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Diario de Mallorca

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Una mujer denuncia que su expareja la vigilaba con un programa espía

La fiscalía solicita una condena de 23 años de prisión por agresión sexual y otros delitos

El acusado fue juzgado ayer en la Audiencia de Palma. J.F.M.

Un individuo de nacionalidad marroquí, en situación irregular en España, condenado por malos tratos contra su pareja, fue juzgado ayer en la Audiencia de Palma, acusado de graves delitos cometidos sobre esta mujer. El hombre mantuvo una corta relación sentimental con esta mujer, pero en ningún momento aceptó la ruptura, hasta el extremo de que llegó a instalarle un programa espía en su teléfono, para tenerla en todo momento controlada y para descubrir si mantenía conversaciones con otros hombres.

La fiscalía reclama una larga condena de 23 años de prisión, porque le imputa delitos como maltrato, amenazas, acoso y descubrimiento de secretos. Pero el delito más grave por el que está acusado es el de agresión sexual, ya que, según la fiscalía, obligó a la mujer a que le realizara una felación, en contra de la voluntad de la víctima. La acusación sostiene que contra este acusado se debe aplicar una agravante de discriminación por razón de género.

La relación de pareja terminó tras una pela, en la que la mujer fue golpeada. El hombre fue condenado y además se le impuso una orden de alejamiento, que incumplió porque solía controlar a la víctima en su centro de trabajo. Fue allí donde le cogió el teléfono móvil y le instaló este programa que le permitía controlar sus movimientos.

El individuo, que está en prisión preventiva, negó todas las acusaciones, aunque solo quiso contestar a su abogado.

En cambio, la mujer fue muy explícita cuando contó que su expareja la estuvo controlando de una forma muy intensa durante el tiempo que estuvo saliendo con él. «Decidía cada uno de los pasos que tenía que dar, hasta incluso el color de mi teléfono móvil, porque estaba obsesionado en controlar todos mis movimientos».

Según la mujer, era tal la obsesión del acusado para que no tuviera ni la más mínima relación con otros hombres, que incluso les exigía a sus compañeros de trabajo que le mostraran sus teléfonos móviles para comprobar si habían intercambiado mensajes con ella.

La mujer, sin embargo, reconoció que en alguna ocasión ella misma incumplió la orden de alejamiento, al acercarse al domicilio donde su expareja vivía con un amigo.

Una amiga de la víctima contó que ella había visto el acoso que sufrió la mujer y que le recomendó muchas veces que denunciara al acusado. Contó que en una ocasión le escupió cuando ella iba en un coche.

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