En contra

Cristina Borrallo: «Las prácticas de la banca han sido intolerables»

Cristina Borrallo

Cristina Borrallo / Manu Mielniezuk

Matías Vallés

Matías Vallés

Cristina Borrallo (Barcelona, 1987) es licenciada en Derecho con tres másters, mediadora, administradora concursal, socia directora de la firma mallorquina Futur Legal, defensora de usuarios financieros, asesora de IB3, madre de dos hijos. Practica el kárate.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Cuántas veces al día revisa sus cuentas bancarias?».

¿Las mías? Dos veces al día, y lo recomiendo encarecidamente. Los clientes se despreocupan y después detectamos comisiones no debidas, intereses incorrectos o incluso supuestos de fraude bancario.

¿Cuál es la actitud correcta frente al banco?

En general, no te fíes. La normativa nos protege hoy más y el personal de oficinas tiene buena voluntad, pero las entidades colocan masivamente productos que nos traerán problemas.

Si el cliente es la víctima, ¿qué es el banco?

A ver, defiendo la parte de servicio público que da la banca, pero sus prácticas en los últimos años han sido intolerables. Se han aprovechado con conductas nefastas y abusivas, la situación ha mejorado desde 2019.

¿Cuál es su sentencia récord?

Me quedo con la primera vez que fui a Madrid, por un matrimonio de Ibiza al que habían colocado un producto absolutamente tóxico y que perdieron más de 300 mil euros. La jueza falló a nuestro favor, la Audiencia tumbó la sentencia, los clientes confiaron en un recurso, el Supremo nos dio la razón y recuperaron su dinero.

¿El dinero debajo del colchón es una hipótesis válida?

Para mí, es muy comprometido. Con mejor regulación sería impensable, porque se lo come la inflación.

¿Los bancos tienen la culpa de que gastemos como si no hubiera un mañana?

El consumo irresponsable existe y es cíclico, después del ahorro generado por la pandemia. La Banca estaba obligada al crédito responsable y ha sido todo lo contrario.

La gente cree en los bancos por desistimiento.

«¿Dónde voy a ir?», se preguntan, pero las cosas se ven de otra manera a raíz de la implantación tecnológica con la pandemia. Se empieza a confiar en neobancos disruptivos. Además, las entidades tradicionales van desapareciendo por las absorciones, con una repercusión negativa directa sobre el consumidor.

Deberemos concluir que hay gente que desea ser estafada.

Por eso insistimos en la labor divulgativa. He tenido casos en que te preguntas cómo se han podido meter, o recaer después de haber salido.

¿Qué debería darle un banco a un cliente por su depósito?

Los depósitos dan muy poca rentabilidad, los más altos están en torno al dos por ciento y son los más adecuados para perfiles ultraconservadores.

Un defensor de consumidores me dijo que los jueces no se atreven con los bancos.

Lo leí y discrepo muchísimo. Los jueces han permitido avanzar en derechos para los consumidores, mostrándose un poco díscolos y planteando cuestiones prejudiciales ante la Unión Europea. En especial en Balears.

Quede claro que usted no es una revolucionaria.

No me defino así, pero soy un poquito rebelde, y el proyecto con mi esposo Pau Monserrat tiene algo de inconformista. Si no reclamamos a las telefónicas, compañías de la luz o aerolíneas, no cambiará nada.

Reclamar y castigar.

Soy árbitra de Consumo, que debe sancionar para regular el mercado.

¿Con qué cantidad en el banco se retiraría usted?

No sé si me llegaré a retirar, nunca me desvincularía porque me apasiona lo que hago. Tal vez bajaría la intensidad.

¿Ha aumentado el número de mallorquines en aprietos?

La situación es muy difícil ahora mismo. En los dos últimos años hemos asistido a una explosión de insolvencias de personas físicas y jurídicas, que habían aguantado el tipo hasta el último momento. La Ley de Segunda Oportunidad ha ayudado a exonerar las deudas de gente con el agua al cuello.

¿Veremos a mallorquines que no podrán vivir en Mallorca?

Desgraciadamente, va a ser así. Llevo doce años aquí y aumenta la gravedad del problema habitacional, con sueldos que no están acompasados a los precios disparadísimos de la vivienda.

¿Cuál es la máxima cantidad que gasta usted despreocupadamente?

Soy austera, muy catalana en esto. Antes de gastar cincuenta euros me lo pienso muchísimo, qué dolor.

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