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Entrevista

Enric Juliana: «Si la izquierda fracasa en Baleares, Sánchez tendrá un gran problema»

«Tengo muchas dudas de que la reforma de la malversación le salga bien al Gobierno» - «La derecha está inmersa en transmitir de forma impúdica su deseo de que el país vaya mal»

El periodista Enric Juliana. E.J.

Periodista. Llega a Mallorca para presentar su libro Aquí no hemos venido a estudiar en las Jornades Antifeixistes que celebra Més per Palma esta tarde en s’Escorxador de Palma. Actualmente ocupa el cargo de director adjunto en La Vanguardia y escribe crónicas y análisis político para el diario catalán desde Madrid.

P. ¿Cómo ve el actual momento político?

R. Marcado por la incerteza. Si lo miramos con perspectiva, estos tres últimos años ha habido un gobierno de izquierdas que experimenta por primera vez desde la Segunda República una coalición en España, y han coincidido con tres años de calamidades. Hemos encadenado dos años de pandemia con una situación de guerra en territorio europeo con consecuencias directas sobre la economía o el estado de ánimo social. Tengo la percepción de que durante estos años se ha reforzado la idea de que estamos sujetos a fuerzas que no se pueden controlar, ya no solo desde los gobiernos nacionales sino también desde las superestructuras. Esto crea un revuelo mental que reclasifica muchos temas. En primer lugar produce mecanismos defensivos muy fuertes, acentuados, identitarios y de defensa de intereses de grupo. Esto se ve en el incremento electoral de la extrema derecha.

P. ¿Los ciudadanos premian la estabilidad?

R. Tienden a dar apoyo a los gobiernos cuando transmiten la sensación de que controlan la situación. Aunque estamos en un tiempo inclemente con los matices. La derecha está inmersa, equivocadamente, en convocar la catástrofe y transmitir de forma impúdica su deseo de que el país vaya al desastre, pero esta catástrofe no se acaba de materializar. Eso genera un problema sobre la credibilidad de sus intenciones reales y da oxigeno a una izquierda que ha optado por el pragmatismo. Visto con perspectiva, es milagroso que el Gobierno no se haya roto en estos tres años, aunque la continuidad no está garantizada en estos momentos porque la situación sigue siendo incierta y el país está muy dividido políticamente. La partida está muy abierta. A Pedro Sánchez le ha ido muy bien saberse mover en territorio europeo porque, en los últimos años, ha quedado claro que gran parte de las decisiones se toman en Bruselas, en una escala superior a la nacional.

P. ¿Habrá cambio de ciclo en Balears?

R. Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales en Balears y Comunidad Valenciana serán un gran indicador para las generales. En ambas ha habido una experimentación del centroizquierda que ha funcionado y han gestionado bien la pandemia, y afrontan la situación posterior con las ideas claras. La covid situó a las islas en una situación muy complicada, con un estrangulamiento absoluto del turismo, y se ha acabado recuperando. Si la izquierda y el centroizquierda fracasan en Baleares y Comunidad Valenciana, Sánchez tendrá un gran problema. Si hay una revalidación de la mayoría se confirmaría la impresión de que la partida está abierta. En ambas comunidades los gobiernos van a las elecciones con los deberes bastante hechos.

P. Ninguna encuesta da mayorías absolutas.

R. No veo un retorno al bipartidismo fuerte. El PP no consigue absorber a Vox, que incluso en sus meses más bajos a causa la mayoría absoluta de Juanma Moreno en Andalucía sigue estando en torno al 15 por ciento de los votos. Tienen un lenguaje y unas consignas que gusta a parte de la derecha española y se sienten cómodos. Les han hecho una especie de sofá ideológico. En la izquierda ahora el problema se sitúa en el interior de Unidas Podemos. Además, el PSOE ya no está en condiciones de reabsorber estos votos, como si podía ocurrir antes, porque se trata de gente que ya no volverá a votar a los socialistas. Por tanto, si la izquierda más allá del PSOE se rompe muchos pueden decantarse por la abstención. Es muy difícil que vuelvan y, por tanto, el sistema de cuatro partidos más los nacionalistas catalanes y vascos es el futuro.

P. ¿Sumar y Podemos están destinados a juntarse?

R. La racionalidad y la objetividad de los hechos empuja para que vayan juntos porque la ley electoral es implacable. Si se dispersan o rompen no sumarán, restarán. En las provincias donde se dirimen tres diputados por ejemplo, uno se lo puede llevar el PSOE, el otro el PP y el tercero estaría en disputa entre Podemos y Vox. Aunque en política 2 y 2 nunca hacen cuatro. Puede ser que esté clara la necesidad objetiva, pero después hay que mirar las posibilidades subjetivas. Las diferencias las están tratando de gestionar con bastante seriedad. Las grandes crisis de estos años se han producido en PSOE y PP, con Pedro Sánchez y Pablo Casado. En Ferraz aún resuena una voz que dice ‘aquí la autoridad soy yo’ –proferidas por la entonces presidenta del Comité Federal del PSOE, Verónica Pérez, días antes de la defenestración de Sánchez– y en Génova, los gritos contra el expresidente de los ‘populares’. En UP hay diferencias y los medios están muy pendientes, pero encara no ha habido división en el voto en el Congreso. Aunque sí hay un problema: afrontan una reconfiguración sin reglamento. No está claro cuál será el método. Yolanda Díaz recibe un encargo personal y quiere hacer un reset del espacio a partir de sus ideas. La pregunta principal es cómo piensan organizarse. Sin una metodología clara no podrán gestionarlo y no podrán construir una fuerza política estable. PSOE y PP han sufrido guerras de partido terribles, pero tenían una metodología. Cuando Sánchez gana las primarias, todos los que habían ido contra él tuvieron que callar.

