Es Sánchez quien necesita a Armengol

La lacónica referencia del líder socialista a su nominada para un papel crucial demuestra que se ha visto obligado a elegirla para seducir a Junts

Francina Armengol en la reunión de diputado y senadores de la XV Legislatura

Francina Armengol en la reunión de diputado y senadores de la XV Legislatura / EP

Matías Vallés

Matías Vallés

Francina Armengol no partió hacia Madrid para conquistar el Congreso, sino para reconquistar el Govern de Balears desde las alturas. La expresidenta del archipiélago no contempla la tercera magistratura del Estado como una culminación, ni siquiera valora el hieratismo de un cargo simbolizado por el «Landelino está expuesto» que formulara Leopoldo Calvo Sotelo.

Llamadla Francina es una mujer de acción, no un robot de voz meliflua programado para imponer «silencio» a cada gamberrada extemporánea de los diputados. La presidencia de la cámara baja no es un premio, es un apremio. La política combativa acepta un cargo sedentario porque solo tiene una fe que ni siquiera es el socialismo, sino el PSOE. Con el partido hasta la muerte, lo lleva más dentro que su secretario general.

La sesión conjunta de diputados y senadores a las órdenes de Pedro Sánchez ha demostrado que Armengol no ostenta la exclusiva de desconfiar ampliamente de su idoneidad para ejercer la presidencia del Congreso. Sin embargo, la reacción de Junts también escenifica que la diputada mallorquina es la única persona capaz de conseguir una Mesa progresista.

Sánchez tardó más de media hora en mencionar a Armengol, la mujer de la que depende su continuidad mal que le pese. La dilatada intervención previa del líder socialista se disipó en un análisis político con voluntad periodística, tal vez envidia el destino mediático de Pablo Iglesias.

Es notorio que Sánchez solo habla de sí mismo, y que sea para bien, pero su anuncio glacial obliga a recordar que es el presidente del Gobierno quien necesita a Armengol para garantizarse la supervivencia. Atribuyó a su candidata a la fuerza, como única facultad reseñable de la «socialista feminista» que debería ser una redundancia, «un carácter fuerte». Cabe suponer que la definición escondía un elogio, aunque suene a reproche personal y por mucho que esa fortaleza sea un obstáculo para ejercer una presidencia cameral que obliga a una sinuosidad cartilaginosa. Puestos a comparar solo entre mallorquines, Francina no es Félix Pons.

El cronómetro es la prueba fehaciente de lo ocurrido. Sánchez fue más escueto y distante en la recepción a «Francina», una candidata con la que pretende seducir a media docena de socios, que en la calurosa despedida a su predecesora. No se trata de que el secretario general del PSOE valore repentinamente a Meritxell Batet, sino de que la exministra catalana ha dejado de ser una rival ante las cámaras parlamentarias y sobre todo televisivas. Por eso mismo sacude el orador a Felipe González, so capa de homenajearlo.

«Hasta ahora, querida Meritxell, hemos contado contigo», esboza Sánchez con su facilidad para teñir las alabanzas de adioses. Movida por un resorte, la María Jesús Montero que odia cordialmente a Armengol prorrumpe en su ovación de colibrí a la norcoreana, cuatro mil palmadas por minuto. Nadie como los socialistas para ovacionarse a sí mismos, ahora que ya han conseguido proclamarse la segunda fuerza política de España.

En realidad, los diputados y senadores salvados del naufragio solo ovacionan a Sánchez, por seguir vivo con su sonrisa bronceada. El líder acude sin corbata para confirmar que su morenez no es solo facial, a punto de marcarse un Amaral antes de empezar su discurso con un autosatisfecho «bueno, compañeros».

En directo | El PSOE reúne a sus diputados antes de proponer a Armengol como candidata a presidenta el Congreso

La sesión escenifica que Sánchez se ha sentido obligado a propulsar a una catalanista no catalana, espoleado por la urgencia de atraerse a Junts sin demasiados compromisos. Frente a sus huestes, el secretario general ni menciona la misión diabólica que tiene encomendada Armengol, obligada al equilibrio entre sus fidelidades. Tiene encomendada la misión única de organizar una Mesa favorable al PSOE, y de moderar su «carácter fuerte» concluida la tarea seminal, para sumirse en el anonimato del cargo decorativo que pretendía Bolaños.

De este modo, siempre será Sánchez quien habrá sellado el pacto imposible, con Armengol de cebo. La expresidenta de Balears no responderá en abierto al menosprecio de su jefe de filas, por lo que no estará de más hacerlo en su lugar. Cuidado con la engañosa imagen del felino sonriente que parece extasiado contemplando el vuelo de una mosca, y que de repente tiene los colmillos en el cuello de su presa.

De hecho, la selección forzosa de Armengol ya ha impactado en el bando independentista. En su encíclica tuitera matinal, Puigdemont mantenía su hostilidad integral a España, pero excluyendo cuidadosamente como Shylock a Francina de su libra de carne. La candidata neutraliza el victimismo de Junts, que cuenta con militantes menos nacionalistas que la mallorquina.

En cuanto irreprochable, Francina supone un contratiempo para Puigdemont, una cuña de la misma madera. Su pujanza tampoco complace a Sánchez, que ya conoce la dureza negociadora de la expresidenta del archipiélago mediterráneo. Escudada en su «carácter fuerte», Armengol le amenazó con una rueda de prensa dinamitera tras una reunión infructuosa en La Moncloa sobre el ficticio Régimen Especial de Balears. El presidente del Gobierno tuvo que claudicar con una nota hueca pero conciliadora.

Armengol sale de su supuesta presentación oficial más misteriosa de lo que entró. Fabricada con teflón, nunca ha reconocido un error, no se hallará ningún documento que explique su estrepitosa derrota del 28M. También aquí simboliza a la perfección a un partido que se cree salvado porque no se ha hundido del todo.