Una madre, en busca de una respuesta para Hilda: "Mi hija fue al médico cinco veces en diez días y murió con 30 años en Palma"

El 27 de enero de 2022 es una fecha que llevan marcada en la memoria la madre y el hermano de la joven Hilda Llinàs Perelló, que falleció de forma repentina cuando bajaba las escaleras de casa

"Necesitamos una explicación. Llevamos dos años esperando y no sabemos nada", se quejan los familiares de la joven fallecida de la tardanza de la Administración en responder

Hilda Perelló y Joan Llinàs, madre y hermano de Hilda Llinàs Perelló, la joven de 30 años que falleció en Palma en 2022.

Hilda Perelló y Joan Llinàs, madre y hermano de Hilda Llinàs Perelló, la joven de 30 años que falleció en Palma en 2022. / Guillem Bosch

B. Palau

B. Palau

Hilda bajaba las escaleras de su casa con su hermano cuando se encontró mal. Cayó fulminada. Tenía visita con el médico, pero nunca llegó. Diez días antes había enviado mensajes de whatsapp a su familia quejándose de que le dolía el pecho: «Camino superlento porque si camino rápido me duele el pecho y parece que se me tiene que parar el corazón». Y así fue. Sus fatales presagios se cumplieron. Su corazón dejó de latir el 27 de enero de 2022.

Hilda Llinàs Perelló murió en Palma a los 30 años. Hacía pocos días, los médicos le habían diagnosticado una neumonía. «Mi hija fue al médico cinco veces en diez días y murió», destaca Hilda Perelló, madre de la joven fallecida. «De una neumonía se sale, con 30 años no te puedes morir de una neumonía si te han visitado los médicos cinco veces en pocos días», se lamenta la progenitora.

Sin poder digerir lo ocurrido y en busca de una explicación médica, ella y su hijo Joan ahora se enfrentan a la pasividad de la Administración. «Queremos una respuesta de por qué murió. Queremos saber todas la pruebas que le hicieron y por qué no la ingresaron en el hospital. Nunca nos han llamado de la Conselleria ni del IB-Salut ni nos han dado ningún tipo de explicación. Nadie se ha puesto en contacto con nosotros», asegura Joan Llinàs, hermano de Hilda.

Han puesto el caso en manos de su abogado Pablo Alonso de Caso. Llevan más de dos años pidiendo documentación médica a través del juzgado. Y se han dado de bruces contra la Administración. «Los informes de Son Espases aún no los tenemos después de casi dos años y medio de su muerte. Llevamos dos años esperando y no sabemos nada. La impotencia es enorme», reconoce la madre.

«Si lo hicieron mal y hubo una actuación negligente, queremos actuar. Necesitamos saber qué pasó y si hubo mala praxis», subraya la progenitora de Hilda.

Su hijo Joan va más allá: «Necesitamos una respuesta. ¿Se habría podido hacer algo pero no se hizo? Necesitamos saber si ella podría seguir viva. Nosotros pensamos que no se actuó como tocaba. Hilda fue al médico cinco veces en diez días. Le dolía el pecho, se agotaba. El primer día le dieron un jarabe para la tos. No se actuó de manera correcta».

El 27 de enero de 2022

Joan Llinàs recuerda el fatídico 27 de enero de 2022. «Bajaba con mi hermana por las escaleras. Yo iba al trabajo y ella al médico para un seguimiento. Iba al CAP de Capità Vila. Le hacían un seguimiento porque se constipó y acabó en una neumonía», detalla el joven.

«Días antes, el 18 de enero fue a Urgencias al PAC de Capità Vila, tenía taquicardia: 140 pulsaciones en reposo, sentada. Hacía unos días que tenía taquicardia. No le dieron importancia. Seguía trabajando, pero se cansaba mucho. Iba al trabajo caminando. Se tenía que parar porque se encontraba mal», explica la madre de Hilda.

«En Urgencias de Capità Vila la atendió otro médico y la envió a Son Espases. Después de varias horas, le diagnosticaron neumonía y no la ingresaron. Recuerdo que llegamos a casa muy tarde, eran las doce de la noche. Nos extrañó mucho que no la ingresaran en el hospital. Le dijeron que en dos días tenía que ir al médico de cabecera para un seguimiento», indica Joan.

«Al cabo de dos días, la doctora de cabecera le dijo en una consulta telefónica que esperara. Fue al PAC el 24 de enero. La doctora le dijo que no había mejorado nada y que estaba igual. Hilda tomaba antibiótico y paracetamol. La volvieron a enviar a Urgencias de Son Espases. Allí, le cambiaron toda la medicación. Estaba mal, con mucha tos. De nuevo, la mandaron a casa y le indicaron que en dos días acudiera a su médica de cabecera para un seguimiento. Tenía líquido en los pulmones, se escuchaba ruido al respirar, de tanto toser sangraba, la tos no se le fue nunca», recalca la progenitora.

Un infarto

«El día 27 de enero iba a su doctora a que la volvieran a mirar, pero ya no llegó. Tuvo un infarto bajando las escaleras de casa. Yo iba con ella, en seguida avisé a la ambulancia, a mis padres y a mi trabajo. Un vecino me ayudó a bajarla al rellano del tercer piso. Empecé a hacerle las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Creía que se había desmayado. Nunca pensé que fuera un infarto», señala Joan. «La ambulancia estuvo una hora tratando de reanimarla, lo intentaron todo, los policías también», añade.. 

«En Son Espases no le dieron importancia a las taquicardias, decían que era algo normal de la neumonía. El jefe de la UCI nos dijo que no la ingresaron por su edad, porque tenía 30 años. Siempre le hicieron PCR y no era COVID. Creemos que en esas fechas por hacer tanto caso al COVID dejaron de lado otras patologías», se queja la madre. «La autopsia determinó que fue muerte natural, muerte súbita, pero mi hermana fue cinco veces al médico», insiste Joan perplejo.

«Una confía en los médicos y te quedas sin explicación. Tu te encuentras mal y vas a urgencias y es para que te asistan y te traten, no es para que te mueras. A mi hija la desatendieron. No le dieron la respuesta que tocaba. Esto no se supera nunca, pero reconfortaría tener alguna respuesta», dice la madre.

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