Salud mental
La música: un salvavidas para los menores de Psiquiatría en Son Espases
Los talleres de la Escuela Municipal de Música ayudan a los jóvenes ingresados a relacionarse, expresar lo que sienten y canalizar las emociones: «Está demostrado que les ayuda en su recuperación»

Los niños del Psiquiátrico y los alumnos de la Escuela Municipal de Música de Palma el día del concierto. / Manu Mielniezuk
Son las siete de la tarde y en el área de Psiquiatría Infantil de Son Espases empieza un concierto. Una quincena de menores pacientes del Instituto Balear para la Salud Mental de la Infancia y la Adolescencia (IBSMIA) observan con timidez al grupo de alumnos de la Escuela Municipal de Música de Palma que ha venido a tocar. Cuando empieza la función entre los menores hay miradas esquivas, incluso cierta desgana. Una hora después, la escena es radicalmente diferente: risas, aplausos e incluso uno de los jóvenes se anima a coger el micrófono para cantar en un karaoke improvisado.
«La música cura porque conecta directamente con las emociones», explica el director de la Escuela Municipal de Música, Félix Aguiló. Para los jóvenes no es un simple concierto: la visita de estos músicos cada tres meses es el broche a una serie de talleres musicales semanales que organiza desde hace dos años el IBSMIA en Son Espases. Para los niños, aprender música es un respiro emocional en procesos vitales a menudo dolorosos y complicados.

Los sanitarios del Psiquiátrico de Son Espases también se animaron a bailar en el concierto de la Escuela Municipal de Música. / HUSE
Mejora la evolución de los pacientes en la fase aguda
La supervisora de enfermería del IBSMIA, Eugenia Nadolu, explica que se decidió apostar por estos talleres creativos porque han comprobado que ayudan a la recuperación de los adolescentes. «Abrir espacios a talleres artísticos en la fase aguda de la enfermedad mejora notablemente la evolución de los pacientes. Es una ventana hacia la salud», afirma. «Muchos niños ingresan sin saber cómo expresar lo que sienten. La música, como la pintura o la cocina, les da un lenguaje alternativo para canalizar emociones que no saben explicar con palabras», añade.
El cambio es evidente a simple vista: los niños que llegan con cierta reticencia acaban participando y son los que más disfrutan. «A veces hay que insistirles mucho al principio, pero al final se lo pasan muy bien y lo agradecen», admite Nadolu. Según la enfermera, casi todos los menores que pasan por la unidad —unos 250 al año, aproximadamente— han participado en los talleres musicales.

Músicos de la Escuela Municipal el día del concierto en Son Espases. / HUSE
Un proyecto: Mutare Mundu
La iniciativa surgió cuando el director de la Escuela Municipal vio la necesidad «urgente» de acercar la música a jóvenes con dificultades emocionales. «Creamos un proyecto llamado ‘Mutare Mundu’, pensado para adolescentes ajenos a la escuela. Enseguida nos dimos cuenta de que necesitábamos ayuda de los profesionales sanitarios para llegar también a los chicos ingresados con problemas de salud mental», comenta Aguiló.
Estos talleres, detalla, no buscan impartir técnica musical ni una perspectiva académica, sino ofrecer a los adolescentes un primer contacto relajado y alegre con la música. «No se trata de aprender a leer partituras, sino de expresarse, divertirse y sentirse capaces. Hay niños que nunca habían tocado un instrumento y aquí descubren que pueden hacer música, que pueden sentirse bien», añade.
El director cuenta que ha llegado a ver como niños con dificultades para relacionarse o problemas psicológicos severos se animan a cantar o incluso bailar con los demás en estos talleres. «Una vez, una psicóloga me dijo que nunca había visto a sus pacientes así de positivos, con energía, alegres. Los sanitarios nos agradecen mucho la experiencia», recuerda.
Además, los talleres también tienen continuidad fuera del hospital: cuando reciben el alta, a los pacientes se les da la opción de inscribirse en la escuela. Aunque pocos han dado este paso, el simple hecho de que se planteen la posibilidad ya es un avance para Aguiló: «Es plantar una semilla, que tengan esa alternativa es importante. Es un recurso más que tienen a mano si en algún momento lo necesitan, y saben que funciona muy bien», matiza.
La pandemia dispara la demanda asistencial
En el IBSMIA las iniciativas de este tipo son cada vez más importantes, especialmente después de la pandemia. Nadolu reconoce que la demanda asistencial ha aumentado considerablemente: «Antes la unidad rondaba un 40 o 50% de ocupación. Después de la pandemia siempre estamos cerca del 100%». Los trastornos que más han aumentado, explica, son los relacionados con la desregulación emocional y los problemas de conducta alimentaria, derivados a menudo de ansiedad y sentimientos profundos de soledad.
Las familias también valoran muy positivamente estas actividades. Lo explica el padre de uno de los niños ingresados durante el concierto: «Mi hijo se lo pasa realmente bien aquí. Como padre es un alivio verlo disfrutar y saber que están todos juntos y acompañados en estos momentos difíciles», expresa. Así, en Son Espases, la música se transforma en terapia y bienestar emocional. Una hora de canciones, percusión y risas que ayuda a sanar heridas que no se ven, pero que duelen. La Escuela Municipal acude cada semana y lo demuestra: la música también cura.

Al acabar el concierto de la Escuela Municipal de Música, se repartieron las galletas que hicieron los menores en el taller de cocina. / HUSE
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