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Un corazón en paralelo para ganar calidad de vida

Un equipo multidisciplinar de Son Espases ya ha colocado con éxito cinco dispositivos de asistencia ventricular en otros tantos pacientes que no podían someterse o esperar a un trasplante cardíaco

Uno de los pacientes con un DAVI, en una de las revisiones periódicas con la enfermera Trini Cano. HUSE

Para las personas que padecen una insuficiencia cardíaca grave y no pueden someterse a un trasplante de corazón por algún otro problema de salud o porque no disponen del tiempo suficiente para esperar a que aparezca un órgano compatible, la vida no se ha acabado.

Un entregado equipo multidisciplinar de Son Espases, sobreponiéndose a las limitaciones y obstáculos que ha puesto en su camino la pandemia de covid-19, ya ha colocado desde el pasado 14 de octubre de 2020, en breve se cumplirán dos años de la efeméride, cinco dispositivos de asistencia ventricular izquierda (DAVI) con los que pacientes con insuficiencias cardiacas graves prácticamente desahuciados han podido mejorar su calidad de vida y poder caminar un buen centenar de metros o subir un tramo de escaleras sin tener que tomarse un respiro porque su corazón ya no daba para más.

Foto de familia de algunos de los 20 o 30 especialistas que participan en la colocación de los DAVI. HUSE

El cardiólogo Andrés Grau, coordinador de la unidad de insuficiencia cardiaca del hospital de referencia, secundado por José Ignacio Sáez de Ibarra, jefe de cirugía cardiaca, explican en qué consiste esta intervención.

«Es una máquina que funciona como un corazón artificial y que realiza la labor del ventrículo izquierdo de bombear sangre a todo el cuerpo. Reemplaza, o ayuda», matiza Sáez de Ibarra, «a un corazón que ya no funciona. Esta intervención está indicada para personas con una insuficiencia cardiaca muy avanzada», puntualiza el cirujano que se ha pasado entre 3 y 5 horas en un quirófano en cada una de las cinco operaciones realizadas hasta ahora para colocar estos dispositivos.

Su compañero Andrés Grau prefiere referirse al DAVI como «un corazón en paralelo». El cardiólogo explica que la operación consiste en colocar una bomba en la punta del ventrículo izquierdo del corazón con el objeto de ayudarle en su función primordial: impulsar el riego sanguíneo por todo el cuerpo.

Seis litros de sangre por minuto

«Esta bomba aspira la sangre y la ayuda a llegar a la aorta que es la encargada de distribuirla. Un ventrículo izquierdo hace circular hasta cinco litros de sangre por minuto. Cuando su capacidad funcional baja hasta los dos litros, ya podemos hablar de una insuficiencia cardiaca avanzada», revela el especialista añadiendo que el DAVI tiene una capacidad de irrigar hasta seis litros de sangre por minuto aunque matizando que el ventrículo dañado «debe tener algo de vida» para que la intervención concluya con éxito.

La bomba colocada en el extremo del ventrículo precisa de energía, una energía que le llega a través de un cable que ha de salir del abdomen y quedar conectado a una fuerte de ordenador que será el que controle el correcto funcionamiento del corazón. Este ordenador recibe su alimentación de manera permanente de dos baterías que tienen una autonomía de 17 horas. Por ello, cada noche, los pacientes han de recargarlas y conectar el aparato directamente a la red eléctrica para que su función no se interrumpa en ningún momento.

1 La bomba que ayuda a la irrigación sanguínea se coloca en un extremo del ventrículo izquierdo. 2 Las dos baterías que alimentan al ordenador. 3 Cable que conecta la bomba al ordenador. 4 El ordenador que controla una correcta función coronaria. DM

«Estos dispositivos tienen unos cables muy largos que les permiten deambular por sus hogares sin tener que desconectarse de los enchufes», apunta el doctor Grau antes de revelar una de las incompatibilidades de estos dispositivos: no se pueden mojar y por tanto hay que extremar las precauciones durante la higiene diaria y olvidarse por completo de pegarte un baño en la piscina o el mar.

El cirujano Saéz de Ibarra subraya que se trata de un complejo trabajo en el que un buen número de profesionales deben trabajar como un mecanismo bien engrasado.

Desde el propio cirujano que debe evitar sangrados en una operación en la que hay que enganchar una pieza metálica (la bomba) a un tejido que se mueve (el ventrículo), a los anestesistas que deben estabilizar al paciente y acostumbrar a su corazón a su nueva funcionalidad tras permanecer conectado durante la operación a una máquina que ha permitido una circulación sanguínea extracorpórea.