P. ¿Acierta el gobierno con la eliminación del delito de sedición?

R. Es un tema de gran complejidad. Legislar para solucionar un problema de fondo como el de Cataluña creo que lo entiende mucha gente, incluso puede ser una concepción mayoritaria si sirve para no volver a vivir un drama como el de 2017. La eliminación del delito de sedición y reconversión en desórdenes públicos agravados, que aún tenemos que esperar a la letra pequeña del texto, tiene una explicación que se sostiene con la adaptación del código penal a los estándares europeos. Aunque ningún país europeo deja en blanco esta cuestión y contemplan de una u otra forma cómo hacer frente un peligro sobre la integridad nacional. Está en todos los códigos penales. Pero ha quedado claro que no se podía afrontar este problema con un tipo penal del siglo XIX, el de los pronunciamientos militares.

P. ¿Y con la reforma de la malversación?

R. Esto es mucho más complicado porque afecta a otro circuito neuronal de la sociedad: ya no es Cataluña, en el que mucha gente entiende que se deben hacer reformas para evitar un drama, sino que afecta directamente a la corrupción, el mal uso del dinero público. Es evidente que el Gobierno lo hace para reducir la posibilidad de que más gente de Cataluña entre en prisión y evitar que en el último año de legislatura un centenar de personas sean condenadas por los hechos del 1 de octubre de 2017. Con el tema de la corrupción existe mucha sensibilidad en España y explicar esta distinción entre la corrupción que va al bolsillo y la que no es muy complicado. La mayoría de personas que desvían dinero no lo hacen de manera visible directamente a su bolsillo. Tengo muchas dudas de que esto le salga bien al Gobierno. La malversación es radioactiva porque apela a una cuestión que hace pocos años formaba parte de las principales preocupaciones de los españoles.

P. Afirma que el clima tóxico de la política se inicia en 2020, cuando Vox habla de ‘gobierno ilegítimo’ y el PP lo secunda.

R. Vox lanzó la consigna y el PP acabó haciéndola suya. El hecho significativo es que Alberto Núñez Feijóo, después de ser proclamado presidente del PP, parecía que quería huir de este marco. Promete un estilo y lenguaje diferente. Da señales de que quiere acordar la renovación del CGPJ. Con un gobierno ilegítimo no puedes negociar la reforma de los órganos constitucionales. Estuvo a punto de dar el paso, pero acabó retrocediendo. Ahora dice que protege la Justicia de Sánchez. Por tanto, vuelve a decir ‘gobierno ilegítimo’. Ya no hay salida hasta las elecciones y explica muy bien la legislatura. En última instancia, los electores decidirán si el Gobierno les parece ilegítimo o no.

P. Alberto Núñez Feijóo afirma que el bloqueo al Poder Judicial busca «proteger» a la Justicia de Pedro Sánchez.

R. Quería transmitir la idea de que entendía la política de otra manera para captar a votantes del PSOE que podrían votar al PP, así podía presentarse como conciliador, dialogante y dispuesto a pactar. Además hubiera sido bien recibido por la Comisión Europea, que tiene un problema serio con Hungría y Polonia por su actitud agresiva de los gobiernos para controlar el Poder Judicial. La CE necesita no tener problemas en la parte occidental porque esos países podrían señalar que España también tiene problemas en este ámbito. Si la derecha firmaba el pacto aseguraba a Europa que contribuían a un correcto funcionamiento de las instituciones y del orden democrático europeo. Hay sectores conservadores que no quieren la renovación del Tribunal Constitucional y el CGJP porque consideran que no hay modificar la correlación de fuerzas si en un año pueden ganar las elecciones.

P. Grupos de ultraderecha preparaban un golpe de Estado en Alemania. ¿Puede ocurrir aquí?

R. Solo leerlo ya pone los pelos de punta. La cuestión es muy seria y se trata de un país fundamental en la historia europea reciente. Es el país principal en la economía europea y si se desestabiliza políticamente la Unión Europea podría entrar en colapso. Todo lo que ponga en peligro esa estabilidad social y política del país nos debe preocupar muchísimo. Parece que se trata de un tema marginal, pero la historia nos enseña que lo que está en los márgenes puede ir a más. No se debe menospreciar. Si los servicios de inteligencia españoles tuvieran la misma pulcritud que los alemanes a la hora de controlar estos temas, habría bastantes detenidos. Incluso más que allí.

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