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BOULEVARD

Boulevard: «Me he acostumbrado a vivir muy bien», decía Franco Meloni

Gabriel Escarrer padre a Felipe VI en el Palacio de Congresos, delante de Francina Armengol: «¿Ha visto, Majestad? Tenemos una presidenta con un pico de oro»

Giorgia Meloni celebra su triunfo electoral en los comicios italianos. REUTERS

En la Mallorca saturada «no vivimos juntos, ocupamos la misma jaula», por citar a Tennessee Williams en La gata sobre el tejado de zinc. Oportuno es recordarlo, en el vértice de la semana en que hemos descubierto que la personalidad más apasionante de la dinastía Meloni no es la presidenta Giorgia, sino su padre y narcotraficante Francesco, Franco para los amigos. En el recuerdo de su abogado mallorquín Antonio Coll, no era un narco sino «un anarco, libertario, muy empático pero también capaz de desdoblar su personalidad. Dejaba huella, por eso me acuerdo de él».

Dalí situaba el centro del Universo en la estación de Perpiñán, pero los indicios apuntan a que Mallorca irradia todos los focos de la actividad planetaria. De ahí que Giorgia Meloni, que ha abusado de la explotación de la figura paterna como contraejemplo vital, no debió confiar en que pasara desapercibida una condena en Palma a nueve años de cárcel por narcotráfico a gran escala. Vuelve Coll: «Le sobraban los redaños y no se iba por las ramas. Me contó que ‘me he acostumbrado a vivir muy bien, y me han ofrecido esta operación para saldar una deuda’. Tenía la capacidad de lograr que te pusieras en su lugar».

Los anglosajones hablan de personajes «más grandes que la vida», enlazando con la memoria de Coll sobre Meloni padre. «No hablaba de su familia en Italia. Aunque confesó enseguida y se declaró único responsable, se enfadó por la magnitud de la condena. Nos hizo desistir del recurso al Tribunal Supremo, que poco después establecería que el contrabando va implícito en la pena de tráfico, lo cual le hubiera supuesto una rebaja de años de cárcel. Aquí afloró el lado oscuro de su carácter, dejó a un lado su simpatía italiana y rompimos las relaciones».

En el litoral de Andratx han inventado la zona de dominio público «de paso», olvidando que todos somos transeúntes en esta isla, y en esta vida.

Cuando Alberto Núñez Feijóo habla en Mallorca de ayuntamientos y «cabildos», reafirma que Balears no es jerárquicamente el segundo archipiélago español, sino el último. Francina Armengol preside el Govern que engloba a los cabildos, y era la tercera en discordia cuando Gabriel Escarrer padre le comentó a Felipe VI, en el Palacio de Congresos donde el hotelero recibía el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial, «¿Ha visto, Majestad? Tenemos una presidenta con un pico de oro».

Recuerden dónde leyeron el pasado domingo que «Cuidado con la cabeza del director general de RTVE, amenazado desde Nueva York». Dicho y hecho, al día siguiente era obligado a dimitir José Manuel Pérez Tornero. La información era infalible, porque la llamada de Pedro Sánchez desde la capital neoyorquina donde asistía a la asamblea general de la ONU se dirigía en Mallorca a su persona de máxima confianza, desde luego sin cargo público en la isla. El consultado formó un puño con la mano, sacó el pulgar y sin vacilar lo apuntó hacia abajo. La suerte estaba echada, con la misma gestualidad manual empleada por Francesco Meloni para rebanarse el cuello en sentido figurado ante la Audiencia de Palma, señalando el precio a pagar si detallaba su encargo de transportar mil quinientos quilos de hachís.

En cambio, no todos ustedes recordarán la entrega de esta sección delictiva correspondiente a marzo de 2015, escrita «en memoria de Queca Campillo, la fotógrafa valiente que se convirtió en mi hada madrina con ojos de miel». Ahora que la ensalzan y la vituperan a partes iguales, a raíz de sus grabaciones sobre Juan Carlos I difundidas en Salvar al Rey, mi versión se inicia con una llamada salida de la nada a esta misma mesa donde ahora me encuentro. Me extraña que quisiera controlarme, en todo caso salí ganando en productividad informativa, y sobre todo en el descubrimiento de una mujer entera. Con la vivacidad, aunque no con la inteligencia superlativa de mi gran amiga Carmen Díez de Rivera, a partir de otro teléfono que suena inesperado.

Paseo a solas por lo que queda del devastado litoral de Andratx y me recibe la imagen que hoy nos ilustra, donde se observa que han inventado el dominio público costero «de paso». No basta con el «Prohibido permanecer en esta zona, solo zona de paso». Hay que ampliar la ambición de los terratenientes, para inscribir sin complejos «Prohibido permanecer en esta isla, solo isla de paso», al más puro estilo de la familia Meloni.

Reflexión dominical temperada: «Vendrán tiempos mejores ha sido sustituido por vendrán temperaturas mejores».

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