Testimonio

Habla Anis, el exmena que ayuda a otros chicos argelinos de Mallorca a no caer en el agujero de la droga y la delincuencia

Llegó en patera el 11 de junio de 2017. Era menor de edad y vivió en el centro Norai de Son Roca. Su camino no se torció como el de otros jóvenes: se formó y consiguió terminar cursos de náutica, mecánica y socorrismo. Encontró su verdadera vocación en la ayuda al prójimo. Apoya a chicos recién llegados que están desorientados. Espera llegar a convertirse en mediador cultural

Anis, en un día de pesca.

Anis, en un día de pesca. / DM

M. Elena Vallés

M. Elena Vallés

Anis -nombre ficticio- da un paso al frente, sin miedo, pero tomando algunas precauciones. Desea hablar sin tapujos del conflicto entre la comunidad gitana y los argelinos que sacude el barrio de Son Gotleu en Palma. «Estos chicos que han llegado del mar son mis hermanos y quiero que todo esto se arregle», asegura el joven, que ha elegido para esta entrevista con Diario de Mallorca un nombre que proviene del término árabe anïs, que significa amigo o compañero fiel. «Es un momento difícil, muchos argelinos tienen miedo de recibir una paliza. La noche de este viernes volvió a haber una pelea en Son Gotleu y prefiero no mostrar mi cara», previene.

Siete años de su desembarco

Cuenta que acompaña y da apoyo a otros argelinos que han llegado como él en patera. Anis partió desde Dellys hacia Mallorca el 10 de junio de 2017, alcanzó tierra balear 27 horas después. Esta misma semana se han cumplido siete años de su desembarco. Cuando lo recuerda, aún tiembla en su retina la imagen de la costa escarpada de Cala Figuera. La emoción le humedece los ojos. Tenía 17 primaveras y llevaban consigo lo puesto y 270 euros en el bolsillo. La batalla en la embarcación contra un fuerte viento de Llevant durante 14 horas no menoscabó ni la ilusión ni las energías del por entonces adolescente, con toda una vida por delante.

Anis tiene ahora 24 años. La primera vez que escuchó el término mena fue en el centro de menores Norai, en Son Roca, donde vivió durante un año entero. «Luego fui al Grec [Grup d’educadors de carrer i treball amb menors], estuve en algunos de sus pisos y me formé gracias a esta entidad haciendo cursos», explica. «Me he preparado para trabajar en el sector náutico: tengo el curso de buques de pasaje, también el título de socorrista y licencia de navegación hasta seis metros», enumera. Asimismo ostenta el grado más básico de mecánico de motores. «Todo esto lo he podido estudiar aquí», asevera orgulloso. Además de estos conocimientos, Anis proviene de una familia de pescadores. Desde los 14 años salía con las redes familiares al mar. «A los 15 ya era patrón y tenía mi propio material», cuenta. 

"Soy de clase media"

«Como casi todos los chicos de Argelia que venimos a España, soy de clase media, en casa no nos faltaba nada, vivíamos bien. Pero quería dejar atrás mi país por un tiempo para conocer más gente y otras costumbres, y tener otras opciones y posibilidades en el futuro», expone. «La economía de Europa es más avanzada y está más abierta al mundo», sostiene. El joven rechaza tajantemente que los argelinos que llegan a la isla ya fueran delincuentes en su país. «En Argelia apenas hay delincuencia, la ley es muy dura. La criminalidad está en Europa», sostiene.

Anis ha encontrado su verdadera vocación en Palma después de ejercer diversos trabajos: «El primero fue de marmolista, cobrando en negro. Luego estuve haciendo mudanzas, también limpiaba escaleras e incluso iba a pescar a la bahía de Palma para después vender el pescado», narra. Lleva tres años hablando con los chicos que llegan del mar, aconsejándoles. «Les explico la situación. Les digo que hagan cursos, que se formen en un oficio, que hagan amistad con otras personas que tienen trabajo y que no se acerquen al mundo de las drogas o la delincuencia», señala. Anis piensa que puede ser útil como mediador cultural y alcanzar mayor empatía con estos jóvenes que llegan de Argelia. «Me entienden mejor a mí que a lo mejor a un funcionario. Yo he pasado por lo mismo que ellos, sé lo que pasa por su cabeza, me entienden bien. Les acompaño a los comedores sociales, les ayudo a empadronarse a través de Médicos del Mundo, los llevo a la Cruz Roja, los apunto a Ca l’Ardiaca y les insisto en que no hagan tonterías».

Enganchados a las pastillas Lyrica

Para Anis, las drogas están destrozando el futuro de algunos de estos chicos argelinos que también delinquen: «De los 200 compatriotas que hay en Mallorca, son sólo unos veinte o treinta. Consumen pastillas Lyrica, que afectan al cerebro. Su efecto es desinhibidor, quitan la vergüenza. Después toman también Rivotril, que adormecen pero ponen agresivo. Luego fuman marihuana y hachís. Beben alcohol. Todo esto les lleva a la delincuencia. La mayor parte de ellos ha conocido la criminalidad en las viviendas okupadas de Son Gotleu, donde han conocido a delincuentes más mayores de los que aprenden», explica este joven que aspira a convertirse en mediador en centros educativos y de menores. 

Anis pide que las autoridades y los políticos intervengan de manera urgente para detener el tráfico que hay de estos estupefacientes. «Me consta que muchos yonquis a los que su médico les receta estos medicamentos para que estén más relajados después los venden a los argelinos. Pido también que los doctores no los receten tan fácilmente si les vienen chicos y les dicen que en su país ya las tomaban. Que al menos les hagan un análisis de sangre o más estudios. Es importante que la policía termine con la cadena que permite que estas sustancias acaben en manos de estas personas que al llegar a Mallorca no conocen a nadie y lo primero que hacen es ir a los pisos okupas de Son Gotleu», indica. «La policía también debería ir a por los cabecillas de la delincuencia para que cuando lleguen los chicos nuevos no se crucen con ellos», agrega.

La lectura del Corán

A Anis, que espera regresar algún día a su tierra, le ha ayudado mucho la lectura del Corán, «que dice cosas como que no hay que pensar en uno mismo, sino en la comunidad. Me molesta mucho que se haga una mala lectura de nuestro libro sagrado», dice. «Lo que están haciendo estos chicos no muestra lo que es el Islam de verdad. Uno de los principios básicos de nuestra religión es ‘Ordenar el bien y prohibir el mal’. Es lo que intento hacer yo. Y pienso que la sociedad debería ayudarles a volver al camino correcto. Hay que tenderles la mano para que se desintoxiquen y acompañarles. La solución está en que se formen y se alejen de la droga», concluye. 

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