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Diario de Mallorca

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El difícil despegue de las viviendas colaborativas

Las cooperativas sufren para poner el primer ladrillo en Mallorca lastradas por la inflación, la falta de suelo asequible y el desconocimiento de un modelo que propone edificar en comunidad

Plegats. Esta cooperativa ‘senior’ cuenta con diez socios -unidades de convivencia- y busca otros diez para las veinte viviendas que planea levantar. Valoran adquirir un solar en Porreres o en Inca, pero como consecuencia de la subida de los precios tendrán que volver a hacer números. PLEGATS

Las vivienda colaborativa no despega en Mallorca, lastrada por el precio y la escasez de solares, la dificultad de encontrar financiación, la pandemia y últimamente el encarecimiento de unos precios que han obligado a los cooperativistas a hacer revisiones al alza. Sigue siendo asimismo una alternativa desconocida en la isla pese a que hay vida más allá de comprar y alquilar.

«Queremos construir un edificio de unas veinte viviendas con dos habitaciones. Habrá zonas comunes como un comedor, una a coladuría, una sala multiusos, un jardín y, si nos da, unos trasteros. Claro, tiene que ser un edificio sostenible y que ahorre energía», explica Pedro Rodríguez, de Plegats. Es una cooperativa senior. Es decir, se dirige a personas de entre 50 y 70 años. Une el concepto de colaboración mutua para construir un edificio para residir —no para especular— con la idea de retirarse en compañía.

A día de hoy forman Plegats diez unidades de convivencia —parejas o personas individuales que ocuparán una vivienda— y buscan otras diez. Y buscan solar. «Tenemos vistas dos opciones en Inca y en Porreres que tienen buena pinta, pero tenemos que valorar el precio», afirma Rodríguez, que la actual inflación les obliga a recalcular al alza la cantidad que cada cooperativista —o unidad de convivencia— tendría que aportar para hacer viable el proyecto. «En 2019 nos movíamos en una horquilla de 150.000 o 200.000 metros, pero ahora no nos atrevemos a hacer una estimación», subraya.

Es Llindar. Van a la búsqueda de socios cooperativistas de un solar o un edificio para reformar integralmente. Es Llindar

Prescindir de intermediarios

Construir en cooperativa implica que cada socio hace una aportación económica para levantar un edificio y tener una vivienda en cesión de uso. El propietario del inmueble es la cooperativa, las decisiones se toman en común y se prescinde de intermediarios. Una buena idea difícil de llevar a la práctica, al menos en Mallorca. «Buscamos solares o edificios para rehabilitar como hoteles o casas rurales. Pero es muy complicado encontrar suelo urbanizable en el que te dejen construir veinte viviendas con espacios comunes y privados», afirma Carme Estivill, de Es Llindar.

Esta cooperativa, también senior, nació después de la disolución de KaNostra, una agrupación con seis años de trayectoria que desapareció porque los socios tenían diferentes modelos de vivienda colaborativa en mente. Una parte fundó Es Llindar y otra parte Casal Mallorca.

Estivill da fe de lo arduo que es el camino. «Buscamos cooperativistas y solar. Si alguien tiene unos terrenos y no sabe bien qué hacer con ellos a lo mejor le convence más este modelo de cesión de uso que el modelo tradicional de residencia», señala, y anima a los interesados a escribirles un correo electrónico [esllindar.projectecooperatiu@gmail.com].

«En un modelo de vivienda colaborativa autogestionas tu vida en convivencia con otros. El socio cooperativista no es el propietario de la vivienda, paga por la cesión de uso de esa vivienda. La cooperativa es propietaria del edificio y por tanto no hay espacio para la especulación», indica Estivill. «La gente toma decisiones en asambleas sobre cómo quiere vivir. Y es muy importante el tema de la ayuda mutua y la dependencia», subraya sobre la filosofía que rige en las cooperativas senior: construir y envejecer juntos, lo que también implica cuidados y atención a la dependencia.

