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La presidenta Prohens no habla la misma lengua que Vox

La líder del PP inicia por primera vez un diálogo serio con la izquierda al ser incapaz de entenderse con sus teóricos socios, que piden una revolución lingüística que elimine el catalán como requisito en la función pública y deje de ser vehicular en la educación. Una línea roja que Prohens no iba a cruzar.

Guillem Porcel

Guillem Porcel

Palma

Marga Prohens y Vox constataron ayer de forma definitiva que hablan la misma lengua pero no se entienden, después de un año en que la presidenta del Govern ha intentado descifrar sin éxito los mensajes de sus teóricos socios. Las caras largas de los diputados del PP en el Parlament evidencian que han entrado en territorio desconocido. Después de año y medio de relación ya no se fían el uno del otro y las conversaciones nunca llegan a buen puerto. Ambos se acusan de mentir, de intentar engañar y de no cumplir con la palabra.

Como el amor es una conversación, para entender la ruptura matrimonial entre Marga Prohens y Vox que ha dejado a Baleares sin presupuesto basta con leer a Delibes: «Ninguno de los dos éramos sinceros pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la simulación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos. Estábamos juntos y era suficiente».

Prohens empezó el día con un aviso de terremoto. Vox aseguraba en un comunicado que el PP estaba abierto a negociar sus propuestas lingüísticas, una noticia que fue rápidamente desmentida por el Consolat. Los populares estaban cerrando en ese mismo momento un acuerdo con la izquierda en el que se comprometían a mantener la ley de Memoria Democrática. La presidenta tuvo que tranquilizar personalmente a varios dirigentes políticos para que la negociación no descarrilara.

Durante el fin de semana, el PP jugó a dos bandas para dejar todas las puertas abiertas, con el objetivo de llegar con varias opciones al pleno, aunque las relaciones con Vox se rompieron definitivamente el lunes por la noche por el enrocamiento de los de Abascal con la lengua. Entonces Prohens avaló definitivamente el pacto con la izquierda.

El pleno comenzó 45 minutos más tarde de lo previsto porque el PP pidió varios recesos. Los populares trataban de convencer a la izquierda de que les dejaran al menos mantener el trámite de los presupuestos, aunque la negativa fue rotunda y la presidenta no tuvo más opción que renunciar a sus segundas cuentas.

Durante los momentos más tensos, la dirigente popular no pudo esconder su nerviosismo. Consultaba el móvil a cada momento, mientras su guardia pretoriana le iba dando indicaciones. Minutos más tarde, Prohens optó por poner la otra mejilla y no entró a confrontar con sus teóricos socios, si bien reconoció que «el problema aquí se llama Bambú», en referencia a la dirección nacional del partido.

Ahora, mientras el PP duda, Vox está envalentonado. Las encuestas señalan que vuelven a ser una fuerza en auge después de unos meses en que muchos les daban por muertos. Incluso el PP pecó de apriorismo e intentó dejarles en la estacada, pero la victoria de Trump en EE.UU. y la elección de Santiago Abascal como presidente de Patriotas por Europa, el partido que integra a Viktor Orbán y Marine Le Pen, han reactivado y encendido a sus bases. «Que recen para que no haya un diputado de Vox que sea fundamental para ellos, porque con este trato y estas mentiras, las negociaciones futuras serán diferentes», avisa Cañadas.

Después de un año y medio asumiendo como propias las exigencias de Vox, Prohens sale al encuentro de la izquierda para intentar aguantar la legislatura, aunque la réplica del líder de Més, Lluís Apesteguia, sonó a advertencia: «Usted me dijo que llegó a un pacto con Vox porque no tenía alternativa y eso no es cierto, Més le extendió la mano con una condición: no llegar a pactos con ellos en ninguna institución. Usted les eligió y han mantenido la dinámica de socio permanente. Solo ha venido a hablar con la izquierda para tratar de solucionar los problemas de un pacto que ha generado una gran inestabilidad de su Govern. Si quiere la mano extendida de la izquierda ha de ser por principios y permanente».

«En la vida has ido conociendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado. Esa idea te deprime y entonces es cuando buscas apresuradamente un remedio para poder arrastrar con dignidad el futuro. Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo», concluye el escritor vallisoletano. Porque al final ninguna de las dos lenguas cooficiales les ha servido para entenderse.

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