Sanidad pública en Mallorca

Condenan al IB-Salut por no detectar a tiempo el cáncer de una paciente

El diagnóstico inicial fue un bulto de grasa, aunque se trataba de un sarcoma que creció de forma muy rápida

La paciente fue operada del tumor en el  hospital de Manacor.

La paciente fue operada del tumor en el hospital de Manacor.

Una sentencia del TSJB condena al IB-Salut a indemnizar a una paciente, a la que se le diagnosticó tarde un tumor cancerígeno en la espalda, a pesar de que acudió varias veces al centro de salud quejándose de dolor. Los médicos que le atendieron, tanto en el centro de salud, como en el hospital público, le indicaron que se trataba de un lipoma, es decir, un bulto de grasa que es benigno. Sin embargo, este diagnóstico no era correcto y el tumor creció de forma rápida, hasta el extremo de que en pocos meses dobló su tamaño. Ello hizo que se despertaran las sospechas médicas, en el sentido de que no se trataba de un tumor benigno, sino que era un sarcoma, es decir, un cáncer. Las pruebas posteriores que se le realizaron a la paciente confirmaron este diagnóstico. Ella, que tuvo que ser operada y pese a que ha logrado curarse, todavía padece las consecuencias físicas del retraso en el diagnóstico, sobre todo a nivel de movilidad. También sufre graves secuelas a nivel psicológico.

Aunque pedía una indemnización de casi 300.000 euros, el tribunal reconoce que la sanidad pública no aplicó todas las medidas que se debieron adoptar, y la indemnización se limita a 30.000 euros.

La mujer acudió al centro de salud en el mes de julio de 2018. Quería que le revisaran un bulto que le había aparecido en la espalda, pero que no le dolía. Fue revisado y la doctora señaló que se trataba de un lipoma. Quince días más tarde regresó al PAC. Esta vez ya sí le dolía y había crecido de tamaño. Aún así el diagnóstico fue el mismo.

Dejó pasar el verano y en septiembre regresó de nuevo al centro de salud. El diagnóstico fue el mismo, pero ya esta vez se la derivó al servicio de cirugía general.

En el mes de octubre la llamaron del hospital de Manacor. Esta vez el tumor ya era más grande y, aunque se mantenía que se trataba de un lipoma, se le comunicó que sería operada.

El bulto seguía creciendo y doliéndole cada vez más. Así, en noviembre acudió a urgencias al hospital. No se le hizo nada, pero días después se acordó realizarle una prueba de imagen, que ya puso en duda el diagnóstico del lipoma. Ya se encendieron las alarmas y en el informe se señaló que se trataba de un sarcoma, es decir, un cáncer. Este diagnóstico negativo fue confirmado por la pruebas médicas, pero en lugar de operarla y quitarle el tumor de la espalda, se acordó otro tipo de tratamiento. La paciente fue sometida a quimioterapia, pero su respuesta fue muy negativa, hasta el extremo de que tuvo que ingresar en el hospital. La operación definitiva para extraerle el tumor maligno de la espalda no se realizó hasta el mes de febrero, es decir, más de seis meses después de que acudiera por primera vez al médico ante la aparición del bulto.

La institución sanitaria pública defendió la actuación realizada con esta enferma y señaló las dificultades que se produjeron para alcanzar el diagnóstico definitivo de la lesión por la evolución particular de este proceso en la paciente.

El tribunal cree que no se adoptaron todas las medidas médicas que debieron tomarse para conseguir el diagnóstico, ya que el crecimiento acelerado del bulto en la espalda, unido al dolor que ya empezaba a notar la paciente, debió convertirse en una señal para sospechar que no se trataba de un lipoma, sino de algo mucho más grave. Por esta razón, la sentencia critica que los médicos insistieran tanto tiempo en el diagnóstico del lipoma y no sospecharan de otro tipo de dolencia.

Los jueces reconocen que es cierto que el diagnóstico más temprano tampoco hubiese evitado la cirugía. Sin embargo, lo que sí se pudo evitar fue la reacción adversa que padeció la mujer cuando le pautaron la sesión de quimioterapia. Bajo este argumento, el tribunal afirma que el diagnóstico más rápido redujo las posibilidades de una posible mejor evolución de la enfermedad y, sobre todo, se habría evitado un tratamiento tan agresivo, como el que tuvo que sufrir la mujer. Por ello, se le concede una indemnización.