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Hablan las tres prostitutas en la charla organizada por la UIB en Palma: "Defender los derechos de las trabajadoras sexuales no es defender la trata"

Anabel, Irene y Sadira han expuesto ante una sala llena qué supone ser trabajadora sexual en la actualidad, las dificultades a las que se enfrentan y por qué deberían ser respetadas y escuchadas

Así ha sido la charla en la UIB "Hablan las prostitutas", organizada por el Comitè de Suport a les Treballadores Sexuals

Manu Mielniezuk

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

La Universitat de les Illes Balears (UIB) ha acogido esta tarde en el edifico de Sa Riera la charla Parlen les prostitutes, un evento enmarcado en el ciclo de actividades por el 8M que ha terminado llenando el aforo de la sala. Organizada con el apoyo del Comité de Suport a les Treballadores Sexuals (CAST), ha contado con la ponencia de Anabel, Irene y Sadira, tres voces diversas que han expuesto las complejidades y la realidad del trabajo sexual, habiéndose enfrentado en días previos a críticas de sectores abolicionistas como el Lobby de Dones.

El coloquio ha estado moderado por la profesora de Trabajo Social de la UIB Paloma Martín, quien ha rechazado las acusaciones y ha defendido el evento como una forma de dar a conocer la experiencia de personas que se dedican a una actividad "que no es recomendable para todo el mundo, como tampoco lo es la limpieza o el cuidado de personas".

Sadira, futura sexóloga, abrió el debate preguntando qué entendemos por trabajo sexual. “No es solo acceso carnal; incluye webcammers o strippers. También hay clasismo: una escort de lujo se ve mejor que una puta de calle”, afirmó, señalando cómo la moral judeocristiana en España estigmatiza la sexualidad de mujeres y colectivos LGTBIQ. Ha abordado el choque entre el colectivo de abolicionistas y proderechos en el feminismo español y, además, también ha criticado el modelo jurídico actual, señalando que la Ley Mordaza sanciona a trabajadoras y clientes administrativamente por "estar en la calle". “Defender los derechos de las trabajadoras sexuales no es defender la trata”, sentenció, citando al sindicato Otras.

Irene, trabajadora sexual independiente, ha denunciado las violencias estructurales que padecen las prostitutas: la Ley Mordaza, las leyes de extranjería y el estigma son algunas de las que ha señalado. “Si no nos vemos a nosotras mismas como víctimas, se asume que apoyamos el proxenetismo, por lo que quedamos de este modo silenciadas”, ha dicho, aludiendo a la reciente polémica con el Lobby de Dones. Un informe de CATS reveló que el 94% de 300 trabajadoras encuestadas en Murcia eran migrantes irregulares, enfrentadas a multas que dificultan permisos y a una persecución que reduce clientela e incrementa riesgos, como negociar el preservativo. “La criminalización del cliente aumenta el VIH y la violencia”, afirmó, abogando por derechos laborales y migración segura.

Anabel, madre y activista de Otras, ha relatado su experiencia trabajando en pisos. “La policía te coacciona cuando viene para que te declares como víctima, pero yo elijo conscientemente este trabajo por un tema conciliación familiar”, ha explicado. También ha criticado que se invalide su consentimiento –“¿viciado por dinero?, como en cualquier trabajo”– y ha hecho hincapié en cómo el abolicionismo la llevó a dejar el activismo por salud mental. “El estigma duele; mi hija me apoya, pero la atacan en redes. ¿Eso es feminismo?”, cuestionó.

En el turno de preguntas, con Judit, otra trabajadora sexual que ha estado más de diez años en clubes, se ha expuesto la precariedad de estos negocios: contratos basura y falta de derechos. La charla reavivó el debate sobre libertad de expresión y estigma, entre quienes piden ser escuchadas y quienes ven apología de algo incorrecto. Las ponentes coincidieron: “No negamos la trata, pero sin derechos, no hay seguridad”.

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