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La narrativa detrás de los crímenes en el mar se lleva la mejor beca de Europa

La investigadora menorquina Marta Puxan Oliva dirige una investigación en la UIB financiada con dos millones de euros a través de una de las ayudas más prestigiosas del continente

La narrativa detrás de los crímenes en el mar se lleva la mejor beca de Europa

La narrativa detrás de los crímenes en el mar se lleva la mejor beca de Europa M. Mielniezuk

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La narrativa detrás de los crímenes en el mar se lleva la mejor beca de Europa Irene R. Aguado

El 10 de enero de 1992, una tormenta sorprendió a un carguero que cruzaba el Pacífico de Hong Kong a Washington. Doce contenedores se precipitaron al mar y desperdigaron 28.800 patitos de goma en el océano. El periodista Donovan Hohn leyó la noticia y decidió plasmar la historia en su libro Moby-Duck, en el que puso de manifiesto el drama medioambiental de los miles de objetos que se tiran al mar cada año. Trece años después, el autor neoyorquino Eric Carle se inspiró en este mismo acontecimiento para escribir Diez patitos de goma, un cuento infantil que describe de forma heroica, entrañable y hasta mitificada la aventura de los juguetes en el mar.

Dos maneras muy diferentes de contar una misma historia. El ejemplo explica por sí solo el proyecto que la menorquina Marta Puxan Oliva dirige en la UIB, merecedora de una de las ayudas a la investigación más competitivas y pretigiosas en Europa, la ERC Consolidator Grant. Es la primera vez que se concede en la universidad balear.

Con un presupuesto de dos millones de euros y en un periodo de cinco años, Marta y su equipo realizarán un análisis global de las narrativas sobre delitos oceánicos. El estudio se divide en dos partes, con un plazo de dos años y medio por cada una; la primera abordará 40 textos fílmicos y literarios, y la segunda serán otros 40 documentos con códigos científicos y legales.

Entre las obras que estudiarán hay títulos como La vida secreta de las palabras de Isabel Coixet o Diatomea de Nuria Perpinyà. También analizarán películas como Deepwater Horizon, Waterworld o El día de mañana, además de leyes sobre océanos e informes científicos, como el que realiza la ONG Oceana sobre la pesca de marisco.

Para ello cuenta con la ayuda de tres postdoctorados: una oceanógrafa, un geógrafo especializado en políticas ecológicas y un experto en criminología verde y derecho internacional, además de otros dos doctorados y una persona que se encarga de la gestión del proyecto.

Todo un equipo interdisciplinar que a lo largo de cinco años (hasta octubre del año 2027, fecha límite para finalizar el proyecto) pondrá el foco en lo que se ha escrito, filmado y documentado en tres ámbitos concretos. El primero, el daño medioambiental que conlleva la explotación de recursos en el mar, como la pesca o la extracción de petróleo. El segundo son las consecuencias de los vertidos tóxicos en los océanos, como las llamadas ‘islas de plástico’. Y el tercer ámbito en el que se enfocará el proyecto son los efectos del cambio climático en el mar.

Ochenta narrativas distintas que hablan de un mismo espacio, el mar. Marta, doctora en Humanidades con una larga trayectoria académica que pasa por universidades como la de Harvard o Barcelona, explica que «la literatura contemporánea es más reivindicativa que nunca con los delitos medioambientales en el océano», mientras que del siglo XIX hacia atrás, «la narrativa es mucho más contemplativa», por lo que dejan entrever autores del Romanticismo como Samuel Taylor Coleridge o Lord Byron.

El objetivo del proyecto, explica la investigadora, es comprender cómo las narrativas, tanto literarias, como fílmicas, legales o científicas, configuran nuestra manera de pensar, incluso aunque a veces sean contradictorias entre sí, al igual que Donovan Hohn y Eric Carle con sus relatos sobre el carguero en el Pacífico.

Es una perspectiva completamente innovadora e incluso arriesgada, asegura Puxan, de abordar una investigación sobre el mar, puesto que no existe ningún estudio interdisciplinar que se le parezca. Marta lo llevará a cabo, además, en el lugar «idóneo»: «En las islas, el mar es parte de nuestra experiencia vital y cotidiana».

Y sobre todo para ella, que todavía recuerda con cariño cuando de pequeña se bañaba en la playa y veía montones de peces, erizos y estrellas. Curioso animal el ser humano, que es capaz de sustituir toda esa riqueza natural por un entrañable océano de patitos de goma.

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