Boulevard
Diez pistas de que te quieren expulsar de Mallorca
Ampliación de terrazas y coches de alquiler, registros policiales en las playas a los nativos, privatización de Formentor y Sóller

La alacaldesa de Santanyí pide el oscurecimiento del Caló des Moro, y este verano ha dado ejemplo ocultando 'in effigie' al pintor Francisco Bernareggi. / DM
Si no sabes que te quieren expulsar de Mallorca, es porque ya no vives en Mallorca. Conviene disuadir antes que todo a quienes esperan aquí la emoción impostada de los escritores cobardes, que ahogan en nostalgia la catástrofe en curso. Tampoco es que la isla degradada te apasione especialmente, porque no es nada del otro mundo, lo cual no te librará del desalojo. El periodismo como servicio público, a tus órdenes Pedro Sánchez, obliga a enumerar diez pistas de que aquí sobras y ya te estás largando:
1. VAO:
La Vía para Automóviles Oficiales, una cacicada de la Dirección General de Tráfico socialista, encabeza por su sutileza el top ten de insinuaciones a los mallorquines para que se vayan de Mallorca. Todo para el turista y en contra del aborigen, como el fast track del aeropuerto con fondos públicos. Aquí deben incluirse los cierres arbitrarios de carreteras mediante pseudoeventos como los 312 o Iron Man, con el solo objetivo de atormentar a los residentes estableciendo una jerarquía en el dominio de la isla.
2. Formentor:
Pobrecitos magnates, que no pueden acceder a sus mansiones de millones de euros. Son indispensables para Mallorca, a diferencia de los indígenas que se creen con derecho a recorrer su isla sin horarios. Si la DGT de nuevo va a privatizar todas las carreteras atascadas, los automóviles serán innecesarios. Una isla orgullosa invadiría de buena mañana la península que le han robado.
3. Sóller:
Totalmente a favor de las propuestas y protestas de los vecinos contra la invasión, y mi promesa de rehuir el bello enclave para no contribuir al colapso, con una sola duda. ¿Qué pasa si sustituimos Sóller por Mallorca, y aplicamos las limitaciones a todos los rincones de una isla homogéneamente castigada? Y una lección, los mallorquines se limitan a actuar en defensa propia.
4. Registros policiales en el Caló des Moro.
Es la gran innovación de este año, enviarle la Guardia Civil a los mallorquines que pretendan disfrutar de una jornada playera. Manuela Cañadas, otra eminencia de Vox, ya advirtió a los locales contra su insistencia en bañarse en el mar, y la Delegación del Gobierno tomó cartas en el asunto para señalar a los aborígenes que no son bien vistos en sus aguas. En la imagen que hoy nos ilustra, la alcaldesa de Santanyí pedía el oscurecimiento del Caló des Moro, y el consistorio de Maria Pons da ejemplo ocultando in effigie al pintor Francisco Bernareggi.
5. Montesión:
El destierro de Mallorca de los jesuitas ancianos es la primera expulsión consumada, con el enorme poder simbólico de constatar que se persigue una limpieza étnica sin distinción de clases. Los mallorquines pudientes también molestan a los suecoalemanes, el desprecio es transversal según confirman todos los destierros a los largo de la historia.
6. Los hoteleros prohíben la circulación a los nativos.
El VAO, Formentor o el Caló eran meros ensayos frente a la ambiciosa propuesta de Maria Frontera. Saquemos a los mallorquines de las carreteras, les indicaremos cuántos coches pueden tener y que carecen de derecho a utilizarlos. Los nativos serán confinados en las paradas de autobuses que no se detienen porque van llenos, para que no estorben al invasor.
7. Playas privadas.
La persecución policial a los nativos en las calas recónditas se complementa con la privatización de los grandes arenales, como puede comprobar el equilibrista que intente colar su toalla entre las sombrillas. Para esto legalizó el Pacto de Progreso a hurtadillas el concepto de beach club, o chiringuito con ínfulas. El litoral, para quien lo explota, mallorquines abstenerse.
8. La multiplicación de los coches de alquiler.
El vaciado de Mallorca para su relleno con extranjeros de prosapia funciona con tal sincronía que parece diseñado por una mano negra. Los coches de alquiler secuestran el escaso asfalto libre, por no hablar de su conducción de alto riesgo.
9. Ampliación de terrazas.
La aportación de Cort a la opresión de los mallorquines se basa en la compresión. La multiplicación de las terrazas en porcentajes de vértigo no solo pretende imposibilitar el tránsito, también quiere robar a los palmesanos el espacio añadido. Sin olvidar el Dique del Oeste expoliado a los peatones, junto al Paseo Marítimo solo para extranjeros pagado con fondos públicos.
10. Palma ofende a los nativos.
Dos mallorquinas se dirigen a un bar que okupa el Paseo del Borne:
-Querríamos una mesa.
-Si es para comer, vale. Si es para tomar algo, no hay.
-De acuerdo, vamos a denunciarlo a la prensa.
-¡No!, más denuncias, no. Siéntense donde quieran.
Comportamientos heroicos como el referido pueden alimentar el espejismo de que el vínculo de los nativos con su isla subsiste, pero se irá debilitando de acuerdo con las leyes de la gentrificación. Y lo que no consiga la fuerza, lo garantizará el dinero.
Reflexión dominical antinewtoniana: «Toda acción genera una reacción cien veces más violenta».
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