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Entrevista

Ana Martos: «La ley Trans no protege a los menores»

Madre de una menor trans y miembro de la Asociación Chrysallis, insiste en que la normativa debe «escuchar a los niños» y permitirles cambiar de nombre y sexo sin aval judicial ni informes médicos o psicológicos

Ana Martos, madre de una menor trans e incansable luchadora por los derechos del colectivo. | BERNARDO ARZAYUS

Madre de una menor trans e incansable en la lucha por los derechos del colectivo LGTBI+, con el foco puesto en los menores como vocal de la junta directiva de la Asociación Chrysallis en Balears. Poco antes de empezar esta entrevista, pide que no se utilice la palabra ‘transexual’: «En las últimas reuniones se decidió dejar de emplearla para quitarle el componente sexual. Cuando hablamos de personas trans nos referimos a su identidad, no tiene nada que ver con el sexo».

¿La ley Trans protege a los menores?

La que se redactó en 2021 sí. Pero la que quieren sacar ahora, con los recortes y las enmiendas que plantea el PSOE, no los protege. Proponen que los menores de entre 12 y 16 años necesiten un aval judicial para cambiar su sexo y su nombre, aunque eso sea anticonstitucional. En cambio, la ley que se puso sobre la mesa en 2021, pactada con las entidades LGTBI+, permitía que los menores modificaran su DNI sin más explicaciones. Los niños tienen que estar en los parques, no delante de un juez.

¿Un menor de 16 años tiene madurez suficiente para la autodeterminación de su género?

Todas las personas tienen claro quiénes son a partir de los tres años, aproximadamente. Recuerdo que a la primera mujer trans ‘Miss Universo España’, Ángela Ponce, le preguntaron cuándo fue consciente de quién era. Ella respondió que se dio cuenta de que era una mujer la primera vez que alguien le dijo que no lo era. Lo que ocurre es que la sociedad únicamente cuestiona cuando el sexo no coincide con los genitales. A las personas cisgénero no se les pone en duda.

¿Cómo sabe un niño que su sexo y su género no coinciden?

Los niños tienen referentes en casa, en la escuela, en la televisión...y empiezan a actuar como sus iguales. Mi hija, que tiene tres hermanos varones, me veía maquillarme y peinarme, y empezó a imitarme. Los niños no tienen concepción de un genital u otro, y tampoco tiene ninguna relevancia. Ellos saben quiénes son, y actúan como tal, simplemente.

¿Hace falta un informe médico o psicológico que lo acredite?

Evidentemente no, estamos luchando contra esa medida. Muchos antropólogos, psicólogos y científicos han constatado que las personas trans realmente son quienes dicen ser. Desde que la OMS en 2018 despatologizó la transexualidad, un psicólogo no es nadie para seguir estigmatizando y poniendo en tela de juicio al colectivo. Gran parte del deterioro de la salud mental de los niños trans se debe a que la sociedad los cuestiona continuamente.

Algunos movimientos feministas niegan la identidad de género de las mujeres trans.

Si mujer cree que es mujer por tener vagina, está muy equivocada. Y, desde luego, tampoco es feminista; el feminismo es la igualdad entre todos, incluidas las personas trans. Todavía no he escuchado un argumento lógico que explique por qué una mujer trans discrimina a una mujer cisgénero. El ser y el sentir está en la cabeza, no en los genitales. Y eso no debería tener barreras legales, pero tampoco sociales.

¿Los derechos de las personas trans son un campo de batalla ideológico?

Por desgracia sí. La ley Trans tenía que haber salido adelante tal y como estaba pactada en la anterior legislatura. Ahora, como el Ministerio de Igualdad es de Podemos, todo son trabas. El PSOE quiere colgarse la medalla a costa de nuestros derechos y lo saben incluso sus propios militantes. Incluso la diputada socialista Carla Antonelli, histórica abanderada del colectivo, ha dimitido de su cargo por este desastre.

¿También hay que despatologizar la disforia de género?

La disforia de género es una patología, pero no es sinónimo de las personas trans. A menudo es consecuencia de la presión que ejerce la sociedad sobre el colectivo. Queda mucho por luchar hasta que todos aceptemos que existen las mujeres con pene y los hombres con vagina. Pero, desde luego, muchas personas trans están cómodas con sus genitales; la identidad y la sexualidad son dos conceptos muy distintos.

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