En Es Llindar piensan en un proyecto de vida en un entorno rural. «La aportación inicial dependerá del coste del solar y del punto del que partamos. Dicen que rehabilitar es más caro que construir algo nuevo, más aún con esta inflación que tenemos ahora. A partir de una cantidad inicial que debe servir para pagar el solar, y que se devuelve si dejas la cooperativa, proponemos una cesión de uso», explica Estivill.

Miquel Àngel Cloquell, arquitecto técnico y partícipe del movimiento de vivienda cooperativa, asume el reto que supone plantearse esta alternativa habitacional. «Parece más viable que una cooperativa senior pueda hacer veinte viviendas porque en teoría pueden asumir más riesgos a nivel económico. En cambio es más factible que una cooperativa intergeneracional se plantee un proyecto de cuatro o seis viviendas. Uno de los problemas es que en Mallorca no tenemos un banco ético que pueda financiar veinte viviendas», señala este experto.

La Balanguera. Cuentan con un solar en Santa Maria adjudicado gracias al programa Cohabita, pero la subida de los precios les han obligado a rehacer los números y buscar financiación para levantar el edificio. Manu Mielniezuk

«Falta de apoyo y promoción»

En todo caso, la unión entre los proyectos existentes hace la fuerza. «Estos últimos meses se ha creado un grupo de trabajo de vivienda cooperativa en cesión de uso llamado Reas Habitatge Illes Balears. Para solventar dudas y plantear una serie de reivindicaciones ante las administraciones. Mi impresión es que tienen otras prioridades y están obviando el modelo de vivienda cooperativa», señala.

El IBAVI lanzó en 2018 Cohabita, un programa que pretendía allanar el camino a los interesados en este modelo cediendo un solar y el proyecto arquitectónico. Cuatro años después sobreviven dos cooperativas, pero una está en proceso de disolución. «Éramos 14 y necesitábamos ser 23, pero el número de socios se fue reduciendo. Los que quedan van buscando otras alternativas, hay pocas ganas de seguir luchando por el proyecto», lamenta Laura López, de Junts Llucmajor. «Teníamos el proyecto arquitectónico y el solar. Pero nos pilló la pandemia por en medio y los bancos te pedían muchos avales», señala López, que reprocha al IBAVI «la falta de apoyo y promoción» al programa.

De los proyectos impulsados por Cohabita solo sigue en la lucha La Balanguera, en Santa Maria, pero no despega. «Daré un año más para empezar la obra, no puedo estar en un proyecto en el que pasa tanto tiempo y no acaba de arrancar. Parece que ya no es una prioridad para la administración. Tenemos previsto reunirnos con el IBAVI y el ayuntamiento de Santa Maria, pero da la sensación de que ellos tienen muchos proyectos y nosotros somos uno más», explica Mateu Sureda.

La inflación también ha frenado a La Balanguera. «Los números han cambiado desde que empezamos y tenemos que rehacerlos. Por poner un ejemplo, si el metro nos salía a cien, ahora nos sale 120 por el encarecimiento de los materiales. Además hemos tenido que modificar el proyecto porque según una nueva normativa del Ayuntamiento cada vivienda tiene que contar con un aparcamiento. Todo eso nos ha frenado un poco y tenemos que volver a buscar financiación», explica Sureda.

A día de hoy La Balanguera, con diecinueve socios, es la única cooperativa intergeneracional que sigue en pie en Mallorca.

Esta cooperativa ‘senior’ cuenta con diez socios —unidades de convivencia— y busca otros diez para las veinte viviendas que planea levantar. Valoran adquirir un solar en Porreres o en Inca, pero como consecuencia de la subida de los precios tendrán que volver a hacer números.

Van a la búsqueda de socios cooperativistas de un solar o un edificio para reformar integralmente. Su proyecto pasa por residir en un entorno rural, en un inmueble sostenible que incluya un huerto y espacios comunes. La idea es vivir y convivir, acompañarse e integrarse en la localidad en la que se establezcan.

Cuentan con un solar en Santa Maria adjudicado gracias al programa Cohabita, pero la subida de los precios les han obligado a rehacer los números y buscar financiación para levantar el edificio.

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