Los sacerdotes jesuitas aceptan su destino lejos de Mallorca

A ninguno le apetece irse, pero parece que no les quedará más remedio. Los diez sacerdotes jesuitas de Montesión llevan días sufriendo internamente por la marcha, pero están aceptando el nuevo destino que les ha tocado en suerte.

Norberto Alcover y Bernadí Seguí, dos de los sacerdotes a los que les afecta esta dura decisión.

Norberto Alcover y Bernadí Seguí, dos de los sacerdotes a los que les afecta esta dura decisión. / MANU MIELNIEZUK

Parece que todo está decidido y que los diez veteranos jesuitas que residen en el viejo edificio de Montesión tendrán que marcharse. Todos han prometido el voto de obediencia que marca la Compañía de Jesús y no les queda más remedio que cumplir las órdenes que está marcando la congregación religiosa. Salvo que aparezca una solución de última hora (su traslado a la residencia franciscana de la Porcíncula parece algo lejana) no les quedará más remedio que marcharse, aunque en su destino habrá unas instalaciones mucho más adecuadas para pasar los últimos años de vida.

Los religiosos Norberto Alcover y Bernadí Seguí quisieron escuchar las explicaciones que dio el jesuita Abel Toraño, para razonar las causas por las que se ha decidido cerrar la comunidad de Montesión. Los sacerdotes ya jubilados son mayores, pero no ancianos, como recuerdan muchos de sus alumnos. Juraron obediencia a la Compañía de Jesús y en ningún caso están dispuestos a abandonar la orden. Irán donde les ordenen, aunque no les guste y tampoco les apetezca. 

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Manu Mielniezuk

Los viejos jesuitas de Montesión no atraviesan estos días sus mejores momentos. En su rostro se refleja que están tristes, pero a la vez poco pueden hacer para revertir esta situación. La Compañía de Jesús es la que marca las órdenes y ellos son siervos de la orden religiosa. Por tanto, las lágrimas han dado paso a la aceptación. Saben que la residencia que les ofrecen es mucho más confortable que el edificio de Montesión, que está envejeciendo y necesita una reforma urgente. 

El pasado jueves el Superior de la Orden, Enric Puiggrós, viajó a Palma. Una de las razones del viaje era entrevistarse, de forma individual, con cada uno de estos diez sacerdotes veteranos. Les explicó las razones oficiales por las que Montesión tenía que cerrarse y, sobre todo, convencerles que estarán mucho mejor en otras residencias de los Jesuitas, aunque están lejos de la isla.  

La Compañía de Jesús sostiene que su prioridad es el compañerismo y que todos los integrantes de la Orden viven en comunidad.

Los jesuitas cuentan con el apoyo de los antiguos alumnos del colegio de Montesión, que no quieren que se marchen. Pero parece ser que la decisión de cerrar el edificio está tomada y los religiosos tendrán que irse, salvo un milagro en el último momento.  

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