Lletra menuda
La teoría de la saturación es asfixiante
Quien vive hoy en Mallorca debe soportar el coste añadido del modo en que se administra la realidad poblacional y turística de la isla

El movimiento Ocupemos nuestras playas se estrena en sa Ràpita
La saturación turística de las playas, incluso a destiempo ya, las carreteras impracticables, las aceras invadidas como si fueran autopistas peatonales o el mobiliario urbano degradado al servicio de bares y restaurantes –no solo en el Born o Nuredduna de Palma, vayan a las plazas de algunos pueblos– son solo el coste físico y más visible de una saturación turística y de un afán desmesurado de negocio que se desparrama sin remisión por toda la isla y que arrincona la movilidad del residente limitándola entre el trabajo y el domicilio.
Por si en ello no hubiera suficiente castigo, quien vive hoy en Mallorca debe soportar también el agobio y la desmoralización, el desgaste psicológico, que provocan los modos en que se administra, más bien se abandona, la realidad poblacional y turística de la isla. Es así porque se ha entrado en una dinámica en la que se remiten constantes mensajes contradictorios y volubles a la población, demasiada teoría impracticable o desvestida de voluntad suficiente para ser llevada a la práctica. Admitamos que es una forma de engaño cubierta por la irresponsabilidad y que abona la desafección cívica hacia la política que está en boga en las instituciones de Balears.
Los hechos que conducen al desencanto ciudadano y que reclaman una reconducción urgente son difíciles de desmentir. El archipiélago ha superado en marzo su propio récord de presión humana con una media de 1,4 millones, una carga demográfica que sobrepasa en 52.971 personas las cifras del año anterior. Mientras, la presidenta Prohens no quiere oír hablar de decrecimiento y su Govern dicta medidas de amnistía urbanística. Pero, como si una mano del PP tapara la otra de Vox, el ayuntamiento de Palma anuncia restricciones y asegura control del alquiler vacacional. Ocurre cuando la Autoridad Portuaria admite su intención de ampliar el puerto y la prensa británica se burla de las concentraciones de mallorquines para reivindicar el uso de unas playas que hasta Vox les niega. La masificación llega al postureo de unas mesas de análisis inviables y casi multitudinarias. Se incuban nuevos movimientos de protesta social. «Aquí no hay quien viva» ha dejado de ser el título exclusivo de un serial televisivo. n
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