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Diario de Mallorca

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Informe sobre cambio climático

Los gases de efecto invernadero se disparan en Mallorca con el regreso del turismo masivo

El 62% de las emisiones proviene de la movilidad y el transporte. La actividad turística supone un impacto de 3,59 toneladas más de dióxido de carbono por habitante

Operación llegada en el aeropuerto de Palma. ENRIQUE CALVO

 Atascos en las carreteras, 75.000 coches de alquiler, un vuelo por minuto, cruceros, yates, barcos de mercancías hasta los topes. Mallorca dice «hola» de nuevo al turismo masivo y con él al aumento de la huella de carbono. En el primer año de la pandemia -2020-, con los desplazamientos restringidos y sin turistas (por tanto, con la economía a medio gas), las emisiones de CO2 por habitante en Balears se redujeron hasta las 6,14 toneladas (5,69 en Mallorca), cifras bajas para la comunidad pero que aún superaban las que registraron por habitante en 2019 (año prepandémico) países de la UE como Reino Unido (5,37), Francia (4,88), Italia (5,62), Portugal (4,60) o Suecia (4,44). Este 2022 la maquinaria está a pleno rendimiento con el fin de recuperar los años de parón por la covid y apunta a récord, no sólo de turistas y desplazamientos, sino también de emisiones de gases de efecto invernadero. Es posible que se igualen o incluso se superen las cifras de 2019, cuando las emisiones fueron de 9,89 toneladas per cápita en el archipiélago (9,28 en Mallorca). Una cifra preocupante si se compara con los datos por habitante de países de nuestro entorno porque excede a la mayor parte de estados miembro de la UE. Por ejemplo, en ese mismo año, Alemania emitió per cápita 8,52 toneladas, 1,37 menos que Balears. Sólo superaron a las islas Estonia (12,44) y Luxemburgo (16,15). Si se comparan las toneladas de CO2 per cápita generadas en 2019, año de récord turístico, y 2020, cuando en marzo se declaró la pandemia, y se aplica una resta, se concluye que 3,59 se producen directa o indirectamente por el turismo. 

Dado que la actividad turística es sinónimo de movilidad, gran parte de la contribución de ésta al cambio climático viene determinada por el transporte. Éste supone el 62% del total de emisiones de gases de efecto invernadero en Mallorca. «También cuenta mucho el hecho de que aquí haya casi un vehículo por habitante», alerta el investigador Ivan Murray. Circunstancia directamente relacionada con la infradotación histórica que ha padecido el transporte público. En números absolutos, el transporte por carretera emitió hace tres años 2.107 kilotoneladas de CO2. El 70% de estas emisiones fueron de vehículos privados. En este punto, es posible que este 2022 se reduzcan un poco las emisiones ya que 50.000 coches de alquiler han dejado de estar disponibles en el archipiélago. Sin embargo, la posible rebaja de estos vehículos y por extensión de sus gases se recuperará previsiblemente por una mayor llegada y aterrizaje de aviones, al menos en Mallorca. Las aerolíneas europeas han programado un 10,6% más de asientos respecto a 2019.

En cuanto al resto de datos de emisiones contaminantes (consultables en la web de la CAIB), el transporte marítimo es también altamente contaminante, con datos de CO2 similares al terrestre, pero con números más elevados en otras sustancias dañinas para la salud. Para Murray, «en teoría el que contamina más es el aéreo, el problema está en cómo se contabiliza», advierte. «El transporte internacional es complicado registrarlo, en los acuerdos de París y de Glasgow siempre ha habido disputas y presiones. En principio, el criterio que se utiliza es el de la territorialidad». ¿Y qué implica? «Pues que los aviones, mientras vuelan entre un sitio y otro, ¡ningún país se los computa!», exclama. «Sólo se cuenta cuando aterrizan, están en pista y despegan». «Es un truco poco conocido porque la industria aérea necesita invisibilidad climática», subraya el también investigador Joan Buades.

Recibimiento al primer vuelo Nueva York-Palma el pasado 3 de junio. MANU MIELNIEZUK

Cada pasajero de la línea Nueva York-Palma emite lo que generarían seis etíopes al año

Sólo para hacerse una idea y como ejemplo ligado a la actualidad, Buades expone unos datos extraídos de una aplicación creada por expertos alemanes llamada Atmosfair que funciona como una calculadora de compensación de emisiones y que es aplicable a los aviones. Esta herramienta arroja una serie de cifras sobre el vuelo Nueva York-Palma, aquel que fue recibido y agasajado el pasado día 3 por autoridades como la presidenta del Consell Catalina Cladera, el conseller insular de Turismo Andreu Serra o el alcalde de Palma José Hila. «Ese vuelo con algo más de 200 pasajeros genera por cada una de las personas que viajan en él tres toneladas de CO2. Lo que supone que un solo vuelo NY-Palma de ida y vuelta emite por pasajero lo que generarían seis etíopes al año», revela. El investigador pone otro ejemplo para que se entienda el gran impacto que tiene el transporte aéreo y en concreto ese vuelo recibido en Son Sant Joan cual señor Marshall en la célebre película de Berlanga. «Un coche de gama media que hace al año unos 12.000 kilómetros emite dos toneladas de CO2, una menos que la que produce cada pasajero de ese vuelo. Creo que había pocas cosas que celebrar el día de su llegada».

