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OPINIÓN

Insultaron a Patrascu

Oana Ciotau, hija de Lucía Patrascu, con una fotografía de su madre, que fue asesinada en Pollença. Manu Mielniezuk

El político mallorquín más importante del siglo XXI es Juan Antonio Puigserver, secretario general técnico del ministerio de Interior con Rajoy y Sánchez. Por si esta continuidad no fuera hazaña suficiente, administró la implantación del 155 en Cataluña con una delicadeza dialogante sin roces ni desplantes. Su declaración ante el Supremo de Marchena en el juicio al procés también fue modélica, ni una sola concesión a la histeria patriotera.

Puigserver firma ahora la resolución que confirma que las instituciones más vanidosas de Balears insultaron a Lucia Patrascu con fondos públicos. Ultrajaron a la víctima rumana horas antes de su asesinato y después del crimen, porque «de haberse adoptado las medidas adecuadas, cabría haber evitado» la muerte a manos de su esposo.

Aquí se debe disculpar a Puigserver, porque sus prolongadas ausencias de la isla le han desconectado de los códigos imperantes, a resumir en la sumisión al poderoso y el ensañamiento con el débil. Para restituir los honores lesionados, lanzamos desde aquí una enhorabuena con vítores a la Guardia Civil, acusada de «una instrucción claramente insuficiente» y cuyo máximo responsable fue elevado a director general por el Govern. Sí, el mismo Consolat que no se personó en la causa penal por la desdichada actuación ahora admitida desde Madrid. Su silencio no duró un minuto, sino años. Tampoco intervino el Institut de la Dona, balbuceante además de ofensivo hacia quienes entrevistamos a la hija de la víctima. No olvidamos la celeridad archivadora de los juzgados de Inca, ni a la fiscalía que se negó a acusar, en aplicación de su infalible doctrina Cursach. Es injusto achacar a estos poderes tan arraigados «un funcionamiento anormal de los servicios públicos». Actuaron con total normalidad, como acostumbran, porque la indignidad siempre será recompensada en Mallorca. Por favor, lea la frase anterior con una sonrisa en los labios.

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