Aniversario
Vigésimo quinto aniversario del Pacte de Progrés en Baleares: Aquella «tropa» lo hizo posible
Hace veinticinco años que las fuerzas progresistas de Baleares dieron el campanazo, cuatro mujeres y diez hombres alumbraron el primer gobierno de izquierdas.
Con ellos llegaron medidas pioneras y la polémica por la irrupción de la ecotasa, nada volvería a ser igual gracias a aquella «tropa», como la bautizó Aznar con su saña característica

El presidente Francesc Antich recibe a Jaume Matas en el Consolat de Mar, en septiembre de 1999. / Miquel Massutí

Cuando hace veinticinco años el progresismo se instaló en el Ejecutivo balear con el Pacte de Progrés a algunos les parecía que aquello era el mundo al revés Sobre todo a los que «estaban acostumbrados a nombrar al conseller de Turismo». Pero con el Govern Antich (1999-2003) «por primera vez lo hizo el presidente y no la patronal», rememora Miquel Rosselló, excoordinador de Esquerra Unida Baleares, que terminó aquella legislatura como conseller de Trabajo. «De la noche a la mañana nos encontramos pactando partidos. El PSOE era la primera vez que pactaba con la izquierda».
Los hombres y mujeres que acompañaron a Francesc Antich fueron pasto de la oposición más férrea por parte de los sectores tradicionales. Lo recuerda Pere Sampol, que acompañaba al líder socialista del primer gobierno de izquierdas como vicepresidente y conseller de Economía, Comercio e Industria, en representación del PSM. Algún afamado periodista madrileño hizo «sus prácticas de fake news en las Islas Baleares». «Que hubiera un gobierno progresista y nacionalista en el archipiélago era un hecho inédito», subraya, porque «los grupos de presión de toda la vida —no solo las cadenas hoteleras y sus turoperadores» y menciona a los constructores— «habían impuesto sus intereses a gobiernos dóciles».

La imagen oficial del Govern del Pacte de Progrés constituido hace un cuarto de siglo. / Óscar Pipkin
«Fuimos pioneros también en que a nivel de todo el Estado por primera vez los verdes llegaban a un gobierno», dice Margalida Rosselló, la que fuera consellera de Medio Ambiente. «Lo que nosotros intentamos impulsar no eran solo los temas ambientales, sino también mejorar a nivel social y cambiar el sistema económico».
Desde Medio Ambiente la ecologista, en representación de Els Verds, se afanó en la protección de los espacios naturales en las cuatro islas o de la posidonia, o en «el buen uso y el ahorro» en la gestión del agua. «Fue un trabajo que quedó» y a pesar de que el PP vino detrás en la siguiente legislatura para «minimizarlo todavía hay cosas que se mantienen». Sobre todo en lo que se concentraron los Verdes fue en «temas de los que hasta entonces no se había hablado». «Prácticamente, el Govern dictó nuevas normas que democratizaban el medio ambiente, la economía, la cultura, la educación», resume Sampol.
«Se nos tiró encima la caballería»
De los grandes logros que dejó aquel primer pacto de izquierdas «el más significativo, no solo por la polémica que generó, sino por toda la carga ideológica que implicaba», Sampol menciona la ecotasa. «Por primera vez una pequeña parte de los ingresos que genera el turismo» iban a ir a restaurar «aquello que el turismo utiliza o daña», facilitando la adquisición y conservación de patrimonio , ayudando a la agricultura o la reforestación. La apuesta por el impuesto turístico Miquel Rosselló la considera «una decisión muy valiente» y el precio a pagar fue que «se nos tiró encima toda la caballería en una guerra sucia».
El exvicepresidente celebra que la política de parques naturales «que también generó una gran oposición hoy está totalmente aceptada» o los avances en educación y sanidad y las pioneras políticas de igualdad.

Tensión en el Parlament durante la votación de la ecotasa, en 2001. / Miquel Massutí
En el plano económico, Sampol se detiene para asegurar que «únicamente los hoteleros fueron beligerantes» porque industriales y comerciantes fueron «cómplices» de las políticas del Govern. Por ejemplo, «se protegió el producto local y los comercios de proximidad en contra de los intereses de las grandes superficies comerciales». Y «aunque la derecha repita que la izquierda es buena en temas sociales, pero se gasta el dinero y genera crisis económicas», aporta un dato: la exportación de productos industriales aumentó un 300 % en cuatro años con el apoyo a las pymes.
«No creíamos que fuera posible lo que pasó», dice Miquel Rosselló. No es que el PP fuera a ser eterno, pero lo parecía». Lo que supuso aquel vuelco se palpa en una de las fotos que acompaña esta página: en septiembre de 1999, el jefe de la oposición, un cabizbajo Jaume Matas, era recibido en el Consolat de Mar por el exultante presidente Antich. La imagen habla por sí sola.
«Ningún representante de los sindicatos había pisado el Consolat», afirma el exlíder de EU. Entonces se puso en marcha la Mesa del Diálogo Social. El éxito de aquella coalición fue «gracias a la personalidad de Xisco Antich», apostilla, cuando se cumple un cuarto de siglo de la irrupción de «aquella tropa», expresión acuñada por José María Aznar cuando vino a Mallorca. El expresidente la seguiría utilizando para descalificar a la unión de socialistas, nacionalistas, verdes y excomunistas que pudieron gobernar gracias a la Unió Mallorquina de Maria Antònia Munar. Aquel, a priori, amasijo de fuerzas progresistas creó escuela, dentro y fuera de Baleares.
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