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Memoria Democrática | Objetos que tienen voz y memoria

Una empresa de arqueología de Barcelona clasifica y restaura las pertenencias de represaliados por el franquismo halladas en las fosas de Porreres y Manacor por iniciativa del Govern

Memoria Democrática | Así se clasifican y restauran las pertenencias de represaliados por el franquismo

Memoria Democrática | Así se clasifican y restauran las pertenencias de represaliados por el franquismo Bernardo Arzayus

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Memoria Democrática | Así se clasifican y restauran las pertenencias de represaliados por el franquismo Jaume Bauzà

Los objetos hablan si hay quien sabe escuchar. Hebillas, zapatos, monedas, insignias, botones y enseres personales explican cosas sobre sus propietarios, represaliados por el franquismo y enterrados en fosas comunes. Una iniciativa de la secretaría autonómica de Memoria Democrática del Govern ha dado valor a este material sepultado bajo tierra durante 80 años y recuperado junto con los restos óseos en diversas exhumaciones llevadas a cabo desde 2016. 

Àtics, una empresa de arqueología ubicada en Mataró, en la provincia de Barcelona, ejecuta por encargo de la secretaría autonómica el proyecto de inventariar, contextualizar y restaurar decenas de objetos desenterrados de las fosas comunes de los cementerios de Porreres y Son Coletes, en Manacor. DIARIO de MALLORCA visitó el jueves la sede de la empresa para conocer cómo evolucionan los trabajos. Hay mucho de ciencia en el desempeño de este grupo de expertos, y también de activismo por la recuperación de una memoria enterrada a muchos metros de profundidad. 

«Hacemos hablar a los materiales y nos dan muchas pistas sobre quiénes eran sus propietarios. Tenemos desde hebillas hasta dentaduras postizas que nos orientan sobre quién podría ser aquella persona. U objetos como medallas religiosas que desmienten teorías como que el franquismo solo asesinó a personas anticlericales que quemaban iglesias. En muchos casos eran personas normales, de la calle, que estaban significados políticamente o simplemente fueron víctimas de venganzas personales. Así que nos dan información sobre quiénes eran y también nos permite desmontar algunos mitos», explica Cesc Busquets, arqueólogo y coordinador de este proyecto.

La vida en la cárcel

Las dependencias de Àtics custodian los objetos que utilizaron durante sus últimos días de vida los presos encarcelados en Can Mir y posteriormente ejecutados en el cementerio de Porreres. Junto a sus restos se encontraron una gran variedad de utensilios de la vida cotidiana como una cuchara, un tintero, unos zapatos, monedas, dos pastilleros de Juanola, un protector utilizado por personas que trabajaban en el campo o que sufrían alguna hernia, una maquinilla de afeitar y hasta una prótesis dental. «Ahora tenemos que buscar a una persona que económicamente pudiera permitirse una prótesis», señala Busquets, persuadido de que el análisis riguroso de cada elemento desenterrado puede aportar información muy valiosa de su propietario y de las circunstancias en las que murió. 

«El tintero también habla porque indica que fue de alguien que sabía escribir, algo no tan habitual en aquella época. Y tenemos cartas de presos escritas desde la prisión», destaca Busquets.

En el subsuelo del cementerio de Porreres han aflorado objetos que se asocian a una vida de espera en prisión, y otros como unas esposas que ilustran sobre el contexto en el que se produjeron aquellas muertes. 

Es un trabajo a contrarreloj porque cuando el objeto se desentierra entra en contacto con el oxígeno y se acelera su proceso de degradación. «Hay un intervalo entre que se excava la pieza y se empieza el tratamiento. Es muy importante almacenarlos de manera correcta para que la pieza no sufra», subraya Laura Aymerich, restauradora de bienes arqueológicos. El proceso empieza eliminando la tierra y, según el material del que se trate, se aplican baños químicos hasta dejar el utensilio lo más reconocible posible. 

«Trabajamos sobre diferentes materiales como cuero o metales que incluyen el hierro, cobre o aluminio. Intentamos buscar un equilibrio con las nuevas condiciones medioambientales porque llevaban 80 años enterrados y cuando se desentierran se desequilibran. Estabilizando estas piezas podemos obtener mucha información histórica sobre los propios objetos y las personas asociados a ellos», manifiesta Aymerich. 

