Opinión

Le Senne es un miserable y presunto delincuente

El presidente del Parlament, Gabriel Le Senne.

El presidente del Parlament, Gabriel Le Senne. / DM

José Jaume

José Jaume

Precisión insoslayable: Gabriel Le Senne es el presidente del Parlamento balear porque el PP de la señora Marga Prohens así lo ha querido. La responsabilidad de lo sucedido el martes también le concierne directamente. Le Senne se ha comportado como lo que es: energúmeno fascista, que comulga con el nacional catolicismo de El Yunque, miserable que emponzoña la vida política, incapaz a todas luces de estar en el lugar que ocupa. A su lado, el atrabiliario Balti Picornell fue perita en dulce; Xelo Huertas ingenua recién llegada; uno y otra jamás menoscabaron la dignidad de la Cámara legislativa balear, lo que ha hecho Le Senne, que no solo la ha enlodado, sino que, además, ha incurrido en un posible ilícito penal al arramblar, con ademanes fascistas, que, insistamos, es lo que es, contra una propiedad privada desoyendo la nítida advertencia de su propietaria. Corresponderá a los jueces, tal vez al Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB), establecer lo que proceda, pero lo que queda constatado es que la segunda autoridad institucional de la Comunidad Autónoma balear, sin tapujos, sin embozos, ha exhibido el matonismo propio del fascismo que se dedicaba, en Italia, Alemania, España y tantos países europeos en la dramáticas décadas de los 30 y 40 del pasado siglo, a apalear, linchar y asesinar a sus oponentes. Triste recordatorio. Aviso de hasta dónde ha llegado la degradación de la vida política español.

Nunca, en los 41 años de instituciones autonómicas contados a partir de la aprobación del Estatuto, habíamos asistido, estupefactos, a lo que vivimos el martes. Le Senne tiene autoridad para expulsar a un diputado, a demandar que no se exhiban determinados símbolos o fotos, pero tiene vedado entrar a saco en la propiedad privada de una diputada, que es exactamente lo que ha hecho. Eso es delito. Constatemos el indecente silencio del PP, de la presidenta Marga Prohens, tan dada a desgañitarse cuando de zaherir a la oposición se trata.

Aurora Picornell, su trágico recuerdo, queda más dignificada, si ello es posible, por la actuación de Gabriel Le Senne, que de disponer un átomo de cordura democrática presentaría de inmediato la dimisión cubierto de vergüenza.

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