los APIS. / Manu Mielniezuk

Natalia Bueno (Sant Celoni, 1967) ha ejercido de Agente de la Propiedad inmobiliaria durante 37 años. Fue presidenta durante cuatro años del Colegio y la Asociación de APIs de Balears. Tiene una inmobiliaria en Binissalem y residencia en Lloseta hasta finales de 2025, porque los precios de la vivienda en Mallorca y la saturación la han obligado a una solución radical.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿La situación de la vivienda se ha hecho insostenible?».
Es muy complicado tener casa en Mallorca. No me renovarán el alquiler y comprar aquí cuesta mucho. Si trabajas honradamente, no te lo puedes permitir.
¿Qué decisión ha tomado?
No puedo más, cambio de vida, Mallorca es muy cara y me voy a Galicia. A finales de año traspaso el negocio y me marcho. He comprado por 120 mil euros una casa de 600 metros cuadrados de la que me enamoré y que adaptaré a un agroturismo en Viveiro, la última ría de Lugo antes de llegar a Asturias. Está a medio camino entre los aeropuertos de Santiago y Gijón.
¿Cómo consiguió esa ganga?
La casa era el fruto de una herencia y la tenía un convento en propiedad. Me señalaron un precio y respondí que «se me escapa del presupuesto». Le expliqué a la monja mi proyecto y mi propuesta económica. ¿La respuesta? «Me gusta, te la vendo».
¿Qué razonamiento la impulsa?
Sé que ha llegado el momento de irse. Por un lado va la edad biológica, ya no estoy para trabajar doce horas diarias y los fines de semana. En cuanto a tener una casa en Mallorca, se necesitan de 400 mil euros hacia arriba y no dispongo de esa cantidad. Además, la isla se ha transformado en los últimos quince años. En verano, ni te planteas ir a los sitios, a Sóller ni en enero. Se ha deteriorado la calidad de vida y ha subido su coste.
¿Qué dicen al respecto sus compañeros APIs?
Me felicitan por mi decisión de marcharme. Muchos me dicen «qué envidia», porque están muy quemados. Sobre todo los administradores de fincas.
¿Conoce a más gente que se vaya?
A mucha gente, cada vez más. Una frase muy frecuente es «me he comprado una casa en Asturias (o en Cantabria), de momento será mi segunda residencia y después me jubilaré allí».
Me refiero a gente obligada a marcharse.
Más de una tercera parte de los mallorquines se hallan en esta situación de incertidumbre, de quedarse en la calle. Los jubilados que han vivido de alquiler están al pairo, y tienen que marcharse de la isla. Compran casa en la Península y después te dicen desde allí que «estamos encantados de la vida».
En Mallorca solo se quedarán las personas que están vendiendo casas.
Tengo que decir que también me influyó que Competencia nos tumbara el registro obligatorio de los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria. Con la voluntariedad, hay un montón de impresentables haciendo este trabajo. Nos consideran los culpables, los especuladores, nos meten a todos en el mismo saco por culpa de unos indocumentados.
Siempre puede usted ir a las manifestaciones por la vivienda.
Apoyo totalmente las manifestaciones, pero cuando me invitaron a asistir les dije que «de verdad que vendría, pero no sé si sería bien recibida». Las principales culpables son las Administraciones, que en los ochenta dejaron de construir vivienda social.
También se han realizado acciones concretas contra agencias inmobiliarias.
La responsable de una agencia a la que hicieron un escrache me contaba que «el 70 por ciento de nuestros clientes son mallorquines, que quieren exprimir su casa y exigen cobrar un millón por ella». Después vienen con el dinero así obtenido a mi oficina de Binissalem, donde no trabajo el lujo, y me piden algo asequible para comprar.
Tal vez haya una solución.
No, porque no podemos limitar la población, y los precios seguirán subiendo mientras quiera venir gente con mayor poder adquisitivo que nosotros. Todos los alemanes sueñan con tener una casa en Mallorca, y nos triplican en capacidad económica. Se instalarán en Calvià o Pollença si pueden, y si no, en cualquier pueblo del interior
Aparte de que se dan unos aires imperiales.
Descuelgas el teléfono y escuchas el «Sprechen Sie Deutsch?». Les respondes que en inglés o castellano. Si incluyes el catalán, te replican «Jajaja», que no me parece muy respetuoso. Le dije a un alemán que «esa casa cuesta un millón de euros, es clase alta». Me replicó que «un millón de euros es clase media».
¿Y del alquiler qué me cuenta?
Ya es más complicado alquilar que vender. Antes metías directamente a la persona en un piso, ahora necesitas nóminas, comprobar que no sean falsas, las células. Y con clientes que no quieren perros ni niños, para que no se pueda invocar estado de necesidad, a ver cómo te lo comes. Menorca todavía conserva el trato humano, pero aquí se está perdiendo el respeto a la palabra dada, hay una empatía nula.
Tal vez sufrirá morriña de Mallorca.
Desde luego, pero volveré a visitar a mis amigos y ellos también vendrán al agroturismo. Hasta me han hecho ver As bestas para disuadirme, pero la decisión está tomada.
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