Hasta el inicio de este proyecto no se había tenido demasiado en cuenta el valor de los objetos, al menos en comparación con los restos óseos hallados en las mismas fosas y la información que aportan a través del adn. Es un camino que ha empezado a recorrerse y en el que estos expertos ya han aprendido algunas lecciones, como la necesidad de almacenar el material en una nevera para frenar su degradación. 

Trabajo de detective

«El proceso de exhumación de restos humanos tiene un valor sentimental, histórico y sobre todo de recuperación de derechos humanos. La idea siempre es que los restos óseos sean devueltos a sus seres queridos. Y del mismo modo los restos materiales porque también es una cuestión de derechos humanos. Esos objetos asociados a las víctimas nos hablan de ellas, de su vida cotidiana y de su estatus antes de ser asesinadas. A partir de esos materiales reconstruimos su historia. Los restauramos y se los devolvemos a sus familias en las mejores condiciones posibles», indica Jordi Ramos, arqueólogo de Àtics. 

«Es un trabajo de detective, la arqueología tiene ese componente. Analizamos todo el pasado, también el más reciente», añade Ramos, experto en materiales y capaz de rastrear el origen y la antigüedad de muchos de los utensilios encontrados. 

La restauración de las piezas empezó el pasado mes de mayo y previsiblemente terminará a finales de este año. De momento se limita a objetos encontrados en las fosas de los cementerios de Porreres en 2016 y Manacor, pero la idea es ampliar su alcance a material ya desenterrado en otros enclaves de la isla y al que pueda encontrarse en la cuarta fase del plan de fosas del Govern, que se presentará esta próxima semana. 

Una vez restaurados y reconocibles —en la medida de lo posible teniendo en cuenta que han permanecido enterrados durante 80 años— se devolverán a los familiares de las víctimas con las que estén asociados. En caso de que no pueda establecerse una conexión, o de que las familias declinen guardarlos, estas pertenencias se exhibirán en un Museo de la Memoria que el Govern tiene en proyecto. 

Tiro de gracia

Todos los objetos se inventarían y se asocian con el individuo junto al que fueron desenterrados. Y una parte del material recuperado son balas y casquillos. «Todo lo que hemos visto son 9 milímetros, lo que indica que fueron ejecutados con pistola. El fusil es un arma más defensiva, pensada para disparar y herir a un enemigo, no tanto matarlo. En el caso de estas víctimas murieron por un tiro de gracia y no por parte de un pelotón de fusilamiento», explica Ramos. «Además, un pelotón implica la participación de militares, y a su vez el dictamen de un juez. En cambio el tiro de gracia es más rápido y fácil, propio de paramilitares de Falange», añade. 

En otra dependencia de Àtics aparecen objetos encontrados en el cementerio manacorí de Son Coletes. Unos zapatos de hombre y de mujer pertenecientes a represaliados enterrados allí que ya han sido identificados son algunos de los primeros objetos restaurados en el marco de este proyecto. Memoria Democrática prevé informar en breve a los familiares y devolverles esas pertenencias si así lo desean.

Asimismo, asociada a una de estas víctimas también ha aflorado una venda con restos de sangre, lo que indicaría que estaba herida antes de ser ejecutada. 

En las diversas fases de excavaciones que han tenido lugar en el cementerio de Manacor han sido desenterrados restos óseos de víctimas civiles y también de militares y milicianos, muchos de ellos catalanes, que participaron en la expedición republicana comandada por el capitán Bayo en 1936 que desembarcó en la costa del Llevant de Mallorca. 

Junto con los zapatos de las víctimas ya identificadas, el equipo de Àtics tiene sobre la mesa un buen número de elementos de la vida cotidiana, como una cigarrera, y otros propios de uniformes militares como botones, hebillas y cremalleras. Pero quizás «la gran pieza rara», en palabras de Busquets, es una moneda de bronce de tres kopeks de la Unión Soviética. «Probablemente su dueño era un militar profesional porque llevaba una guerrera que ya era reglamentaria antes del estallido de la Guerra Civil. Que llevara esa moneda significa que pudo ser un comisario político del Partido Comunista. A Mallorca venía mucha gente con rango militar», explica Ramos. 

La labor detectivesca de este equipo de profesionales continuará a lo largo de los próximos meses en los que seguirán escuchando lo que tienen que decir esos objetos, de los últimos días de sus propietarios y de cómo y dónde fueron asesinados. Esperan más objetos ya desenterrados, como la llave que llevaba encima una víctima hallada en Son Coletes el año pasado, y otros que todavía permanecen sepultados a la espera de que alguien escuche. 

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