OPINIÓN
¿En tu casa o en la mía?

Viviendas en construcción en Mallorca. / F.G. F. Guijarro
Sorprende escuchar la expresión «emergencia habitacional», difundida por Podemos, de labios de PP/Vox que hasta ahora se detenía en la coqueta «sensación puntual de saturación». A todo habrá que acostumbrarse. Aunque la consellera de Vivienda insiste en que no adopta medidas «ideológicas», su Ley Construye Como Puedas ni siquiera llega a «lógica», aunque será enriquecedora para los de siempre. Su articulado podría resumirse a un precepto, «1. Los lobos construirán casas baratas para las ovejas».
El enloquecido mapa de crecimiento urbanístico programado por el Govern se limita a un incitador interrogante, «¿En tu casa o en la mía?» Es más fácil aprobar el levantamiento de plantas suplementarias en edificios ya construidos, o la subdivisión de viviendas con el consiguiente colapso de garajes o ascensores por no hablar de ruidos adicionales, si estos disparates se producen a una distancia prudencial de donde vive cada uno.
Por tanto, los asistentes a la Mesa del banquete inmobiliario no han de especificar tanto sus proyectos genéricos como las características de su propio hábitat. Como en «Hola, me llamo Cementero González y soy Constructor Anónimo. Estoy dispuesto a que se levanten dos pisos sobre mi ático de Palma que arruinen mi intimidad, a que el edificio vecino suba en altura para quitarme las vistas y a que mi casa de campo se vea rodeada de hermosos bloques enhiestos». En cuanto a los precios, se supone que serán vigilados por los mismos inspectores del alquiler turístico prohibido, y practicado por tanto en todos los pisos palmesanos que lo deseen.
La ley quedaría más aparente si los convocantes se limitaran a concluir que «Mejor en tu casa que en la mía». Sin embargo, PP/Vox muestra un mínimo de sensibilidad, factor ausente en los ocho años del Pacto. La izquierda no solo coronó la peor situación inmobiliaria de Mallorca, sino que remató su desastre con el chiste de nombrar conseller Metrovacesa a un tal Agustinet, para mejorar sus expectativas ibicencas. Se convierte así en el único político que ha perdido las elecciones en dos islas, Ibiza y Mallorca.
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