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OPINIÓN

Sánchez desentierra el REB espectral

Pedro Sánchez visita la fábrica CAROB en Marratxí Guillem Bosch

El primer artículo del Régimen Especial de Balears, que los partidos políticos y las entidades fotografiadas junto a Francina Armengol presentaron como irrenunciable en Madrid a principios de la pasada legislatura, rezaba un elemental «Cogestión aeroportuaria».

Si no se ha obtenido ni el supuesto esencial del REB, cuesta entender qué celebra la sociedad civil de pago. El punto culminante del Régimen citado era un fondo «nunca inferior» a 400 millones anuales, que tampoco se ha materializado. La ministra María Jesús Montero se encargó de comunicarle a Catalina Cladera que estos supuestos jamás se alcanzarían. La entonces consellera de Hacienda se olvidó de transmitirlo a Armengol, y lo pagó con el cargo.

El Gobierno Sánchez enterró el Régimen Especial. Pese a ello, el voluntarioso Consolat ha anunciado en los últimos tiempos en una docena de ocasiones que existe un REB rozagante y envidiable, aunque sin cumplir ni uno solo de sus propósitos originales. Si la ley funcionaba a pleno pulmón, a qué viene el mensaje fundacional de Pedro Sánchez en la única autonomía socialista que respeta su voluntad de no bajar impuestos.

Sánchez desenterró ayer el Régimen Espectral, desde un armazón tan fantasmagórico que ni siquiera se atrevió a someterse a las preguntas de los periodistas para desgranar su obsequio. El infatigable presidente del Gobierno recibió en Palma la nueva oleada de encuestas negativas, esta vez en El País y El Confidencial, sin apearse de la combatividad que lo mantiene en campaña. Zapatero se apartó por menos, y cualquier otro político hubiera abandonado la empresa redentora por quijotesca. Sin embargo, Sánchez sabe que cada día que permanece en la Moncloa sin adelantar elecciones le plantea problemas a un Feijóo que no genera más confianza, sino menos desconfianza que el primer ministro.

Sánchez no desembarcó para proclamar que se disponía a perder las elecciones, como su máximo adversario. En la misma plaza, Feijóo aseguró la pasada semana que el PP iba ganando las autonómicas «ahora mismo», pero que la victoria podría torcerse «en seis meses». El presidente del Gobierno sabe que peligran comunidades como La Rioja, Valencia o Balears, y desea impulsar la reversibilidad vaticinada por el agorero gallego. Por lo menos, el socialista no habló en Mallorca de «cabildos».

La vieja España arrastra los años suficientes de democracia para conocer el escaso impacto de los abalorios y espejos de cuentas que, a semejanza de Hernán Cortés en su proeza mexicana, se multiplican en la último tramo de la legislatura. Los ciudadanos avispados y ahora cortejados atrapan el dinero y votan al rival. En la foto de Armengol junto a la sociedad civil de pago, ganan por mayoría absoluta quienes no van a votarla en mayo, lo cual aumenta el impacto del bofetón al PP ausente.

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