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Diario de Mallorca

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Día Internacional del Refugiado

Se desploman en Mallorca los donativos de dinero y alimentos para los refugiados ucranianos

Tras la primera ola solidaria, la ayuda se enfría en Mallorca: desplazados por la guerra hacen cola en Son Rapinya para recoger alimentos en la asociación Amar Ucraïna, que alerta de situaciones de gran vulnerabilidad

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Refugiados ucranianos en la asociación Amar Ucraïna B. Ramon

Todos los viernes se entregan alimentos en la sede de la asociación Amar Ucranïa, un local cedido por la asociación Son Quint-Parc Natural de Ponent que está ubicado en Son Rapinya. El último atendieron en torno a 90 familias, algunas se quedaron sin lote de alimentos porque los recursos de agotaron. Es una estampa que viene repitiéndose en los últimos meses y que se recrudece. «Por suerte, a algunas de ellas pudimos ayudarles la semana pasada», explica algo aliviada una de las fundadoras, Anastasia Kvach. «Las donaciones han caído en picado. Una vez pasó la primera ola de solidaridad los donativos han ido decayendo y cada vez hay situaciones más complicadas y de vulnerabilidad, sobre todo cuando se trata de mujeres solas con niños», relata. «Hay semanas que temo que casi no podremos donar nada. En general, se trata sobre todo de donaciones de entidades», refiere. 

Para recibir ayuda de la asociación basta con registrarse en la entrada, donde atiende la tía de Anastasia, Natalia. «Ya tenemos 427 personas inscritas y cada viernes la lista crece», asegura. Solo en una hora y media el pasado viernes se apuntaron cuatro. «Cada vez somos más, lo que significa que las necesidades van en aumento. Y la situación económica se está agravando. Basta ver la inflación y los precios. Además, Mallorca es cara, es muy difícil costearse una vivienda, pagar la comida, las facturas. Y cuando la gente encuentra un trabajo los sueldos son muy precarios», sostiene. Por otra parte, lamenta que el foco ya no esté sobre los desplazados de la guerra. «Parece que la gente se ha olvidado, pero la guerra en Ucrania continúa y sigue llegando gente a la isla. La semana pasada, por ejemplo, aterrizaron diez familias nuevas y esta semana una», enumera. «No paramos de recibir solicitudes de ayuda, somos la referencia para muchas familias ucranianas en muchos aspectos: medios materiales, pero también psicológicos. Las mujeres vienen aquí a encontrarse, a hablar entre ellas y hacer actividades juntas. Me molesta que haya asociaciones o entidades que se cuelguen las medallas sin apenas hacer nada», opina tajante.

Anastasia conoce a gran parte de los refugiados que acuden por auxilio al local de Son Quint, que sólo cierra los miércoles y los fines de semana. «Llega aquí gente que no ha entrado en los programas de ayuda y acogida de los canales oficiales y habituales», indica. «También sé de algunas personas que han regresado a Ucrania porque no han podido mantenerse o que se han desplazado a otras zonas de la península donde la vida es más asequible».

En el local también tienen una lista de personas que buscan trabajo. «Ahora tenemos apuntadas unas 29, el problema lo tienen principalmente aquellas personas que viven en pueblos que están mal comunicados con transporte público. Piensa que no conducen y no hablan el idioma. Es el caso de Yuri Gordienko, que reside en Lloret. «Ahora regresará a Ucrania a sacar a niños de orfanatos. Por su labor le dieron la medalla de honor de su ciudad. Viene aquí a buscar comida, son muchos en su casa: su mujer, tres hijos y dos niñas de acogida». 

Anastasia está un poco nerviosa y a días desbordada. «Con el dinero de las donaciones compramos el producto fresco y el Banco de Alimentos nos ha donado cosas también, pero nos hacen falta más productos alimentarios, pañales, cosas para niños pequeños y ropa de verano», asegura. 

Para la fundadora de Amar Ucraïna las mujeres ucranianas están soportando un gran peso. «Creo que psicológicamente no se les está ayudando suficientemente. Tienen a maridos en el frente, a veces vienen llorando aquí porque no han tenido noticias de ellos en días. Además, el problema que tienen para el tema del trabajo son los niños. No tienen dinero para las guarderías. Lo que están haciendo es que se juntan varias y una de ellas renuncia a trabajar para cuidar a los niños de todas mientras las otras traen un sueldo», subraya. 

«También sabemos que algunas familias de acogida de aquí no quieren empadronar a los refugiados en sus casas supongo que por miedo. Sin ese empadronamiento no pueden tener la tarjeta del bus ni la sanitaria, solo pueden ir a urgencias, y tampoco tienen la posibilidad de escolarizar a los niños», comenta. «Y también sabemos de familias que ya no están pudiendo acoger en sus casas a los ucranianos, por eso hemos mantenido   reuniones con las instituciones. Hemos solicitado que se habiliten centros de acogida», agrega. En este sentido, el Govern tampoco ha hecho efectivas todavía las ayudas y desgravaciones fiscales que planteó como posibilidad para las familias de acogida. «Una mujer ucraniana que vivía con un familiar ya no se puede quedar más con él y está tratando de reunir recursos para regresar. Luego conozco a otras dos mujeres mayores que igual: no encuentran dónde vivir y van de casa en casa de conocidos por las noches. Fueron a las instituciones pero no las pudieron ayudar», protesta. «Un día recibí la llamada de una voluntaria de otra entidad para saber si yo podía acoger a una madre con un hijo con discapacidad. Lo hice, ayudé». Anastasia se vuelca con los más vulnerables. «El próximo día 27 está previsto que Olga tenga su bebé en el hospital. Está sola, vive con una familia de acogida en Calvià. Le hemos llevado una cuna, pañales, una bañerita para el bebé. Vamos a ayudarla en lo que podamos», concluye.

Las claves:

-Mujeres solas con niños

Las dificultades de trabajar sin poder dejar a los hijos con otro adulto que los cuide

«Al final, algunas mujeres se están organizando de tal manera que trabajan varias mientras una se queda cuidando a los niños. Pierden un sueldo, pero es que no pueden pagarse las guarderías».

-Sin empadronamiento

Pérdida de derechos: sin tarjeta del bus y sanitaria y sin derecho a escolarización

Anastasia Kvach asegura que algunos ucranianos que atienden no están empadronados. «Algunas familias de acogida no quieren empadronarlos en sus casas por miedo supongo. Esto supone no poder escolarizar a los niños». 

-Sin techo estable

«Hay algunas familias que ya no pueden acoger por más tiempo a los refugiados en sus casas»

«Sabemos que hay algunas familias que ya no pueden acoger a los refugiados en sus casas, por eso pedimos a las instituciones que habiliten más centros de acogida. Conozco a dos mujeres mayores que van de casa en casa».

-Vuelta a ucrania o a la península

Por la imposibilidad de mantenerse en Mallorca «por los  precios tan elevados»

Según la fundadora de la asociación, «hay ucranianos que han tenido que volver porque aquí no podían mantenerse mínimamente. Otros también se han desplazado a la península, a zonas donde la vida no es tan cara».

-Hoteleros

Están contratando a mujeres ucranianas para hacer la temporada de verano

El arquitecto Claudio Hernández es voluntario de la asociación y su mediación ha facilitado que varios hoteles contraten a refugiadas ucranianas. «Hoy enviaremos 14 currículums a otra compañía hotelera que nos ha contactado».

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