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Diario de Mallorca

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Mallorca

El Pacto se sitúa ante el abismo de la masificación turística

Los socios temen pagar un «alto precio» político por decisiones como el acuerdo con el Mallorca - Se reúnen hoy los tres partidos a las 11 horas para encontrar una solución

Bel Busquets, Catalina Cladera y Aurora Ribot, líderes de Més, PSIB y Podemos en el Consell.

«Si no hacemos nada ante este acuerdo, pagaremos un alto precio porque nuestros votantes no lo entenderían». El mismo mes en que Baleares puede batir el récord histórico de presión humana en un día y los ayuntamientos tienen que decretar limitaciones al uso del agua, el Consell de Mallorca -concretamente el PSIB-PSOE junto a todos los partidos de la oposición- firmaron un acuerdo publicitario con el Real Mallorca para seguir promocionando la isla como destino turístico. El compromiso alcanza los 1,8 millones de euros en total, y contará con el apoyo del Govern y el ayuntamiento de Palma. Un punto importante es que estos últimos también aportarán fondos para el convenio: el Ejecutivo balear lo hará con 500.000 euros y Cort, con 250.000. Hace menos de un año, en noviembre de 2021, la financiación de una gala de Los 40 ya ocasionó una profunda discrepancia dentro del Pacto.

La repercusión del convenio publicitario ha generado grandes discrepancias dentro de los partidos, y algunos dirigentes reconocen el «temor» a que tenga repercusiones directas en las aspiraciones políticas, ya que la mayoría de sus votantes no perdonarían que siguieran «apostando por la masificación». Además, ambas formaciones están sufriendo la presión de sus satélites políticos para que se planten y exijan responsabilidades directas tanto a la presidenta del Consell, Catalina Cladera, como al conseller insular de Turismo, Andreu Serra. La sensación general es que se ha llegado al «colapso» y se sigue apostando por el mismo modelo turístico. Los más críticos apuntan que los partidos de izquierda llevan gobernando casi ocho años, aunque el número de visitantes no ha parado de crecer y la situación para los ciudadanos ya es «insostenible».

Hace unos días volvía a la actualidad el acuerdo firmado en 2016 entre Iberostar y el Mallorca: pagaba 50 mil euros en 2016 por dar nombre a Son Moix. Ahora se abonará al club veinte veces más por temporada con fondos públicos. Fuentes de Més y Podemos reconocen que se han cometido errores en los últimos años y no se ha atajado «como toca» la «voracidad» del turismo, que ya ha alcanza todas las zonas de la isla. El discurso va en una dirección y las acciones, en otra. Este verano se inauguraban los primeros vuelos entre Nueva York y Mallorca, negociados directamente en 2018 por el entonces presidente del Consell, Miquel Ensenyat, y ahora se empiezan a conocer las implicaciones directas: los estadounidenses ya se interesan y compran segundas residencias en la isla. A esto hay que añadir que Son Moix es el segundo estadio que atrae más demanda para comprar vivienda en sus alrededores. El mensaje del conseller de Medio Ambiente del Govern, Miquel Mir, resumía las contradicciones y confrontaciones actuales: «A estas alturas la promoción turística no es compatible con la estabilidad ambiental de estas islas ni con garantizar un mejor futuro. ¡Seamos claros!».

El secretario general de Més, Jaume Alzamora, publica hoy en este diario un artículo en el que desvela varias claves del negociado que hasta ahora se desconocían: la marca ‘Visit Mallorca’ pertenece a la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) y el montante solicitado por el acuerdo era aún mayor de lo pactado. Y acaba con un ultimátum, compartido con el coordinador general de su partido, Lluís Apesteguia: la decisión «se tiene que reconducir o no tiene sentido continuar con el Pacto».

La crisis en el Pacto del Consell es más profunda de lo que parece porque afecta directamente a dos puntos clave en las relaciones políticas de la izquierda: el planteamiento turístico y la confianza entre los socios. Sobre el primero, las críticas han ido dirigidas no solo a la gestión del «caos» actual, sino a la reciente Ley de Turismo, anunciada con grandes titulares y alargada en el tiempo, porque no ha acabado de contentar a todas las partes. Un alto cargo del Govern reconoce que, pese a la euforia inicial, muchos acaban confesando en privado que «parece hecha a medida para los hoteleros». Con el efecto directo que tiene esto para las aspiraciones políticas del espacio progresista: «Se les exige muy poco cuando son quienes tienen más impacto medioambiental».

Sobre la actual confianza con los socialistas, admiten que ha quedado «tocada» porque se ha ocultado información que afectaba «directamente» a las líneas políticas del Pacto, ya que el modelo turístico está en el centro del debate desde hace años. Desde Més y Podemos relatan que las formas del PSIB-PSOE «evidencian su hipocresía» al defender la moratoria y el decrecimiento, «pero solo de cara a la galería». Hay que recordar que durante las conversaciones con Serra, este les pidió, si no el voto a favor, al menos la abstención o, incluso, no acudir a la reunión para que no contabilizara su voto.

Pese a los anuncios, Baleares sigue registrando récords en llegadas, la limitación de los cruceros sigue muy lejos de las aspiraciones de la izquierda, los vehículos de alquiler no paran de llenar las carreteras de Mallorca y el número de viviendas destinadas al alquiler turístico sigue creciendo, con el evidente efecto en el precio de los inmuebles y la vida de los residentes.

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