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La izquierda no reacciona cuando fusilan a sus diputadas

Marga Prohens «en solitario» carece de autonomía para destituir a un vulgar Le Senne

Marga Prohens y Gabriel Le Senne, en una reunión en el Parlament.

Marga Prohens y Gabriel Le Senne, en una reunión en el Parlament. / CAIB

Matías Vallés

Matías Vallés

El Parlament mortecino ha acogido esta semana un interesante experimento psicológico, la reacción cobarde bajo una presión inesperada. El vídeo en que Gabriel Le Senne arruina su carrera política atacando a mujeres vivas y muertas, prosigue con un intento de réplica de Iago Negueruela. El violento presidente del Parlament no solo le conmina a callar, amenaza con expulsar a todos los diputados progresistas del Parlament y a todos los mallorquines de la isla. Los izquierdistas se miran y agachan la cabeza. Primero se sienta uno, después todos. La intervención de Maria Ramon como si nada hubiera sucedido le perseguirá siempre, suerte de la valentía de la solitaria diputada de Podemos por Menorca, Cristina Gómez.

El experimento ha acabado, vayamos con la interpretación. El sobrino de Aurora Picornell declara sabiamente desde Francia que «es como si Le Senne hubiera querido matar de nuevo simbólicamente a mi tía». Perfecto. Cómo reaccionaron los diputados ante la nueva ejecución, sentándose en sus asientos para no perder prebendas, se hubieran arrojado al suelo si se lo hubiera exigido un tirano armado. No defendieron desde la cámara sagrada a sus vicepresidentas vejadas, Mercedes Garrido y Pilar Costa.

El experimento que ha vuelto a avergonzarnos ante el mundo concluye con una tesis desesperanzada, la izquierda no reacciona cuando fusilan a sus diputadas, para lamentarse después durante décadas. Nadie negará que PSOE y Més fueron coherentes con su actitud sumisa de ocho años de Govern frente a los destructores de Mallorca. Los votantes han de elegir entre partidos que solo atacan a los muertos y formaciones que solo defienden a los muertos. En medio, Marga Prohens se declara cómplice de Le Senne y vuelve a demostrar que su cacareado Govern «en solitario» carece de la mínima autonomía para destituir al personaje vulgar que montó un sainete patibulario.

Veamos qué sucede cuando son los socialistas quienes empuñan las armas. Siempre he antepuesto el presente al pasado. Les dejo con su Aurora Picornell porque prefiero conocer el nombre del mando que decidió agredir, o «faltar al respeto» como diría Prohens, a los mallorquines que se tomaron un día de playa en el Caló des Moro. Todos los alcaldes de Calvià han aspirado y suspirado por ser presidentes del Govern, desde Francesc Obrador a Margarita Nájera pasando por Carlos Delgado. El ínclito Alfonso Rodríguez Badal se incorpora a la nómina de candidatos frustrados al Consolat, tras su ridícula farsa armada de exigir el DNI a bañistas mallorquines en es Caló des Moro. La pregunta es muy sencilla:

—¿Sabía usted que la Guardia Civil había decidido malgastar el dinero de los contribuyentes identificándolos en una playa pacífica?

Solo hay dos respuestas posibles:

A) No tenía ni idea, con lo cual puede dar por acabada su triste carrera después de denunciar en Madrid a los mandos que tomaron la decisión patética de provocar a los participantes en una reunión pacífica.

B) Lo sabía, con lo cual se convierte en enemigo de la libertad de expresión corporal por ínfulas corporativas, y ofrece valiosas pistas sobre por qué perdió con estrépito la alcaldía de Calvià.

Ah, el «actuaron de oficio» sin emergencia alguna suena a «mi mayordomo mata gente sin mi permiso», demasiada complicidad.

Cada vez que me despierto, me encuentro con un jesuita de ultramar recordándome que le debemos la vida. Rogamos a la Compañía Inmobiliaria de Jesús que deje de martirizarnos con la propiedad de su Montesión, y que reserve la cháchara monetaria para sus rentables intercambios con la divinidad. Estamos un poco hartos de gentes que se creen los dueños de Mallorca. Y una advertencia, no es cómo empieza, es cómo acaba. Procuren cobrar antes de presumir de su ojo de halcón para los negocios sucios, tomen ejemplo de las profesionales avezadas.

Mientras el Govern estudia la capacidad de cargarse Formentera y el resto de Balears, esta es la realidad  sostenible de Illetes cuando todavía no ha empezado la temporada. | DM

Mientras el Govern estudia la capacidad de cargarse Formentera y el resto de Balears, esta es la realidad sostenible de Illetes cuando todavía no ha empezado la temporada. / DM

El Govern habla de «capacidad de carga» de Balears cuando en realidad presume de su «capacidad de cargarse» la comunidad por sobreturismo. Mientras los expertos de pacotilla cobran por regurgitar evidencias, en la imagen que hoy nos ilustra se comprime la realidad sostenible de Illetes de Formentera a principios de este mes de junio, con la temporada todavía por estallar y restallar. Y si creen que cargarse las islas no tiene consecuencias, leamos un fragmento del superventas Bernard Minier en la recién aparecida novela negra Les Effacées, «Ibiza no era un paraíso para los guardias civiles. Los jóvenes allí destinados estaban obligados a dormir en caravanas o tiendas de campaña por no poderse pagar un alquiler. La mayoría solo tenían un deseo: largarse».

Reflexión dominical omnipotente: «El periodismo siempre ha tenido enfrente al poder, solo que antes ganaba algunas batallas».

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