En la actualidad, el presupuesto de carbono para que la temperatura no aumente un grado y medio en el planeta está en 1,5 toneladas anuales de CO2 por persona (Balears en año prepandémico alcanzó las 9,89 y este 2022 estará en cifras similares). Únicamente el vuelo de ida y vuelta analizado por Buades (genera tres toneladas por pasajero) dobla esas emisiones recomendadas. «Las islas están entre cinco y seis veces por encima de las emisiones que tocaría para que la próxima generación pudiera respirar tranquila», advierte. «Alemania ahora vuelve al carbón por la guerra de Ucrania mientras que África no tiene trigo para hacer harina porque no puede cultivar y el sur de Europa se está saharizando», alerta. Las dos olas de calor recientes son buena muestra.

Media de vehículos al día en las carreteras. Fuente: Consell de Mallorca / DM

Relocalizar la producción

Para Murray urge incidir sobre el uso del coche individual, pero también piensa que sería muy necesario relocalizar parte de la producción (el 85% de los alimentos consumidos en Mallorca entra diariamente por los puertos), «lo cual reduciría las emisiones del transporte, sobre todo marítimo». Sólo en 2020, año pandémico, pasaron por los puertos 12 millones de mercancías, un 24% menos que en 2019. «A veces ponemos mucho énfasis en los cruceros y no nos fijamos en el otro transporte por mar y lo que implica», comenta. «En las islas, cualquier estrategia de lucha contra el cambio climático debe suponer una auténtica revolución de la movilidad, lo que implica poner recursos en el transporte público», sostiene. «En el transporte aéreo ahora mismo es muy difícil establecer esas políticas porque de momento no hay una solución tecnológica y no se la espera, así que el tema pasaría por limitar y reducir los vuelos. Así, las dos políticas medioambientales más importantes en Balears serían reducir el turismo, y me refiero a restricciones duras, y relocalizar muchas actividades productivas», considera. «Se precisarían actuaciones muy valientes que supondrían tensiones con los grupos de poder y también muchos recursos. Y aquí las políticas de largo recorrido siempre han sido de pagar pocos impuestos, por lo que esos recursos son escasos». Murray cita otras acciones, como por ejemplo «no gastar ni un euro público en inversiones que respondan a los dioses fáciles del pasado, es decir, ni una sola nueva carretera». También es de la opinión que no deberían financiarse soluciones que afectan a minorías pudientes. «No se pueden subvencionar los coches eléctricos. Acceden a ellos personas que podrían pagarse ese coche sin ninguna ayuda. Es lo mismo que pagar los paneles solares a quienes se han comprado un chalé», señala. «Es decir, las políticas medioambientales deben tener una mirada más de clase y no provocar más exclusión. Al final podrían ser un detonante más del reaccionarismo de la extrema derecha si no se aplican bien». 

Para el director general de Energía y Cambio Climático, Pep Malagrava, se puede incidir mucho en el uso del vehículo privado. «El eléctrico es cero emisiones: ya se han comprado autobuses eléctricos, hay cinco que irán con hidrógeno en Palma. Debe haber una conversión hacia cero emisiones». También es una buena medida que se incrementen las frecuencias de tren, «tal y como se ha hecho», y también está de acuerdo con que se vuelva a poner sobre la mesa el proyecto del Tren de Llevant con los nuevos estudios que encargará el Govern. «Tenemos un déficit histórico de transporte público que no se arregla en siete años. Hacer un tren es complicado y precisa de mucha tramitación». Malagrava explica que también se trabaja con los consistorios en la creación de zonas de bajas emisiones antes de 2023. También cree que habrá que limitar los coches de alquiler como en Formentera o habilitar ayudas para implementar empresas de vehículos compartidos. «Eléctricamente, también hay que acelerar el cambio a renovables. En 2023 alcanzaremos el 25%, llevamos años de retraso».

Desde Movilidad del Consell celebran que la reducción de velocidad a 80 en la Vía de Cintura haya disminuido las emisiones. Para rebajarlas, apuestan por más proyectos de carril bici, un plan de aparcamientos de intercambio modal, las restricciones de tráfico en Formentor o el proyecto de carril bus-VAO o carril para vehículos de alta ocupación en la Ma-19 en dirección a Palma. Se implementará después del verano. 

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