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Un bombero de Mallorca tras regresar de la zona cero de la dana: "Son kilómetros y kilómetros de destrucción"

Joan Vila, natural de Valencia, ha podido regresar a su tierra como parte del contingente balear que ha prestado ayuda en los puntos más afectados por la catástrofe

Cuenta como lugares que antes reconocía a primera vista ahora están destruidos

"Faltan albañiles, fontaneros. Mano de obra profesional", explica

Bomberos de Mallorca relatan su experiencia tras regresar de la zona cero de la dana

Guillem Bosch

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Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Cuando en el cuerpo de Bombers de Mallorca dio la posibilidad a los efectivos de ir a Valencia como voluntarios para echar una mano ante la catástrofe, Joan Vila fue de los primeros en ofrecer su ayuda. Valenciano de nacimiento, en concreto de una pequeña localidad situada a unos 60 kilómetros de la zona cero, ha regresado esta mañana a la isla junto a parte de sus compañeros con una sensación agridulce en el cuerpo, a medio camino entre la pena y la satisfacción.

"Ha sido muy duro. Cuando ves esa devastación te das cuenta de que es una cosa muy grande. Son kilómetros y kilómetros de destrucción", arranca el bombero valenciano. Ha formado parte estos últimos días del contingente balear desplazado a la Comunitat y ha tenido que volver a Mallorca para que otros compañeros se desplacen a localidades como Sedaví y continúen con las labores de ayuda.

Llegaron el domingo pasado, y esa misma noche ya se pusieron manos a la obra. "Todo estaba como el primer día. Ya el lunes nos repartieron por zonas y continuamos trabajando, ya que entonces estaba todo más organizado que cuando llegamos". Cuenta que, además de achicar agua, también tuvieron que llevar a cabo acciones de lo más cotidianas: "No todo fue ir a parkings y sacar agua. Había gente a la que le teníamos que abrir una puerta por ejemplo. Tocamos algún que otro ascensor también".

Sin embargo, incide en que el camino desde donde se hospedaban -en Gandía, a 80 kilómetros de la zona cero- hasta los puntos de actuación también fue devastador para el equipo. "Conforme te vas acercando, un paisaje que yo antes veía normal ahora es catastrófico. Hay coches por todo, encima de las farolas, empotrados contra barreras, todo completamente destruido. Antes de llegar al pueblo ya es muy impactante", lamenta Vila, quien ha recorrido decenas de veces las carreteras que ahora le parecían irreconocibles.

Y es que el sentimiento desolador de ver su tierra destrozada jugó un papel importante durante su estancia. Cuenta que, si bien fue "gratificante poder aportar un granito de arena en esta inmensidad", también fue "muy duro" para él contemplar todas esas escenas de desolación. Aun así, gestos como la inmensa ayuda de los voluntarios o la camiseta del equipo de fútbol de Alfafar que un niño les regaló conseguían levantarle un poco el ánimo.

"Lo de los voluntarios es algo admirable. Nosotros somos afortunados y tenemos detrás una institución que te da alojamiento equipo y demás, pero esta gente viene con sus medios y pagando todo de su bolsillo. Eso tiene un mérito especial", reconoce en referencia a las miles de personas que se han desplazado a los pueblos más afectados con tal de ayudar en, literalmente, cualquier cosa.

Una vez regresado, confiesa que "todavía queda trabajo para mucho tiempo porque no hay medios y hay gente que lo ha perdido todo" y hace un llamamiento para que, más allá de agua, comida y ropa, lo que se necesita es mano de obra. "Fontaneros, albañiles, se necesitan. Faltan este tipo de profesionales para poder devolver la normalidad, y nosotros hemos tenido que ayudar en este tipo de cosas".

"Volvería", sentencia con seguridad, aunque sabe que son 120 los voluntarios de los Bomberos de Mallorca y no le gustaría "quitarle el sitio a nadie".

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