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Paula Bublay: «Mallorca es un lugar perfecto para un nómada digital»

La mallorquina Paula Bublay considera que la isla no debe renunciar a ser destino de emprendedores de todo el mundo - «Empecé a trabajar en remoto en 2016 y siempre me estoy moviendo»

Paula Bublay, nómada digital mallorquina.

Paula Bublay empezó a trabajar «en remoto» en 2016. Desde entonces esta joven mallorquina adoptó un estilo de vida de nómada digital, profesionales que se desplazan por todo el mundo para desarrollar sus proyectos laborales con la única condición de tener una buena conexión a Internet. «En 2016 viví en Nueva Zelanda. Después me mudé a California, donde estuve operando en un espacio de ‘coliving’ en Silicon Valley. Allí aprendí lo que era convivir con otros nómadas. Compartir una vivienda con personas con intereses similares a los tuyos te da muchas oportunidades. Conocí a mi pareja y al que se convirtió en uno de mis socios. Y vi a personas que dejaban sus empresas para unirse a la de algún compañero. Creas relaciones muy estrecha y pueden resultar muy fructíferas, tanto a nivel personal como profesional», explica Bublay. 

Forma parte de ese colectivo de personas que trabajan mientras viajan a las que el Ayuntamiento quería atraer para que residieran en la playa de Palma los meses de invierno. El proyecto ha sido retirado después de ocasionar una nueva crisis en el equipo de gobierno municipal porque la promoción iba a pagarse con dinero de la ecotasa. 

«Hace tiempo que intento que Mallorca se promocione como destino para ‘digital nomads’ porque es un lugar perfecto. Nos permitiría curvar la estacionalidad para que no tengamos que aceptar a tanta gente durante la temporada alta y que más negocios puedan permanecer abiertos en invierno. La isla está súper bien conectada, con rutas directas con más de 180 aeropuertos y ahora también con Nueva York. Y Palma es una ciudad preparada para organizar congresos y abrir oficinas. En la isla se habla mucho inglés por el contacto con el turismo y podemos competir en precios. Les ofreces trescientos días de sol y un alquiler de 1.200 euros, más barato que en Berlín», dice esta emprendedora mallorquina.

Un hub tecnológico

Bublay considera que se podría hacer un buen uso de los 1,4 millones de euros que iban a financiar la frustrada campaña del Ayuntamiento. «Ese dinero podría destinarse para la organización de un congreso para nómadas digitales, y después que cada uno se pagara su entrada. El Govern podría sacar un beneficio económico así que no tiene por qué ser necesariamente una subvención, puede ser una inversión», afirma convencida.

«Ojalá la gente viera la parte buena de atraer a estos perfiles. Son personas con interés por conocer la cultura local y generan oportunidades para crear nuevas empresas tecnológicas. Mallorca podría dejar de ser un destino para convertirse en un hub de creación de tecnología y nuevas industrias», añade. 

Compartir una vivienda es indisociable del estilo de vida de un nómada digital y esta mallorquina está desarrollando una plataforma que comercializará alojamientos en todo el mundo. «Será como un AirBnb de los ‘colivings’, pero privado porque necesitarás suscribirte», explica. «En 2019 abrí tres espacios en Selva, Valldemossa y Palma. Cuando llegó el postcovid vi que se extendía una política de trabajo en remoto en muchas empresas. La demanda creció y tres espacios no me bastaban. La plataforma estará accesible en buenro.com y permitirá vivir en nuestras casas en cualquier parte del mundo por un alquiler de 1.200 euros», afirma.

Alto poder adquisitivo

Esa renta mensual da acceso a una habitación doble privada en una vivienda de alto standing en cualquier parte del mundo. Las estancias no son muy largas —un nómada pierde esa condición si se asienta en un lugar a largo plazo—, así que la idea es vivir por semanas o meses en Mallorca, Bali o San Francisco. «Con 1.200 euros en Palma encontrarías un piso en el centro que estaría bastante bien. Pero si te juntas con diez personas y cada uno paga ese alquiler podrás vivir en una villa con jardín, piscina y gimnasio», argumenta esta empresaria, cuyo equipo se distribuye por Estocolmo, Estonia y Berlín. «Siempre me estoy moviendo», añade. 

Es un alquiler elevado, pero Bublay recuerda que forman el colectivo profesionales de una alto poder adquisitivo: «Te gastas el dinero en experiencias, no te lo gastas en un coche porque no lo necesitas». 

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