El hundimiento de Podemos en Baleares: Del «sí se puede» en el Palma Arena a cerrar con un ERE

La formación morada pasa de ser un partido que marca la política en Balears a clausurar su sede en apenas ocho años

El alejamiento respecto a las demandas sociales y la gestión interna, entre las claves

Andrés Martínez

Andrés Martínez

«Sí se puede, sí se puede», corean 5.000 personas en un Palma Arena abarrotado para ver a Pablo Iglesias. Incluso una hora antes del acto hay una cola para entrar al velódromo que llega hasta la calle General Riera. «Es uno de los procesos de militancia más intensos y maravillosos de mi vida», explica Sergio Storti, uno de los miembros fundadores del partido en las islas. Corría el año 2015 y el efecto Podemos en la política española y balear había explotado definitivamente, consolidándose como la alternativa al bipartidismo entre el PSOE y el PP.

Un año antes, en 2014, la formación morada irrumpe contra todo pronóstico en las elecciones europeas, y es en ese mismo año cuando Podemos crea su sede en Mallorca. Es a partir de aquí cuando el partido de la ‘casta’ se consolida en las islas, en una historia donde ha pasado de ser una figura clave en la política a echar el cierre con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE). Una vez establecido en Balears, las primeras elecciones donde Podemos se presentó fueron las autonómicas de 2015 con Alberto Jarabo a la cabeza. Así, en su puesta en escena en las islas, los morados obtuvieron diez escaños, tan sólo cuatro por debajo del PSIB, convirtiéndose en la tercera fuerza política. Respecto a los apoyos, Podemos sacó 62.868 votos, mientras que los socialistas alcanzaron los 81.073.

Según explica Aligi Molina, otro de los fundadores de la formación, una de las claves para el éxito de Podemos en aquella etapa fue el arraigo social que despertó entre los ciudadanos «Uno de los aspectos que intentamos impulsar fue una mayor participación por parte de la gente en las asociaciones, entidades sociales y barrios populares. Al final, en un sentido amplio, la política es la vida y había que conectar de forma directa con la sociedad».

Unos comicios, los autonómicos de 2015, donde la socialista Francina Armengol se convirtió en presidenta del Govern con los votos a favor del propio Podemos, aunque en este caso la formación morada ofreció apoyo externo sin entrar a formar parte del Ejecutivo.

La fuerza de Podemos en las islas siguió creciendo entre 2015 y 2016, organizando mítines que arrasaban como el ofrecido en Sa Riera, donde a base de la música del Equipo A los candidatos eran recibidos como auténticos héroes. «Podemos contaba con una organización multicolor muy importante, donde se escuchaba a la gente y con unas bases libertarias muy profundas», detalla Scorti.

Así se llegó a las elecciones autonómicas de 2019, donde Podemos se presentaba con el objetivo de ser decisivo en el Parlament de Balears. No obstante, las peleas internas y la salida de figuras importantes como la de Laura Camargo en el plano autonómico provocaron que la formación morada perdiera mucha fuerza.

«Nos dimos cuenta de que no tenía nada que ver con lo que era en sus orígenes. Pasaron de ser un partido plural, surgido de los círculos y los debates a llevar a cabo una gestión antidemocrática y autoritaria, dejando de contar con aquellos que disentían políticamente», apunta la propia Camargo. Con el juez Juan Pedro Yllanes como cabeza de lista, Podemos obtuvo seis escaños, cuatro menos que en 2015, y 41.448 votos, muy lejos de los 116.496 del PSIB. Paradójicamente, a pesar de contar con menos apoyos, Podemos esta vez sí entró a formar parte del Govern a través del ya conocido Pacte de Bellver. En este sentido, el propio Yllanes obtuvo la vicepresidencia y la conselleria de Transición Energética y Sectores Productivos mientras que Mae de la Concha se hizo con la conselleria de Agricultura, Pesca y Alimentación.

«Seguidismo político»

A pesar de formar parte del Ejecutivo durante la última legislatura, una de las claves de la caída de Podemos según los fundadores está vinculada al «seguidismo político» respecto a las políticas planteadas por el PSOE. «Se pidieron dos consellerias pensando que eso iba a dar un rédito político pero si la gente no ve reflejada la utilidad del partido vota al PSOE. Durante los últimos cuatro años han sido una comparsa de los socialistas, sin plantear un perfil propio ni propuestas innovadoras», declara Carlos Saura, otro de los perfiles que estuvieron presente en la fundación morada.

Otro de los aspectos que explican el hundimiento, según Camargo, está vinculado a la poca territorialización de Podemos en Balears, dejando todo en manos de la dirección nacional. «No se han preocupado en echar raíces, convirtiéndose en una sucursal pendiente de las órdenes de Madrid. El problema de estar tan pendiente de la capital es que allí no conocen Balears ni cómo funcionan estas islas».

El declive de Podemos que se inició a partir de 2019 tocó techo el pasado 28 de mayo, donde los resultados autonómicos supusieron una auténtica debacle, pasando de seis diputados a tan sólo uno en el Parlament (ninguno en Mallorca) y desapareciendo por completo del Consell de Mallorca. De hecho, tras esta caída, la cúpula de Podemos en Balears presentó su dimisión en diferido, aplazando la decisión hasta las generales.

Una renuncia que no se ha llegado a hacer pública ya que la pasada semana Podemos decidió echar el cierre en las islas y despedir a los siete trabajadores que formaban parte de la sede a través de un Expediente de Regulación de Empleo. «Es llamativo que hayan llevado a cabo un ERE para despedir a los trabajadores antes de que la cúpula haya presentado su dimisión» detalla Camargo. Con esta decisión, la historia de Podemos en Balears que se inició con el «sí se puede» de 5.000 personas en el Palma Arena llega a su final. «Ha sido una puñalada a la ilusión, ese es el titular».

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