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Opinión

Escarrer tiene razón pero no perdón

Escarrer, presidente de Meliá.

Escarrer, presidente de Meliá. / DM

Vaya por delante que Gabriel Escarrer tiene razón pero no perdón, en el estupendo artículo que le han escrito. Pide exclusividad pero no disculpas, en un retrato al desnudo sin precedentes en su gremio. La omisión de la enmienda y la penitencia despierta la suspicacia sobre si el Über-hotelero titula «¿Hacia la segunda balearización?» en denuncia de un nuevo capítulo de la depredación interminable, o escandalizado ante la hipótesis de que no vaya a encabezarla como la primera extinción, que además lleva su apellido.

Sentadas las limitaciones de un discurso hotelero de parte, el alquiler turístico es la propuesta más tóxica que podría concebirse para apuntillar a Mallorca. La patronal del sector de «monte una planta siderúrgica colaborativa en su piso» ya hizo el ridículo en revolcones sucesivos por lo contencioso y lo penal. Su querella repulsiva contra Cort aconsejaría no volver a escuchar a los representantes del turismo de ruedecillas. El Tribunal Supremo fue más duro con los intrusos que Escarrer, cuando los magistrados se sintieron obligados a recordar a los demandantes que la existencia de hoteles en Palma no obligaba a convertir toda la ciudad en un hotel.

Así ven en Madrid a Mallorca, enloquecida y embrutecida. En algo coinciden los empresarios y sus parásitos. En cuanto les tocan los euros, se revuelven con un lenguaje de «desfachatez», «aberrante», «cinismo», «ofensivo», «que Dios nos coja confesados» o «dictadura hotelera». Por comparación con estos eructos que a Trump le costaría imitar, la Junta Hotelera y la juntilla del alquiler deben considerar esta aportación un prodigio de ‘finesse’, mientras el mallorquín asustado se pregunta como el chiste de Eugenio, «¿hay alguien más?» Solo un Govern atemorizado.

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