Adaptación física y psíquica

O el trabajo que deben realizar los médicos intensivistas durante la semana que el paciente debe permanecer en la UCI tras la intervención para controlar posibles hemorragias o infecciones en el dispositivo así como su progresiva adaptación a la máquina y la sincronización de las revoluciones de esta a las de su nuevo usuario. O, como recuerda la intensivista Maria Riera, los cuidados de las enfermeras especialistas en insuficiencias cardiacas como Trini Cano «o Joana», apunta la primera para no olvidarse de su compañera de faena.

«El mayor riesgo de estos pacientes está en las infecciones del cable que sale de su abdomen», apunta Trini revelando que durante su estancia de una semana en la UCI hacen hasta dos curas diarias para tener una «herida bien cerrada y bien limpia». Unas profesionales que tras la UCI y en las tres semanas que el paciente ha de pasar en planta antes de recibir el alta se encargan de educarle para que se adapte a vivir con el nuevo dispositivo así como para que lo asuma psicológicamente. Y para que Francisca Nadal, una de las cinco personas a las que este equipo de profesionales ha colocado uno de estos DAVI, pueda caminar hasta 400 metros de forma continuada sin tener que buscar un banco en el que recuperar el resuello.

Ser mentalmente fuerte para que te pongan un dispositivo de 100.000 euros

Aunque no han sido mencionados en el texto principal de esta información, los cardiólogos merecen un espacio aparte por su labor en estos complejos procesos asistenciales. No en vano son los encargados de decidir a qué pacientes se les instala un dispositivo valorado en más de cien mil euros.

«Tiene un coste similar al de un trasplante cardiaco pero con la diferencia de que con el paso de los años sale más económico (por las atenciones posteriores que requiere)», comienza Grau.

«Son tributarias de estas intervenciones aquellas personas con una insuficiencia cardiaca avanzada que no pueden someterse a un trasplante por algún otro problema médico, porque están tan graves que no carecen de tiempo para esperar que aparezca un corazón compatible o porque su edad ya desaconseja esta intervención», acota el cardiólogo matizando que pese a las ventajas que entraña la instalación de un DAVI, «la terapia ideal es el trasplante, pero en estos casos no es posible».

Grau: «Tiene un coste similar al de un trasplante pero con el paso de los años sale más económico»

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Sobre las patologías asociadas que contraindicarían este último, el doctor Grau detalla que serían una diabetes mal controlada y de larga evolución, una enfermedad vascular periférica importante, una insuficiencia renal en fase de diálisis o un cáncer avanzado, patología que sería la única que evitaría que un paciente entrara en un quirófano para que se le instalara un DAVI.

Pero no solo el estado físico del paciente determina su elección. «Debe ser un buen cumplidor de los tratamientos, una persona psicológicamente estable y contar con un buen apoyo familiar», continúa el cardiólogo aludiendo a que la limpieza diaria del cable que sale del abdomen y a la que difícilmente puede acceder el propio paciente requiere de un cuidador allegado.

Todo una montaña de condiciones que no ha impedido que ninguno de los pacientes que las cumplían hayan sido intervenidos desde mediados de octubre de 2020 pese a la precaria situación impuesta por la covid que ha obligado «a forzar la situación en alguna ocasión», admite a modo de conclusión el cirujano jefe Sáez de Ibarra.

Francisca Nadal posa junto a su marido y su DAVI en su casa. Guillem Bosch

Francisca Nadal: «Debo enchufarme a la luz por las noches pero ahora ya friego»

Aquel 14 de octubre de ahora hace casi dos años, Francisca Nadal Barceló entraba en el quirófano con miedo «porque era el primer aparato de ese tipo que ponían en Mallorca. Pero salió todo bien», comienza su relato la mallorquina que tiene el honor de ser la primera paciente de esta comunidad a la que se le ha instalado un dispositivo de asistencia ventricular con el que subsanar su insuficiencia cardiaca grave.

Una insuficiencia que le impedía andar más de treinta metros seguidos. «Sigo teniendo mis limitaciones, pero nada que ver con las de antes. Antes no podía llegar a la parada de autobús que está a unos cincuenta metros de mi casa. Ahora sin embargo llego muy bien», diferencia.

«Ahora puedo salir a la calle, limpiar la cocina o el cuarto de baño. Aunque eso sí, poco a poco», matiza

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A esta mujer de 68 años que es diabética pero que asegura que sus problemas de corazón son una herencia de familia porque declara que no ha fumado ni bebido nada en su vida, el DAVI que ya porta desde hace dos años le ha cambiado la vida. «Aunque debo enchufarme a la luz todas las noches para recargar las baterías, ahora puedo fregar, salir a la calle, limpiar la cocina o el cuarto de baño. Eso sí, poco a poco», diferencia. 

«Me ha devuelto la vida», matiza tras recapacitar un poco y admitiendo que debe acudir a Son Espases cada semana para pasar una revisión y a «curarme el cable que me sale del abdomen», concluye.

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