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Diario de Mallorca

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Mohammed Arif huyó de Afganistán tras la llegada de los talibanes: «No queríamos venir a Mallorca porque pensábamos que era una isla salvaje»

Ha encontrado trabajo y buscan una vivienda en la isla

Mohammad Arif y su familia tratan de integrarse en Mallorca tras huir de Afganistán. MANU MIELNIEZUK

Mohammed Arif huyó de Afganistán con su mujer y sus ocho hijos a finales del mes de agosto de 2021 durante los oscuros días en los que los talibanes asaltaron el poder del país asiático. Fue uno de los 1.600 ciudadanos afganos evacuados con la ayuda del Gobierno español. Primero aterrizó con su familia en Madrid y pasadas unas semanas se desplazaron a Valencia, donde cogieron un barco hacia su destino definitivo: Mallorca.

«Cuando nos propusieron venir a Mallorca estábamos asustados porque para nosotros ir a una isla era como ir a África. Nos imaginábamos un lugar salvaje y lleno de animales», relata Arif, de 42 años. Él y el grupo de afganos que iban a ser acogidos en Mallorca pasaron un tiempo en Valencia hasta que se informaron acerca de cómo era el lugar en el que iban a ser acogidos. «Cuando nos informamos, nos tranquilizamos. Ahora me río cuando pienso en ese momento», evoca Arif, que pronto cumplirá un año de aquella aventura.

«Igual que Al Qaeda»

Este afgano pudo ponerse a salvo gracias a que uno de sus hermanos trabajaba en Kabul para el Gobierno español. «Aquellos días había muchos problemas por culpa de los talibanes, que son igual que Al Qaeda. Así que quisimos salir de allí», explica demostrando un buen dominio del castellano pese a llevar poco tiempo en España. «En el aeropuerto de Kabul había tres o cuatro mil personas esperando para salir, como nosotros. Todos teníamos mucho miedo de los talibanes y de que hubiera una explosión, habría muerto mucha gente», subraya.

Finalmente los diez miembros de la familia pudieron embarcar en una avión militar rumbo a Madrid. «Nos sentíamos a salvo, pero nuestro corazón y nuestra alma seguía en Afganistán porque dejábamos a mucha familia atrás», afirma Arif.

Esta familia forma parte del contingente de 33 refugiados afganos que fueron acogidos por el Govern balear, aunque solo la mitad necesitaron integrarse en la red de acogida dispuesta por la conselleria de Asuntos Sociales del Govern balear y por la Cruz Roja. Los diez miembros de esta unidad familiar viven en el albergue que esta entidad gestiona en s’Arenal, junto con otros dos refugiados. En el otro centro que supervisa en Son Rapinya se aloja una familia de cuatro personas.

Arif, que en Kabul era protésico dental, ha encontrado trabajo en una lavandería. Pero el salario, apenas 1.100 euros, no le permite encontrar una o dos viviendas para alojar a su familia y mantenerse por sí mismos. Y menos todavía en una isla en la que los alquileres están disparados. «Busco ayuda para encontrar una vivienda. Tengo un trabajo, pero es muy duro porque hace mucho calor y el sueldo es insuficiente. Pero ya me he dado cuenta de que pagar un alquiler es difícil en Mallorca y en España. Y además te piden un contrato fijo. Ahora mismo es un gran problema que tenemos», expresa con preocupación.

La búsqueda de una vivienda asequible le puede llevar fuera de Mallorca, pero por ahora descarta irse de España. «Los chicos van al colegio, aquí hay buenos profesores y para mí es muy importante que tengan una buena educación. Aquí estamos mejor. Yo ya conozco a gente y empiezo a hablar el idioma, así que nuestra prioridad es quedarnos», incide este refugiado, que valora que «aquí no se distingue entre un extranjero y un español».

Raquel Vázquez de la Cruz, integradora social de la Cruz Roja en el albergue de s’Arenal, celebra la rapidez con la que los refugiados afganos se han adaptado. «Ha sido una integración de diez, todos han aprendido español muy rápido. Se han esforzado mucho por integrarse y por encontrar trabajo. Hemos creado un vínculo muy fuerte con todos ellos», señala.

También pelean por adaptarse los cuatro refugiados afganos que permanecen en el albergue de Son Rapinya, una matrimonio con dos hijas de 17 y 19 años. Llegaron tras un proceso de reagrupación familiar, ya que un miembro de la familia vive en Mallorca desde hace años. «Estamos muy contentos porque se ha estabilizado su situación sanitaria. El padre tenía muchos problemas para conciliar el sueño, se alteraba, se despertaba y no dejaba dormir a otros usuarios. Al principio eran reticentes a salir del centro, ahora salen de manera autónoma, cogen el autobús y van al centro de Palma con normalidad», cuenta Tomeu Miralles, coordinador del albergue.

Las dos hijas tienen perspectivas diferentes. «A la mayor la apuntamos a clases de idiomas. Y a la pequeña la escolarizamos. El objetivo no era que obtuviera un título de la ESO o de bachillerato, sino que se relacionara con iguales y que se desenvolviera de manera autónoma en lo posible», señala Miralles, satisfecho por la «mejora espectacular» que ha protagonizado esta familia.

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