Cerrando puertas y curando heridas

José J. Méndez y Antonio Estela, en los jardines de Nazaret durante la jornada de puertas abiertas del centro.

José J. Méndez y Antonio Estela, en los jardines de Nazaret durante la jornada de puertas abiertas del centro. / DM

José J. Méndez

José J. Méndez

El pasado día 6 de junio se celebró el centenario de la Fundación Nazaret de Palma. Para tal evento, Antonio Estela y yo, que estuvimos internos en el centro durante los años 70 y 80 redactamos un manifiesto titulado Carta a los chicos de Nazaret, con la intención de que Antonio lo leyera en el espacio testimonial reservado para tal fin. Se nos dijo que, tanto el Obispado como el patronato de la Fundación Nazaret (que no hicieron acto de presencia en la apertura de las actividades y ponencias) se negaron rotundamente a que pudiéramos leer el manifiesto dentro del centro, y mucho menos a participar en los actos. Aun así, no quisimos dejar de lado la importancia especial que tenía el centenario para nosotros, y con cierto dolor nos presentamos sin invitación al mismo, con el fin de disfrutar de la jornada de puertas abiertas y recorrer los lugares donde pasamos parte de nuestra infancia encerrados.

Hay que decir que fuimos bien recibidos por su director Guillem Cladera, y asistimos durante toda la mañana de las diferentes ponencias sobre la historia y actividades del centro. Entre todas ellas destacó la del historiador y profesor de la UIB Pere Fullana Puigserver, el cual hizo mención explícita durante la ponencia de mi trabajo autobiográfico titulado Nazaret, una isla dentro de Mallorca, como documento testimonial necesario para comprender ciertos pasajes oscuros de la historia, que son necesarios airear si se quiere evolucionar como institución.

Por otro lado Antonio Estela, agradeció de manera personal a un pequeño grupo de chicos el acercamiento espontáneo que tuvieron hacia él, el conocimiento público que tenían sobre su persona y la aceptación de sus actividades reivindicativas a favor de los derechos del menor, hecho que no pasó desapercibido por el propio director del centro.

Fue el momento que Estela aprovechó para compartir este manifiesto dirigido a ellos, y el compromiso de atenderles y escucharles en lo posible en caso de necesidad, algo que los chicos respondieron también con el compromiso de extender el manifiesto a todos los alumnos.

Durante el almuerzo, compartimos con el profesor Pere Fullana y su alumno Sergi, una profunda y grata conversación basada en experiencias y trabajos de investigación histórica sobre el centro, lo que clarificó muchos de los interrogantes del porqué todavía la institución religiosa se niega a reconocer ciertos pasajes de la historia del centro, como por ejemplo los abusos y los maltratos a niños internados.

El único punto que, como antiguos niños de Nazaret, no entendimos fue la nula participación de los chicos en las diferentes actividades, dando a entender estar alejados o cuanto menos ser ajenos de aquella celebración centenaria.